El viejo conductor de líderes, Stephen R. Covey, aconsejaba: “el mejor modo de predecir tu futuro radica en crearlo”. Puede leerse en su libro First things First, después de dedicar unos párrafos a la creatividad de aquel héroe televisivo, MacGyver, capaz de salir creativamente de embrollos imposible.
Continuaba el gran autor de management sugiriendo que uno “puede utilizar el mismo poder de imaginación creativa para visualizar una meta antes de cumplirla”. No sabemos si Jon Rahm, mientras estudiaba Comunicación en la Universidad Estatal de Arizona, leyó a Covey. Pero viendo lo visible de su estrategia parece dispuesto a luchar por un futuro en el que llegar a ser número uno del mundo en golf.
Ya ha sido, lo recordamos, número uno del mundo en categoría amateur dos años. Le vimos recoger el pasado domingo en Oakmont Country Club la medalla que le acreditaba como low amateur – mejor amateur- del US Open 2016. Y no ha podido comenzar mejor su primer partido como profesional.
El jueves pasado, después de la primera ronda del torneo patrocinado por Tiger Woods, el Quicken Loans, era con -7 el mejor de la pizarra. El viernes, con -11 era también primero, empatado con Billy Hurley III. Ningún español en la historia del golf había tenido un comienzo semejante. Ni Seve Ballesteros, ni José María Larrazábal, ni Sergio García.
Jon Rahm tiene 22 años; juega al golf desde pequeño; ha pasado por la Blume y por Arizona, donde ha estado a las órdenes de Tim Mickelson, coach y hermano de Phil; en España y en América ha tenido la práctica totalidad de los premios asequibles a la categoría amateur.
Independientemente de cómo quede el domingo, ya tiene su marca, un gran registro inaugural. Y sobre todo tiene su meta: “quiero ser número uno del mundo”. Demos tiempo al tiempo. Dejemos al chaval madurar e ir logrando conquistas parciales y derrotas efímeras.
Una de las peores cosas que puede ocurrirle a un líder joven es un entorno ansioso, que presione, que pretenda sacar tajada rápida y recoger todos los huevos de oro de la gallina de una sola puesta. Esa, en el fondo es una conducta poco respetuosa con el protagonista; una conducta que puede estar ocultando un egoismo, un poder decir “es de los míos, eh!”. También es poco responsable.
Si alguien quiere de Jon Rahm que sea número uno del golf, pero no número uno como persona, lo mejor que podría hacer es apartarse de él, pues el daño de convertirlo en un divo precoz es a veces irreparable para ese hijo, hermano, amigo o discípulo.
Pero lo importante es la lucha de Jon Rahm dentro de sí para desplegar todas sus capacidades, para romper con todos los fantasmas y crear su futuro.
Margarita, la más bella de mis primas me ha mostrado un vídeo que han colgado en su muro de Facebook. Es la participación y éxito de Calysta Bevier en el programa America’s Got Talent.
Calysta, de Ohio, tiene 16 años, acaba de superar un cáncer imponente. Desde el escenario, en poco minutos musicales hace llorar al público y estremecerse al jurado, interpretando la canción de su particular lucha, “Fight Song”:
“This is my fight song
Take back my life song
Prove I'm alright song
My power's turned on
Starting right now I'll be strong
I'll play my fight song
And I don't really care if nobody else believes
Cause I've still got a lot of fight left in me”.
Eso sí parece un itinerario para conquistar un futuro, que lo mismo le sirve a una teenager salida de la noche del cáncer, a un recién estrenado profesional o a una nación herida.
Este es mi canto de guerra:/recuperar mi canto de vida./ Demostrar que mi canción es la correcta/ mi poder reactivado:/a partir de ahora voy a ser fuerte,/voy a cantar mi himno de guerra./Y no me importa si nadie más lo cree/porque sigo teniendo muchos arrestos de lucha en mí.
Pase lo que pase el domingo Jon Rahm habrá de recordar siempre el inicio de su primer torneo y cómo llevó a la práctica las palabras de Jack Nicklaus. “Me dijo que simplemente fuera yo mismo y que no intentara hacer más de lo que soy capaz de hacer. Eso hice, y probablemente jugué el mejor golf de mi vida”.
También quiso hacerlo en la tercera ronda, la del sábado. Y los primeros nueve hoyos acabó -2 pese a dos bogeys seguidos en los hoyos 3 y 4. En la segunda parte algo se descompensó en el swing del vasco. Perdió el ritmo y salieron bolas caóticas desde el tee de salida: un socket en el hoyo 13 que lo supuso un bogey, y otro en el hoyo 11 por bola directa al agua -; es explicable en quien estrena Circuito Americano.
Jon Rahm supo concluir -1 (-12 en total) para salir el domingo justo delante del partido estelar. En él estarán Billy Hurley III (-15), que no cometió ni un error, y el veterano Ernie Els (-13) que hizo un colosal vuelta de 65 golpes.
Total, el joven español, en su debut en el PGA Tour, en tres partidos ha vencido al campo las tres jornadas. ¿Lo hubieran pronosticado?






