Era el tercer domingo de junio, Día del Padre en Estados Unidos, para reconocer la contribución que los padres hacen por la vida de sus hijos. Su origen parece estar en la memoria de un extenso grupo de hombres, muchos de ellos padres, que murieron en un desastre minero en Monongh, Virginia Occidental, en 1907. Murieron 362 personas, principalmente polacos e italianos; también había niños entre las victimas. El desastre dejó un trágico rastro de 250 viudas y mil huérfanos.
No tiene pues en su nacimiento una causa que provoque la alegría. Y en Oakmont Country Club no lo festejan mucho por lo que se vio. Bueno, en ese recorrido de golf casi nadie celebraba nada: bastante tenían los jugadores con coger green y no hacer más de tres putts. ¡Qué cosa más seria!
Los elegibles para dirigentes de la USGA deben necesitar una acreditación de enterradores o torturadores para poder presentar su candidatura: que el green está rápido, pues pasémosle un rodillo que lo compacte y lo ponga como el cristal; que las calles son estrechas, pues añadámosle más rough y más bunkers para impedir cualquier juego distendido.
Que los bunkers dificultan el juego, pues subamos su número hasta 210, que son los que hay en este campo de Pensilvania. Que otro problema es la longitud, pues nada: incrementemos ésta un 40%. El recorrido tiene hasta un bunker largo con bancadas de hierba alta que lo atraviesan y al que llaman “bancos de iglesia”. No me extraña: llegados a un punto, los creyentes sabemos que sólo nos queda rezar.
Cuando comenzó la última jornada sólo seis jugadores estaban bajo par. Y en el otro extremo encontramos casos de penosos resultados. Por ejemplo el vencedor el Masters de Augusta, Dani Willett, totalizó +9.
Aunque el caso más triste es el de Lee Westwood: un naufragio como el del Titanic. El inglés zarpó del tee del hoyo 1 a las 3:00 pm hora local. Al poco de dejar la bocana se encontró un iceberg por estribor en forma de bunker a 316 yardas en el hoyo 2. Desde ese momento no resistió ninguna mampara y los pernos saltaban: hizo bogeys seguidos a los hoyos 2, 3 y 4; doble bogey al 5, y otra vez bogey a los hoyos 6, 7 y 9. El recorrido se partió en dos y se fue al fondo en el mismo tiempo, 2 horas y 40 minutos, en el Océano Atlántico se tragó al legendario transatlántico. A partir de ahí todo perdido.
Pero vayamos a historias más alegres y positivas. Y positivo fue el comienzo de gran campeón de Jon Rahm; en sólo seis hoyos ya había hecho -3. Luego, pares (y nones) para terminar al par en el día (+7 total) y dejar el registro de mejor amateur del US Open y uno de los mejores de los últimos años, puesto 23º. Un resultado de primer nivel para este español que, cuando ustedes lean esto, ya será profesional.
Pero si hubo algo que aplaudir sería la lucha por la cabeza. El líder inicial, Shane Lowry tenía al salir una ventaja amplia de 4 golpes a sus seguidores. Ahí estaban Andrew Landry que enseguida perdió el norte; Dustin Johnson, que había empatado en cabeza, se quedó solo en ella desde el hoyo 9, gracias a un birdie. El irlandés acabó segundo los primeros nueve hoyos. Terceros, a tres golpes del líder estaban Scott Piercy y Sergio García.
Pero en Oakmont los hoyos finales aguardaban para dar su respuesta a la caída de la tarde. A Sergio el green del hoyo 14 le dijo “hasta aquí”: hizo tres putts. El hoyo 15 lo reafirmó: la bola golpeada por el driver se fue a la izquierda y se empotró en el bunker, pegada al rough pero casi completamente desaparecida. Optó por declararla injugable; se dropó en el mismo bunker, y desde ahí se le acumularon las desgracias: hizo bogey en ese hoyo y en el siguiente; tres bogeys seguidos son el final cuando ya no quedan hoyos para deshacer el entuerto. Una pena: una gran vuelta malograda.
Lo sé: esto es golf.
Para el irlandés Shane Lowry los hoyos 14 y 15 cantaron un dueto de putts imposibles, como una triste balada de despedida y les hizo sendos bogeys.
Parecía que sólo Scott Piercy, que ahora iba segundo, iba a poder empatar con Dustin Johnson. Pero también los hoyos finales le dijeron que no sería esta vez. El bogey del hoyo 16 y el fallo de un putt de birdie en el 17 eran mensajes de despedida.
Sin embargo, lo más sonoro de la jornada no lo dijo ningún hoyo. Lo dijeron en el hoyo 12 los árbitros del torneo que en ese lugar advirtieron a Dustin Johnson que revisarían al terminar su ronda un video. El vídeo era del green del hoyo 5, para ver si el movimiento de su bola ahí era una causa de penalidad. ¿Qué tipo de aviso es ese? La bola del jugador se movió cuando preparaba el golpe; él lo advirtió a un arbitro presente, el cuál no vio causa de penalidad; repuesta la bola en su lugar, el jugador dio el golpe. ¿A qué viene revisar después de la vuelta? ¿Para qué estaba el arbitro in situ? ¿Cómo se da una noticia así al jugador que va en cabeza cuando faltan por jugar siete hoyos y la clasificación está apretada?
La buena noticia para Dustin Johnson es que no se descompuso. Serenidad, buenas maneras y concentración hicieron cortejo al americano hasta el hoyo 18, en el que su segundo golpe dejó la bola a un metro para que hiciera birdie. Terminó -4 a cuatro golpes de los siguientes. Los árbitros le impusieron finalmente un golpe de penalidad por el incidente. Es injusto, por tardía la decisión e inquietante en el proceso, algo bastante alejado de la cortesía y señorío del Golf. Me parece.






