Como ejercicio pre-vacacional componga usted un poema como éste, sin sentido. Inténtelo, escriba unas frases absurdas –que no escribiría en su oficina- en prevención del verano, las algas, las rocas con sus quisquillas y sus cangrejos: ése es su poder.
Decido la huida
del siniestro abrazo
de la vida con nómina.
Soy un viajero anónimo.
Ya he tirado los dados: sus seis facetas estaban en blanco.
En la estación: dos, solas
miradas oblicuas y rectas,
la pasión del viajero, el viento.
Recordada en el andén,
viajera escondida.
Hecho ceniza
el compromiso
de volver.
No he tenido compromisos para este verano, no sé a dónde ir. Precisamente por eso, soy libre. Hubo quien dijo que la libertad consiste en eso, en escoger una de las dos bifurcaciones del camino. Pero, ¿y si alguien quiere marchar por las dos?
Para eso se ha inventado la motosierra eléctrica molecular, uno sólo tiene que aplicársela al cuerpo hasta lograr dos perfiles que puedan vivir el uno sin el otro. No es cosa de locos, si damos el buen perfil con la familia, a la vez que nos zambullimos en una playa de las Seychelles. Es sólo cuestión de imaginación. Usted bebe la sangría en un coco, mientras los otros usan vasos normales y corrientes.
Por eso las vacaciones son cuestión de imaginación, más que de estrés e inquietud. Armarse de calma es lo más aconsejable. Que nada ni nadie pueda disturbarle. Que nada ni nadie altere su juicio viajero, aunque sea uno de sus propios hijos. Que los hados le sean favorables siempre, como mariposas que vuelan sobre su cabeza. Y que el miedo, tanto miedo, desaparezca porque ya no está ahí su jefe, ni su mujer o su hombre, ahora la lógica también se halla de vacaciones, y la responsabilidad está haciendo surf.
En la estación: dos, múltiples miradas oblicuas y rectas, la pasión de la viajera. Recordada en el andén, pasajera del tiempo. Hecho ceniza el compromiso de volver.




