fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
En la cabeza de clasificación un imponente
Thomas Björn estaba cinco golpes por encima de su más inmediato perseguidor y compañero de partido estelar, el inglés
Luke Donald, a seis del irlandés
Shane Lowry, a siete de
Joost Luiten y a ocho del español
Pablo Larrazábal.
Esas eran diferencias muy grandes para un sólo recorrido, que podían magnificarse si uno se ponía a recordar que ese jugador que iba primero, el Gran Danés como se conoce en los ambientes, había hecho seis birdies seguidos en los últimos nueve hoyos jugados en la víspera.
Comentaba estas cosas con mi prima Margarita mientras nos tomábamos el aperitivo después de votar en las Elecciones Europeas.
.- Tú ¿quién creer que ganará? – le pregunté a la más bella de las primas.
.- “Los Populares”: está claro – resumió mi prima Margarita cambiando de conversación con esa habilidad tan irritantemente femenina de posponer el golf ante cualquier cosa.
.- Me refería al BMW PGA que se disputa en Wentworth, querida prima – le dije con un sonrisa antes de llevarme la copa de oloroso a la boca.
.- ¡Ah, el golf!. Hijo, que seguido eres. Pues ganará el popular – sonrío con un indescifrable guiño de esos que le dejan a uno descolocado.
.- No me refiero ni al Partido Popular ni al Socialista ni a los demás partidos, prima – dije algo cortante antes de meterme un par de anchoas en aceite a la boca.
.- Yo tampoco. Cuando digo que en Inglaterra ganará “El Popular” me refiero al más apoyado por el público – precisó mi más bella pariente.
.- Y ¿quién es? Va primero destacado Thomas Björn, pero no creo que se muy popular: cuando falla un putt pone una mirada muy parecida a la de Hannibal antes de hacerse un filetes con los hígados de un detective.
.- Para nada, primo – dijo mi prima. Hizo una pausa, bebió manzanilla y se rió. – Recuerda lo que dejó escrito Emily Dickinson: “A wounded deer leaps the highest”. Así que no apuestes por el favorito…
Me quedé pensando la frase entrecomillada –
el ciervo herido es el que salta más alto – y miré la clasificación provisional. El único herido, que no ciervo, era el norirlandés
Rory McIlroy de cuyos pesares sentimentales dábamos cuenta en el post anterior. El muchacho había comunicado el pasado lunes que rompía con
Caroline Wozniacki cuando ya estaban enviadas las invitaciones de boda. Él mismo dijo que no se esperase de él un buen resultado.
Y aunque había comenzado bien y al tercer día estaba a siete puntos de la cabeza nada podía orientar hacia un éxito. En su partido iba con el Pablo Larrazábal que también le echa coraje y tiraba para arriba del partido. El español terminó en Top 10, empatado en 7ª posición, con un -8: tres bogey en los cuatro primeros hoyos de la segunda vuelta le apartaron finalmente de la carrera por la victoria. Otro español, Rafael Cabrera Bello (-6) se hospedaba en el Top 20, en 16ª plaza empatado.
Todo parecía hecho a medida del danés hasta que él y su compañero de partido Luke Donald arrojaron su renta en el hoyo 6 con un triple bogey cada uno. En las postrimerías del encuentro la cima era un alternarse entre Thomas Björn y Shane Lowry . En algún momento también se unió Luke Donald formando un trío en lo que parecía amenazar con un triple empate.
Pero los errores de ellos coincidieron con los buenos golpes del norirlandés que camina serio y con la cabeza en un mundo propio. ¿Qué paisajes dibujaban su sueños? Probablemente los sueños rotos no pueden evaporarse de la memoria. Ni el corazón dejará que ocurra. Pero existen los sueños por construir y a ellos se abraza el alma herida para no negarse la vida necesaria.
Rory McIlroy se puso al trabajo con dedicación y los buenos golpes aparecieron. Paso a paso llegaban las oportunidades y en la segunda vuelta hizo birdie a los hoyos 10, 12 y 13.
Necesitaba hacerlo también en los dos últimos hoyos para ponerse líder en Casa Club y pasar la presión a los dos partidos que venían detrás. Y lo consiguió. Efectivamente, fue colosal; como si hubiera vuelto aquel norirlandés número 1 del mundo de 2012. Puso concentración, puso inteligencia y técnica con approaches de delicada ejecución y los del partido estelar y Shane Lowry fallaron.
De nuevo la vida vuelve a ser lo que siempre ha sido: impredecible. El golf tiene resultado inimaginables a su comienzo. Quizás por eso seguimos jugando. Quizás por eso seguimos viviendo. Porque las cosas pueden ir mejor si jugamos mejor.