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EXPOSICIÓN CAIXAFORUM

Giorgio de Chirico, fundador y maestro de la Pintura Metafísica

Misterio, silencio, inmovilismo, deshumanización, trascendencia, clasicismo y perspectiva renacentista, serían las líneas esenciales de este arte que iba a poner las bases de la vanguardia surrealista.   

Hechosdehoy / Ana María Preckler
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En la sala de exposiciones de Caixa Forum, del Paseo del Prado, 36, en Madrid, se muestra hasta el 18 de Febrero de 2018 una interesante exhibición del pintor italiano Giorgio de Chirico, titulado El mundo de Giorgio de Chirico. Interesante en todos los sentidos por ser muy poco conocido este artista en España. Se trata del fundador nada menos que de una de las Vanguardias Históricas, la de la Pintura Metafísica, también poco conocida y que fue en si misma muy revolucionaria y sirvió de precedente al Dadaísmo y sobre todo al Surrealismo. Todo ello nos da pie a adentrarnos en su estudio con el objeto de conocer mejor esta vanguardia y así como la exposición.

La pintura metafísica
 
Fue creada en Italia en 1917 por el pintor Giorgio de Chirico, juntamente con el pintor futurista Carlo Carrá, aunque De Chirico llevaba realizando este tipo de pintura  desde 1910-11. El ámbito Mediterráneo va a ser importante por las fuertes reminiscencias clásicas que tendrá el estilo, que además se caracteriza por la practica ausencia de seres vivos y por la inmovilidad absoluta. Por todo ello se opone al Futurismo inaugurado unos años antes, igualmente en Italia, y cuya expresión esencial sería el movimiento secuencial facetizado, violento y desmesurado.

La Pintura Metafísica por el contrario representa la quietud y el estatismo de una impalpable realidad imaginada, en escenarios exteriores profundos, plasmados con la tradicional perspectiva renacentista, y ambientados con una decoración clásica de columnas, estatuas, arcadas, edificios extraños, desornamentados, austeros, mitad templos, mitad fábricas, en paisajes urbanos yermos, irreales, lejanos, impregnados de vacío, soledad e  imperturbable calma.

También representa interiores vacíos y desolados, habitados únicamente por inquietantes seres artificiales, musas y maniquíes silenciosos, absortos, enmudecidos, con ese silencio que, como fuerza psicoanalítica, incita, al que se enfrenta a él, a la palabra liberadora. Silencio que por otra parte se alzaría como misterioso telón de fondo y como único diálogo de un posible escenario del teatro de la vida, con la pregunta muda, callada, como interrogante ante el absurdo de una crisis existencial, que en otras artes se iba a mostrar en forma de abstracción nihilista, histrionismo dadaista o evasión surreal y narcotizante al ignoto terreno de los sueños.

Misterio, silencio,  inmovilismo, deshumanización, trascendencia, clasicismo y perspectiva renacentista, serían en suma las líneas esenciales de este arte Metafísico que iba a poner las bases de la vanguardia surrealista.   

El arte Metafísico presiente la importancia de lo onírico, del mundo subconsciente, de lo psicológico soterrado, anunciándolo en ese universo extraño y deshumanizado de sus cuadros que hace de él un presagio importante del Surrealismo. No sorprende conocer, después de esta introducción, que sus dos creadores iniciales, De Chirico y Carlo Carrá, se encontraran y conocieran en un hospital en Ferrara, en 1917, cuando ambos se curaban de dolencias mentales, partiendo de esa fecha la inauguración oficial del movimiento.

Un tercer miembro se añadiría a la corriente originaria, denominada por sus autores “Scuola Metafísica”, el también italiano, Giorgio Morandi; otros pintores se adscribirían a la escuela de forma menos integrada. El estilo no tuvo una larga vida y acabó con la paulatina disidencia de sus miembros entre 1920 y 1921. La revista Valori Plastici sería su órgano teórico. En 1919, Carrá publica el libro Pintura Metafísica.


 
Giorgio de Chirico  ( 1888-1978 )
 
Nacido en Grecia, con ascendiente italiano, formado en Atenas, y afincado en Italia, De Chirico fue el auténtico inspirador de la Pintura Metafísica, precursora del Surrealismo, para lo cual contó con la colaboración de Carlo Carrá y Giorgio Morandi. Con estos precedentes geográficos no es de extrañar que la pintura por él creada tuviera un gran componente de clasicismo griego e italiano, interpretado artísticamente por vez primera de una manera psicológica, en la que el misterio, lo onírico y lo irreal se van a unir para formar un arte de vanguardia de corta vida y larga trascendencia. En el camino que medió entre Grecia e Italia, De Chirico pasó por Alemania, donde completó sus estudios y conoció la obra del pintor simbolista suizo Böcklin y del escultor-grabador alemán Klinger, emparentado con el Realismo, el Simbolismo y el Secessionismo germánicos.

De Chirico conoció asimismo la filosofía vitalista y atormentada de Nietzsche – cuya figura le subyugó hasta tal punto que hizo un peregrinaje por los lugares italianos en los que el pensador alemán había vivido su locura y su enamoramiento frustrado por la fascinante Lou Andreas Salomé, amante de Rainer Maria Rilke -, así como la filosofía de Schopenhauer, y se refugió, hacia 1906, en el avanzado mundo cultural del Munich de comienzos de siglo. Todo lo cual deja impronta en su indescifrable pintura que empieza a realizar en Italia en la segunda década del siglo.

Hermano del escritor y poeta Alberto Savinio, hecho al que no es ajeno su enigmático estilo, después de una estancia en París, en la que contactó con Picasso, Apollinaire y el Cubismo, y de su posterior internamiento en el citado hospital de Ferrara para curarse de una depresión psicológica, período en el que encuentra a Carrá, en 1917.

Comienza la época de plenitud de sus pinturas metafísicas, que por otro lado ya realizaba desde 1910-11; pinturas en las que ya su propio nombre alude filosóficamente a algo más allá de lo natural, más allá de la física, es decir a lo metafísico. En ello radica su importancia pues hasta ahora solamente el Expresionismo había plasmado el interior del hombre en su complejidad humana. De Chirico lo hará en su complejidad subconsciente, con atisbos filosóficos, mostrando para ello un mundo que paradójicamente tenía muy poco de humano y un mucho de artificial, de teatro, de montaje escenográfico, con maniquíes mudos, quietos, inmóviles, que eran acaso un mero reflejo del vacío del hombre enfrentado a sí mismo dentro de un mundo azotado por la más cruel de las guerras habidas en la historia, la Primera Guerra Mundial.
 
En De Chirico se pueden diferenciar dos grandes periodos. El período metafísico, que tiene a su vez tres tiempos; el primero en el que predominan los paisajes urbanos de perspectiva renacentista, con arquitecturas solitarias, plazas desnudas, torreones, columnas, arcadas clasicistas, fábricas, chimeneas, trenes, estatuas y bustos; el segundo, en el que añade sus extraños e inquietantes maniquíes, a partir de 1914; y el tercero, el de los interiores metafísicos, con habitaciones de inmuebles, desnudas, vacías y desornamentadas, con o sin maniquíes. Es característico además de su pintura metafísica el representar objetos diversos, variopintos, yuxtapuestos e ilógicos, o poner cuadros dentro de sus cuadros para aumentar el enigma, lo que recogerá Magritte en sus pinturas.

Otros autores surrealistas como Dalí o Ernst también bebieron en las fuentes del enigmático De Chirico, especialmente las de aquellas desoladas, prolongadas e inmensas perspectivas. En su segundo y último período, De Chirico abandona su estilo peculiar para dedicarse a un tipo de pintura más tradicional, carente del interés de su período metafísico.

– Parte de la información fue tomada del libro II Hª del Arte universal de los siglos XIX y XX de Ana Mª Preckler 

– Información Internet: www.caixaforum.es  y obrasociallacaixa.org 
 
Exposición subdividida en seis salas

La sala 1. – Retratos y autorretratos de corte clásico y naturalista sobresalen: Autorretrato desnudo, 1945 y Retrato Sra. L. Gartzen, 1913.

Sala 2.-  Interiores Metafísicos. Visión Metafísica de Nueva York, 1975 y Interior Metafísico con bola y galletas, 1971. Sala

3.- Plaza de Italia y Maniquíes. Héctor y Andrómaca, 1931, Trovador, 1931. Las Musas inquietantes, 1925.

Sala 4.- Baños Misteriosos . Baños misteriosos con pato,  1973, El nadador en el baño misterioso, 1974.

Sala 5.- Historia y naturaleza. Venecia, Isla de San Giorgio, 1957. 

Sala 6.- Mundo clásico y gladiadores. Combate de gladiadores, 1969.
 

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