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Pijerío y estrecheces o golf de caballeros: a veces sois como niños

En "El Caso de Josemi contra Ramón" los autores no se ponen de acuerdo si estamos ante un desprecio palmario de las normas de etiqueta o una diversión entre amigos pretextando un encuentro de golf.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Aquellos dos amigos tenían una rivalidad irredenta. Nunca le perdonaría José Miguel L. a Ramón G. que bailara un zapateado. Un zapateado seguido de un hip-hop y culminado con un pericote asturiano. No, no es que Josemi L. fuera enemigo de la danza. Lo que llenaba de coraje al vasco es  que el asturiano realizase esos pases en medio del green del Hoyo 18, celebrando una victoria y antes de que el propio Josemi  L. diera su último golpe de putt para acabar.

La pugna venía de lejos. Ambos veteranos se habían enfrentado amistosamente en el campo del golf muchas veces. Unas veces solos, otras en competiciones por parejas. Y nunca había pasado nada.

Pero la más bella del Club, mi prima Margarita nos tiene retratados con un frase que es un eslogan de tres palabras. “Sois como niños”. Y, hasta cierto punto, tiene razón. No sé si en su club pasa entre los varones que haya apuestas absurdas y retos propios de Alicia en el País de las Maravillas.

Y digo lo de caballeros, porque entre las damas el juego suele transcurrir por caminos de más consolidado sentido común y sentido de las reglas: juegan con una seriedad que otros llaman madurez.

Ahí sí que hay un buen título para un libro o para una tesis de psicología: “Porque las mujeres se toman en serio un juego y los hombres a broma las cosas profundas como el golf”. Sí, como título un poco largo, lo reconozco; es algo más largo que aquel de “Los hombres que no amaban a las mujeres”.

Pero el asunto tampoco es fácil despacharlo en dos páginas.
Por ejemplo, conozco mujeres jugando entre ellas que están en el campo seis horas largas a base de aplicar a rajatablas en un pachanga la regla de que tira primero la jugadora que esté más lejos del hoyo. De hecho hay una que lleva en el bolsillo de la falda un centímetro de costura para medir a la micra qué compañera competidora tiene el turno: ¡un insufrible horror! Eso elimina emoción y diversión.

Sin embargo los caballeros son capaces de revestirse de pundonor por una cerveza apostada o por una simple caja de bolas de golf. He oído comentar que hasta en algún campo se aplaude el fallo del compañero competidor. Y es que parece que hay jugadores que faltaron al colegio el día de Clase de Fairplay.

En “El Caso de Josemi contra Ramón” los autores no se ponen de acuerdo si estamos ante un desprecio palmario de las normas de etiqueta o una diversión entre amigos pretextando un encuentro de golf.

Hay una tercera vía (sí, aquí también tenemos tercera vía) según la cual se trata de un nuevo entretenimiento deportivo consistente en haber quien provoca la mayor tensión o la frustración más  profunda en el contrario bajo ciertas reglas que se parecen al golf.

La capacidad de inventiva humana da para que haya federaciones deportivas y asociaciones lúdicas de lo más variadas: desde la federación de boxeo submarino a la Asociación de Amigos de la Princesa Cenicienta. Por eso nada de insólito ha de parecernos el que surja una Federación de Amigos del Golf Cachondo.

Ciertamente cuando uno ve ciertas expansiones de jolgorio y despiporre en el formal recinto de un campo de golf, la primera reacción es llamar la atención del Marshall del campo para que acompañe a los desahogados protagonistas a la casilla de salida, pero mirando para la calle.

Sin embargo, se puede, bajo determinadas circunstancias, poner un filtro ante los ojos y ver la realidad de otro color, el color azul-diversión o rojo-vamos-a-pasar-un-gran-día.

Es bajo este prisma como ha de verse “El Caso de Josemi contra Ramón”. Y entonces se entiende las provocaciones de Josemi L. en el tee de salida (“Ramón, voy a decirte una cosa: esto lo tienes más perdido que el barco del arroz”); y se comprende la socarronería de pescador de Ramón G. que se ríe (“Guajete, tas topau: me invitarás a una sidriña en el hoyu dieciechu”).

Y así empezaron a jugar yendo prácticamente empatados hasta el hoyo 17, intercambiando frases de cortesía después de cada golpe.
.- Chupate esa… “Asturias patria querida”.
.-  Pues mira mi golpe sinsorgo.
.- Jajaja no metes ese putt de un metru ni al arcoíris.
.- Te voy a decir una cosa, espabilao, lo meto y te saco dos golpes.
.- Ya  – cantando entre dientes – “Duermete fiu del alama que velo’l to sueñu”.

Total que al terminar el hoyo 17, Josemi va ganando de un golpe y sólo queda el definitivo hoyo 18.

Un juego conservador del vasco lleva la bola de tres golpes a green. Pero le queda un putt relativamente fácil para el par.
Por su parte el asturiano, con evidente riesgo de ir al agua frontal, tira de dos a green y se deja un putt no tan fácil. Tira y mete el putt y se marca los bailes descritos.

Josemi, en medio de la charanga de su compañero patea y también mete el suyo.
.- ¡¡¡Empate, empate!!! – celebra Josemi.
.- Perdiste, guajete: te gané porque tengo menos hándicap que tú, jajajaja: son las reglas.

Y yo me pregunto, ¿ahora sí las reglas y Saint Andrews?
Sois como niños.
 

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