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WENTWORTH: GOLF A CORAZÓN ABIERTO

Una lágrima sobre el césped, lluvia; el “Gran Danés” Thomas Bjørn lidera el BMW PGA

¿Podrá sobreponerse Rory McIlroy? Necesita una mente sin turbaciones para la casi imposible tarea de acertar a la bola con una herramienta claramente hecha para hacerlo imposible.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Cualquier paseante distinguido de Surrey habría pasado distraídamente sobre aquella gota de líquido transparente que le miraba desde la brizna de hierba. Otro, acaso un amateur del golf, la habría pisado sin miramientos. Un poeta habría cantado los iridiscentes colores que emanaban del liquido y la planta. Un socio de la London Natural History Society se habría inclinado y tomado una muestra para su posterior análisis.
 
De todos ellos, sólo éste último habría podido dar una respuesta científica al fenómeno inexplicable de que a una hora tan tardía como las 13:00 GMT todavía perdurase lo que parecía una gota de rocío sobre la verde hierba del Wentworth Club, cerca del tee del Hoyo 1. ¿Por qué no se había evaporado como el resto de sus hermanas?

¿Constituía el entorno un microclima con índice más bajo de temperatura y más alto en humedad?, o ¿era la brizna un ejemplar de hierba bermuda refractaria a desprenderse de aquel frescor licuado?
 

Nuestro amigo científico, después de estudiar la muestra habría concluido que aquello no era agua ni trasunto de: lo que tenía delante era el resto de un compuesto orgánico de origen animal procedente con toda probabilidad de las glándulas lacrimales de un mamífero. Un análisis posterior más fino y con espectrofotómetro le habría confirmado que el mamífero propietario productor de aquella gota era un bípedo implume perteneciente a la especie Homo sapiens.
A partir de ese punto la investigación habría que dejarla en manos de un poeta o de un escritor de blogs de golf: sólo ellos conocen el fondo del corazón de un jugador y el drama que se cernía aquella mañana en las profundidades de una alma herida antes de iniciar su partido en el BMW PGA Championship.
 
Aquella gota que hervía de dolor sin evaporarse tenía helado su latir porque era una lágrima doliente de McIlroy. Permanecía asida a la hierba, como con un ancla, para no dejar este mundo: era el gemido oculto de un campeón al que la vida se le había roto por la parte que más desgarro produce: el amor de una mujer.
 
A esa hora iba a iniciar su andadura por el fairway Rory McIlroy quien el día anterior había anunciado la ruptura con su prometida, la tenista Caroline Wozniacki, tras un largo noviazgo, no exento de altibajos y temporales separaciones. El joven espíritu del norirlandés estaba devastado y no precisamente en las mejores circunstancias para hacer armonioso el swing y preciso el tiro. Como él mismo había declarado el asunto era grave: “Lo siento mucho, pero no voy a estar centrado aquí”, dijo refiriéndose al prestigioso torneo que se inició este jueves en Wentworth.
 

Algún crítico podría reprocharnos que nos ocupemos de un incidente extradeportivo, como suelen calificar los comentaristas televisivos a los lances de la vida que no ocurren en la cancha de juego. Yo niego la mayor: no es un “incidente”, ni es extradeportivo. Calificar de incidente una ruptura de una joven pareja de deportistas de élite, uno de ellos estrella del golf mundial es, salvadas las distancias, como calificar de accidente una atentado terrorista. Una ruptura traumática cuando ya se han enviado las invitaciones, elegido la corbata y encargado las perdices no es un asunto menor para un caballero.
 
Por otro lado, el golf requiere que el conjunto de avatares, estrellas, satélites y planetas que orbitan en el espacio del jugador observen cuidadosa y ordenadamente sus pautas para que ese todo que es el universo-golf cumpla sus función social y, podríamos decir, cósmica. ¿Cómo va a poder leer la caída del green en el hoyo 7 quien tiene su memoria ocupada en la lánguida mirada de una joven y sus preocupaciones en a quién enviará ahora los muñequitos de la tarta nupcial?
 
El golf, como la vida, es cosa seria y sin querer emitir una condena y menos un juicio de intenciones, sí afirmo que esta abrupta rotura tendrá consecuencias.
Además de un lágrima , la primera jornada deja ya algunos rastros a seguir en los próximos días. El primer rastro es el tiempo. Ha llorado también el cielo; lo ha hecho a las 14:01 hora local y se ha suspendido el torneo con Rafael Cabrera Bello a punto de salir y Thomas Bjørn en Casa Club con su zarpazo de 62 golpes (- 10) en la pizarra: ¡atrápame ese galgo!, perdón, ese Gran Danés.
 
Reanudado el juego, la noche se ha abatido sobre Wentwoth, Virginia Water, Surrey y un grupo importante de jugadores no han podido concluir su recorrido, entre ellos Rafael Cabrera Bello que iba -5 en el hoyo 15. Hay opciones para otros y para todos esperanza. Bueno, para casi todos, pues la sangrante herida del corazón norirlandés ¿quién la restañara? Su tarjeta no era mala: -4 en el hoyo 16.
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