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Como se recordará, la clasificación de Gonzalo Fernández Castaño en la temporada que termina no fue lo suficientemente alta para poder seguir en liza en el circuito americano superior. Ahora, en cuatro torneos habrá de quedar entre los 25 mejores de una lista donde se mezclan los que como él quedaron entre el puesto 126 y el 200 del PGA Tour con los que, procedentes del Web.com, quedaron entre el puesto 1 y el 75 de esa “segunda categoría”. Los que quedaron entre los 25 primeros de la Web.com tienen asegurada su plaza en el PGA Tour, pero compiten para mejorar posición y aumentar sus derechos a ser invitados a torneos de más peso.
Excluidos estos últimos, los que al cabo de los cuatro torneos ocupen las 25 primeras podrán jugar en la “primera división”.
Para el golfista español no es algo para preocuparse; es algo para ocuparse. Al término de los dos primeros días del primero de esos torneos había entregado tarjetas de 72 y 68, para -4. Buen comienzo. Y es bueno porque el horizonte de juego es el de una carrera de fondo. En las largas carreras la madurez es una baza a favor y el ansia el enemigo número uno.
Y si no que se lo digan a los ciclistas que disputan pruebas por etapas como la Vuelta a España: saber resistir; estar preparado para asimilar con rapidez los primeros reveses; atesorar capacidad de recuperación; pegarte a la buena rueda y, más que nada, tener un fondo de sufrimiento paciente, esas serían las armas que pueden derrotar al peor enemigo de un jugador de golf, que no es otro que la falta de fe en las propias posibilidades de éxito.
He visto en este sentido un gran Gonzalo Fernández Castaño. El primero de esos días –el de la tarjeta de 72 golpes – fue un quedarse en el pelotón y no estar en la escapada ni en el grupo perseguidor. Hacer sólo el par del campo no te da, con toda seguridad, una posición entre los 25 primeros.
Podríamos decir que entre vida, muerte y susto, esa tarjeta fue susto. Pero la del segundo día, ese -4, que llegó a ser -5 en el hoyo 17, es el resultado de un pedaleo potente, firme, consistente y de ganador; y eso que en el hoyo 12, siguiendo con el símil ciclista, se le salió la cadena con un doble bogey que ese sí que era susto y de los gordos. Repuesto del respingo como todo un líder, hizo tres birdies seguidos en los hoyos 14, 15 y 16.
El Sycamore Hills Golf Club, presenta un recorrido que se adapta al juego de habilidad, con algunos greenes pequeños, otros movidos y siempre obligando a pensar bien cada golpe.
Es por esos que el reparto de la energía interior del jugador puede sufrir ataques que la desequilibren. En este sentido es muy útil ser portador de una capacidad que tienen algunos metales y que, por analogía se ha trasladado a la psicología, de donde la toman los expertos en dirección de empresas y los gestores de catástrofes humanitarias masivas en víctimas: es la resiliencia.
Resiliencia tiene el metal que, sometido a una fuerza que la deforma en un sentido, recupera su primigenio estado. Resiliencia la tuvo en los días posteriores a un 11 de septiembre de 2001, el pueblo de Nueva York para unirse y superar juntos el criminal atentado de los aviones del terror contra las
Torres Gemelas; resiliencia la tienen todas esas madres que sufren en silencio el paso de la crisis por su despensa y su armario, y que sostienen la sonrisa después de una noche arrasada en lágrimas y desvelos.
Resiliencia, en el deporte la tienen todos esos hombres y mujeres que hacen del “adaptado” el adjetivo de su especialidad; pero si “adaptado” es el adjetivo que se le asigna, el sustantivo debería ser titán, pues titánica es la fuerza moral que les impulsa a recuperar su forma: sobre todo la forma interior que es el carácter.
Pues Gonzalo, después de no pasar la guillotina de la FedEx Cup, se apresta con la ayuda de su familia y su equipo a reconstruir y mantener a la altura conveniente su ánimo y su juego. De momento ha pasado el corte en Indiana y veremos en el fin de semana si amplia carácter y juego para ocupar puestos de privilegio.
Quizás le ayude a pensar en fortaleza el hecho de que el campo esté en Fort Wayne lugar de recuperación, pero también de ambiciones de conquista.