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Este lugar, sede esta semana del BMW PGA Championship, fue durante años la residencia de Ramón Cabrera, general carlista que, tras la segunda derrota de sus ideales dinásticos, recaló en Inglaterra. Allí conoció, trató y enamoró a la joven Marianne Catherine Richards, devota de su causa y de quien había escrito en su diario el viernes 12 de abril de 1850 “me vino a ver el General. Yo admití la oferta de casamiento que me hizo, y espero en Dios, que sólo nos pueda dar la fuerza de la que carece nuestra débil naturaleza humana, que nos sostendrá en la carrera que hemos emprendido”.
Miss Richard, además de romántico candor, tenía una inmensa fortuna lo que siempre ayuda a un general en retirada a sobrellevar su ostracismo. Y ya convertida en
Mrs. Cabrera se llevó a su general español a Wentworth, en donde se hizo una casa en condiciones en una finca que fueron ampliando más allá de toda condición. Ahí se jugará el próximo torneo del Open Tour.
Quien quiera saber más sobre la señorial mansión que hoy alberga tres campos de 18 hoyos y un “Executive 9 holes course” sólo de pares 3, puede leer el hermoso artículo de Conxa Rodríguez en el último número de “Fuera de Serie”: sólo la foto de portada y la de uno de los salones de la mansión, ahora Casa Club, son para enmarcar, un testimonio vivo de cómo deben cuidarse los detalles de un campo y el edificio principal en un lugar para gozar del golf. Absténganse los fogosos vulgarizadores del golf y quienes piensen que “bah, se trata solamente de dar a la bola”.
El golf, como la vida, debería ser un tiempo y un lugar para mejorar en lo deportivo, en el carácter y en las virtudes ciudadanas, lo que suele incluir algunas asignaturas de buen gusto, delicadeza y generosidad a las que no siempre dedicamos, yo tampoco, el tiempo y atención necesarios.
En este Wentworth que fue residencia de Ramón Cabrera, apodado El Tigre del Maestrazgo, competirán un puñado de jugadores españoles: el reciente campeón del Open de España, Miguel Ángel Jiménez con Sergio García, Pablo Larrazábal, Álvaro Quirós, Alejandro Cañizares, Rafael Cabrera Bello, José María Olazábal, Eduardo de la Riva, Jorge Campillo, Adrián Otaegui, Nacho Elvira y Carlos del Moral. Después de los aborígenes británicos, la nuestra es la mayor representación junto con la de Sudáfrica.
Curiosamente España y Sudáfrica también empatan primeros en títulos del calendario 2013-14 del Circuito Europeo, con cinco torneos cada uno. Este año – recodamos: año de Ryder Cup – está en juego algo más que los 4.750.000 de euros de la bolsa.
.- Primo: no seas grosero: ya sabes que en casa, como en Wentworth, no se habla de dinero – me interrumpe esta belleza de prima que es Margarita.
.- Mujer – me justifico –, estos chicos del golf también comen…
.- Tonterías – sentencia alzando enérgica su barbilla – sólo los pobres cuentan sus monedas. Además, en Wentworth comer, comer, lo que es comer no debe ser su mayor distinción.
.- Eso era antes, querida – le respondo yo orgulloso de tener mejores datos que la mas hermosa e informada de mi parentela.
.- ¡Ah¡¿Sí? ¿Y eso? – me pregunta picada por la curiosidad.
.- Desde que lo compró Richard Caring en 2005 lo puso de dulce con una inmejorable cocina y un catering de todos los tenedores – le digo como si tal cosa.
.- ¡Bueno! Si lo tiene “Richard” – me corta con tono de excesiva familiaridad hacia Mr. Caring – estará de primera.
.- ¿Conoces al propietario, prima?
.- Pero, chico, claro que sí: es muy amigo de una amiga. Y tú ¿es que sólo lees Marca y Golf Digest? – iba a protestar un poco molesto porque no había citado al diario As, cuando ella, la más bella, continuó -. Este senior es dueño de lo más. Si en Londres quieres agradar a una it girl no dejes de llevarla a uno de sus restaurantes o lugares de copas. No sé… a Ivy, a Scott o Le Caprice: es ahí donde mejor se está.
.- Prefiero el pescaito frito.
.- Primo zopenco no tienes solución. Tampoco tienes dinero para comprar Wentworth que “Richard” lo ha puesto a la venta, según me ha trasmitido mi banquero.
.- A lo mejor sí – le digo para fastidiar -: ¿cuánto?
.- ¿130 millones de libras? – se ríe mi prima – ¡Anda ya!
Efectivamente no los tengo y si los tuviera no iba a comprar una casa en una campiña donde llueve tanto. A ver si esta semana llueve buen golf en la isla donde nació este deporte.