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El sol llenaba la terraza Oeste de mi Club. Contemplábamos mi prima Margarita y yo cómo iban terminando partidos en el hoyo 18. También llenaban el espacio montañas de sonoros trinos de aves crudas y el vocerío de una multitud de socios que, aprovechando el casi primaveral mediodía, se dedicaban a ese deporte que ha terminado con tantas prometedoras carreras del golf: la cerveza.
En un momento determinado, Margarita, todavía con la espinita de haber perdido frente a mí en el último hoyo, hizo un gesto con la cabeza indicándome la solemne figura de un socio que desde el green del hoyo 18 se dirigía, la cabeza hundida entre los hombros, hacia el cuarto de palos, pasando fúnebre ante nuestra mirada.
.- Ahí va Lorenzo “El Tristón” – subrayó mi prima –: nunca está contento, haga el resultado que haga.
.- Aciertas en lo de su moderada alegría, pero no en el nombre. Te pongo al día: se llama Anatolio, no Lorenzo, y lo de “El Tristón” sí que le cuadra: Anatolio “El Tristón” queda perfecto.
.- Primo, pedazo de ignorante que no sabes ni de dibujos animados: Lorenzo “El Tristón” era el compañero hiena moteada de Leoncio, león del Atlas en los episodios de Hanna-Barbera.
.- Me acuerdo, me acuerdo: aquel que ante cualquier evento clamaba con voz llorosa “no puede salir bien, Leoncio, no puede salir bien”.
.- Ese. Pues tu amigo Anatolio…
.- No es amigo mío – protesté.
.- Cállate, primo puntilloso. Pues Anatolio, si te has fijado (que seguro que no) juega de tal manera que al final de un partido al darle la mano parece que esté recibiendo el pésame en un duelo.
.- Me he fijado, prima. Me recuerda a un profesional pero no me sale el nombre.
Recordaba esta conversación de aperitivo por la tarde cuando he visto el doble bogey con el que Alejandro Cañizares remataba cuatro días de extraordinario juego para ganar, finalmente, el Trophée Hassan II, en el mismo Golf du Palais Royal, de Agadir, Marruecos.
¡Lo que le cuesta sonreír a este muchacho!: no lo ha hecho relajado hasta el último putt y recoger el trofeo, una daga de oro y brillantes. Y mira que ha tenido motivos para partirse de risa o al menos para acercar las comisuras de sus labios a las respectivas orejas.
Porque, para empezar, el primer día se hizo 62 golpes, 10 bajo. Para seguir, dominó el torneo de punta a cabo – wire to wire – desde el primer golpe al del final, día tras día, durante cuatro jornadas. Nunca dejó el primer puesto, ni nadie se le acercó a menos de un golpe. Es más: el último día arrancó con una excepcional ventaja de seis golpes sobre el segundo: Seve Benson.
Parece incomprensible, pero daba un golpe de 120 yardas, la dejaba a una cuarta (medida andaluza que significa un palmo) y ponía una cara de funeral que echaba para atrás. Metía un putt de 30 pies (10 metros) y su semblante era el de un contribuyente sorprendido por la Inspección de Hacienda en una desviación de bulto en el capítulo de cantidades deducibles por IVA soportado.
Pero es que si uno analiza los últimos años de este gran profesional, nada invitaba a descorchar el champán en el hoyo 9. Era mejor esperar al final, que el golf tiene su propia guasa.
Veamos: Alejandro Cañizares Gómez, 31 años, es profesional desde 2006 y ese mismo año ganó el único torneo antes del actual: The Imperial Collection Russian Open. Pues desde entonces nada de nada o, más precisamente, un abismo de 7 años y 208 días sin ver más trofeos que los de la Planta de Deportes del Corte Inglés u otro establecimiento semejante. Sus máximas posiciones en esa travesía del desierto han sido segundos puestos en el Open de Madrid (2007) y en el Iberdrola Open (2010); y segundo empatado en el Alstom Open de France (2010) y en el Reale Seguros Open de España (2012).
Este panorama no es, a priori, el mejor para que un profesional del golf bata palmas y organice una fiesta por todo lo alto. Sin embargo las buenas sensaciones estaban ahí y asomaron este mismo año con un inicial liderato, que a final quedó en quinto puesto, en el Commercial Bank Qatar Masters.
Ahora puede dejar de ser nuestro Alatriste para disfrutar de su merecidísima y apoteósica victoria en Agadir que lleva aparejados otros bienes como poder jugar (exception) en el Circuito Europeo hasta final de 2016; 737.332 puntos para luchar por una plaza en el Equipo Europeo de la Ryder Cup 2014; alcanza el puesto 15º en la Carrera a Dubái y sube del puesto 141º al puesto 85º del Ranking Mundial.
Estábamos mi prima Margarita y yo apurando el aperitivo al sol casi primaveral cuando en la silla libre se desparramó una sombra de lúgubre asfixia que gimió:
.- Hay días que nada sale bien – se lamentaba en su aterrizaje Anatolio -: he fallado el último putt para hacerme cinco bajo par.
Margarita, levantándose ipso facto con una forzada sonrisa de cortés despedida, demandó los servicios del eficiente Rashid:
.- ¿Tendrían Amaretto Disaronno? Pues uno doble para el señor.
Luego, con la más perversa de las sonrisas sugirió al espontáneo aguafiestas.
.- Quedas invitado: que lo disfrutes, Lorenzo.
.- Si no me llamo Lorenzo – oíamos mientras nos alejábamos hacia el comedor.