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AUSTERIDAD DE ELEMENTOS

La pintura abstracta en España: el constructivismo de Gustavo Torner

De sus cuadros, en los que combina diferentes motivos geométricos, emana una serenidad esencial que nos sumerge en el silencio y la contemplación del arte puro.

Hechosdehoy / Ana María Preckler
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España tiene una destacada participación en el arte del siglo XX, resultando uno de los países que aportan más cantidad y calidad al arte contemporáneo, en concreto en su primera mitad. No obstante, en la segunda mitad del siglo, proseguiría la fecundidad artística mostrándose por igual en las dos grandes corrientes, la figurativa y la abstracta, que acontecen en ese segundo ciclo de la centuria.

En la pintura abstracta, España da un arte extremadamente rico y original, alcanzando la plenitud. Sorprende ver la cantidad de artistas que existen, cada uno con su propio y distintivo estilo que les hace inconfundibles, cada uno con su paleta diferenciada y con su personal ímpetu artístico. La fuerza de la veta hispana, que nunca se debilitó en la pintura figurativa, destaca en la abstracción también con extraordinaria pujanza, escribiendo una hermosa página de la historia del arte contemporáneo. La corriente abstracta hispánica será por un lado informalista y expresionista y por otro de abstracción geométrica constructivista.

En esa plenitud que supuso la abstracción hispana de la segunda mitad de siglo XX, además de las figuras individuales, hubo también una serie de agrupaciones significativas, tanto por sus componentes como por los grupos en si mismos, por lo que supusieron de renovación, creación, investigación y desarrollo de un nuevo arte de vanguardia.

Entre esos grupos, aparece primeramente el Dau al Set, fundado en Cataluña en 1948. Otro grupo temprano, el primero que se dedicaría a la abstracción, surgido en Zaragoza de 1947 a 1953, sería el Grupo Pórtico. Un tercer conjunto sería el Grupo Parpalló, inaugurado en 1956, en Valencia. El Paso, fundado en 1957, sería un grupo genuinamente abstracto y con grandes inquietudes, proyectado hacia el Informalismo, que acaso fuera el de mayor resonancia posterior.
 
En las décadas finales del siglo, es interesante el grupo Nueva Generación, fundado en 1967. Dentro de estos grupos abstractos es de destacar el llamado Grupo de Cuenca fundado por Gustavo Torner junto con Zóbel y Rueda, que tuvo su mejor expresión en el Museo de Arte Abstracto fundado por los tres artistas, junto a las Casas Colgadas.

Gustavo Torner

Uno de nuestros más significativos pintores abstractos españoles, Gustavo Torner, nace en Cuenca en 1925, hecho relevante pues ello supone la creación del Museo de Arte Abstracto de Cuenca y la del Grupo de Cuenca, ya comentado, juntamente con los pintores Zóbel y Rueda, en 1966. Para ello habilitaron unas casas góticas del siglo XV, conocidas como Casas colgadas.

Gustavo Torner, estudia Ingeniero de Montes, y en un principio ejercita su profesión al mismo tiempo que la pintura, para acabar dedicado a esta última a partir de 1965. De formación autodidacta en lo artístico, debido a su carrera de ingeniería – y a los dibujos que hace de láminas de botánica para la Flora Forestal de España, en 1941, en los que se aprecian sus cualidades artísticas – sus primeras abstracciones tienen fuertes reminiscencias de la naturaleza, evocando paisajes, rocas y tierras, con un informalismo de rugosidades matéricas, frecuentemente dividido en dos zonas, superior e inferior.

Torner iría evolucionando y se adentraría más adelante en el campo constructivista y en la abstracción geométrica pura, por otro lado su austeridad de elementos le acercan al arte Minimal. Torner es además de pintor un excelente escultor abstracto, también de estilo constructivista geométrico. De este último estilo resulta la obra que se expone hasta el 30 de abril en la Galería Fernández-Braso (Villanueva, 30. Madrid).

El Constructivismo de Torner tiene reminiscencias del suprematista Malevicht y del profesor de la Bauhaus Josef Albers. Sin embargo, su fuerte personalidad artística le independiza y diferencia de cualquier pintor abstracto de la primera o segunda mitad del siglo XX.

La obra que se expone en la galería Fernández-Brasso es de una indudable calidad artística y abarca varios años de su creación. Enmarcada en el constructivismo geométrico y en el citado Arte Minimal, consiste en una serie de obras murales y escultóricas de enorme elegancia formal y pureza constructiva, así como de gran riqueza en los materiales utilizados.

De sus cuadros, en los que combina diferentes motivos geométricos, emana una serenidad esencial que nos sumerge en el silencio y la contemplación del arte puro, en su pureza más primigenia, en la serenidad y la calma, pudiendo compararse a la nave de una iglesia que nos recoge con el influjo de sus vitrales, aquí convertidos en murales de líneas muy simplificadas, en las que abunda el cuadrado, el rectángulo y el triángulo en distintas combinaciones, y en la belleza plástica de unos colores cuya combinación nunca es estridente y sí fascinante.

Unos cuadros, en definitiva, que nos reflejan nuestra interioridad y nos invitan a la meditación y a la reflexión, y en los que, según sus propias palabras, existe “la economía de medios", dentro de cada obra, para potenciarlos al máximo. 

Coloquio sobre la belleza

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