Sí, ha empezado el US Open. Desde que se trasladó a estudiar a la Arizona State University el joven vasco de Barrica tenía claro, y así se lo prometió a sus padres, que se graduaría. También, es evidente, iba a entrenarse en golf y jugaría en el equipo de su universidad. Pasados los cuatro años universitarios ha cumplido promesa académica y ha cubierto sobradamente sus objetivos deportivos.
Cuando se le pregunta de qué se siente más orgulloso después esos años de universidad, declara: “Me quedo con la Graduación. Es algo muy importante como persona, se lo debía a mis padres y me quedo con la alegría que les he dado por haberlo conseguido”.
Y las metas deportivas. Es apabullante su paso por las competiciones universitarias: ha ganado 11 torneos universitarios de Arizona, lo que le coloca en el 2º mejor lugar entre quienes a lo largo del tiempo han pasado por las aulas, justo detrás de Phil Mickelson que lo hizo 16 veces.
Es nº 1 del Ranking Mundial Amateur. En 2015 recibió la Medalla McComarck y el mismo año el Premio Ben Hogan que repite en mayo de este año, siendo el único jugador en conseguir esta distinción del golf universitario por dos veces y además de manera consecutiva.
Y si se interroga al bravo vasco cómo es esto posible contesta con toda humildad – humildad es andar en verdad-: “creo que es una cuestión de tener los objetivos claros, de ambición y de tener muchísimas ganas de seguir mejorando. Siempre quiero ser mejor. Siempre he tenido claro que donde estoy ahora no era mi objetivo final. Yo lo que quiero es ser jugador del PGA Tour y sé que no puedo parar de seguir trabajando si quiero llegar a ese nivel”.
Pues está en camino de ser profesional del mejor circuito del mundo, para el que ya ha recibido varias invitaciones: De momento, y gracias a los premios obtenidos este año, jugará la próxima temporada el Dean & Deluca Invitational y el Memorial Tournament.
Resulta que la meritocracia funciona. Resulta que quien mejores tarjetas entrega tiene más oportunidades. Y resulta que eso es posible cono bastante sacrificio cabalgando a lomos de una ambición.
Sí, desde luego, hay talento. Pero talento se encuentra en muchos profesionales. Los que a ese talento natural le añaden el talento que son capaces de adquirir por experiencia y estudio, y lo elevan a la potencia A de “Actitud”, se encuentran con que las cosas además de probables llegan a ser posibles.
En un pequeño pueblo de la costa vasca, un niño con 7 años comienza a dar bolas. Y va viendo que lo hace bien. Sus padres le apoyan. Mejora día a día y se entrena muchos días por semana. Y gana en España en todas las categorías: en 2009 mejor en categoría cadete; en 2010 y en 2012 doblete como mejor sub 18 y junior. Ese mismo años mejor en categoría absoluta.
Ahora todavía más maduro, trabaja para dominar su mente, gestionar los éxitos o las frustraciones, y convivir con su entorno de familia, amigos y afectos. Quiere ser número 1 del mundo – oye, ¡qué menos! viniendo de Bilbao – y para ello los estorbos pueden ser exteriores por agobio del entorno, o internos, por engreimiento y olvido de que la grandeza humana necesita ser levantada con la modesta acción diaria.
El comienzo del US Open 2016 en el difícil campo de Oakmont Country Club (Pensilvania) no ha sido nada bueno. Cuando por segunda vez se interrumpió por tormenta esta primera la jornada, Jon Rahm iba +6, puesto 56º y le quedaba tres hoyos.
Es cierto que la USGA había preparado el campo, comme d’habitude, para hacerlo imposible, para evitar que llegaran a diez los jugadores con resultados bajo el par del campo, para que los demonios interiores intentasen enseñorearse del ánimo de los mejores del mundo y todos reconociesen la dificultad del golf.
Por eso veíamos que Rickie Fowler iba +6 en el hoyo 12, lo mismo que Robert Streb en el hoyo 15 o Luke Donald +5 en el hoyo 13. O Rafa Cabrera Bello +4 en el 14.
También era cierto que con la suspensión de la primera ronda para el resto del día a causa del mal tiempo, 78 jugadores no habían podido salir a jugar, entre ellos gente principal como el español Sergio García o el número 1 del mundo, Jason Day.
El mundo se había vuelto de color galerna y tormenta. Pensaba yo que al final todo ello era alimento que fortalecería al vasco: a preguntas de la página web Sun Devil Athletics de su universidad, cuando le piden que se describa a sí mismo en tres palabras dice: “competitivo, positivo y perezoso”.
Querido Rahmbo, se ve de lejos que lo último lo vas dominando. Agur.






