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Monster Blue es entonces un monstruo traga-bolas, arruina-carreras e inocula-frustraciones que, en modo campo de golf, ha dejado suelto el empresario
Donald Trump en Miami Florida para mayor dolor de los sufridos golfistas profesionales. La lista de víctimas de este recorrido de 18 hoyos, en sólo cuatro días del WGC Cadillac es impresionante.
Vamos, que si esto hubiera sido la corte del Rey Arturo, y los jugadores caballeros de la Mesa Redonda en estos momentos el Monstruo Azul habría dejado la Corte en pañales y nadie apostaría un penique por la vida de la Princesa Ginebra.
Los resultados cantan: caballeros como Jim Furyk y Victor Dubuisson +18; Matteo Manassero +17; Martin Kaimer +15; Gonzalo Fernández Castaño +13; Ian Poulter y Keagan Bradley +12. Y no sigo. Baste, a modo de resumen, decir que sólo tres jugadores profesionales terminaron por debajo del par de cuatro días: 288 golpes: Jamie Donalson y Bubba Watson (285 golpes) y el vencedor Patrick Reed (284 golpes).
Por eso hoy toca escribir algunas cosas de Patrick Reed. Nacido en San Antonio (Texas), tiene 23 años, mide 1,83 metros y desplazada con armonía sus 91 kg. Antes del triunfo de esta semana tiene otros dos del PGA Tour. El Widham que ganó a Jordan Spieth con un birdie en el segundo hoyo de desempate y, ya en enero de 2014, el Humana Challenge en cuyos tres primeros recorridos hizo una serie de 63-63-63, es decir 27 bajo lo que le da el récord en este tipo de cuenta.
Pero hay cosas que escapaban a todos los cálculos. El WGC Cadillac Championship del pasado fin de semana concitaba a 69 jugadores, los primeros del mundo: una constelación de estrellas del golf con los nombres más conocidos. Entre ellos destacaba el defensor del título, único que lo ha ganado siete veces, Tiger Woods. Otros nombres, como Phil Mickelson, Rory McIlroy, Henrik Stenson, Sergio García o Dustin Johnson estaban en la listas de monstruos del golf con más posibilidades.
Y sin embargo, sin hacer apenas ruido, con su silente transitar sin aspavientos se coló ya Patrick el primer día en la cabeza de la tabla con 68 golpes. Pero un grano no hace granero y, podría decirse, estaba todo por hacer… o por deshacer. Porque al día siguiente, viernes negro para más de uno, el Blue Monster se alió con la tormenta y el viento para descabalgar a muchos de los pretendientes. De hecho no hubo ni un sólo jugador que puntuase en las sexta decena y tan sólo tres hicieron bajo par.
El sábado, con el cielo azul y la calma en el aire; despertó Tiger Woods que con 8 birdies y 2 bogeys, -6 en el día, entregó la mejor tarjeta de la ronda.
Pero nada de eso parecía preocupar al joven
Patrick Reed a quien se le vio en el puesto de cabeza con la serenidad y porte de un almirante. No hizo ni una cosa excesivamente atrevida. Tampoco hizo, salvo en el último hoyo, nada excesivamente timorato. Viéndole se diría que eso de ir en cabeza no le era extraño. Que combinando tres tés -talento, temple y tranquilidad– el
Blue Monster no sería enemigo.
Lo sabemos: muchas veces en el golf, y en la vida, solo asusta de fuera lo que puede corromper lo de dentro, achicando el talento, aflojando el temple o haciendo reventar la tranquilidad.
Pasaban los hoyos y gracias a su temprana ventaja de dos golpes, adquirió la distancia que tendría que administrar en los hoyos finales, cuando el rugido de la adrenalina en las sienes quiere amedrentar al corazón valiente. Al borde de la calle, pegada al cordel en el tramo final, una figura amable vestida de blanco era todo lo que le bastaba: el menudo perfil de pelo rubio de Justin Karain, su caddie y esposa, que ahora no podía llevarle la bolsa, porque llevaba dentro algo de infinitamente mayor valor: el hijo de ambos. Éste niño, no es que venga con un pan debajo del brazo, es que llega con varias panaderías.
Encaraba ya Patrick Reed el último hoyo, sabiendo que le iba a bastar no hacer el tonto, que con un bogey se llevaría la copa. Y ahí demostró la madurez necesaria para la victoria. Salió a conservar: en vez de coger el driver, el palo con más potencia pero con el que podría tirar todo al agua de la izquierda, golpeó de salida con un hierro a colocar: de dos golpes más estaba en green y con dos putts se aseguró su primer torneo de la copa del mundo. Hay jóvenes con las sensatez de una anciano que merecen lugares de honor.