En la exitosa serie televisiva sobre la reina Isabel I que hemos podido contemplar en La 1 de TVE, impresiona el último de sus capítulos dedicado a la muerte de la reina de Castilla en época temprana. La escena final del fallecimiento está inspirada, casi literalmente, en el magnífico cuadro de historia de Eduardo Rosales, El testamento de Isabel la Católica.
Este hecho me hizo pensar en escribir sobre la Pintura de Historia del siglo XIX en España, tan poco conocida y en algunos casos denigrada, que resulta digna de un estudio y una contemplación detenida pues en ella no sólo se puede admirar una serie de cuadros de gran valía artística sino también introducirnos en la historia de España, tan apasionante.
Durante años gran parte de esta pintura, casi siempre de enormes proporciones, estuvo ubicada en el Casón del Buen Retiro, edificio del siglo XIX construido por el arquitecto Velázquez Bosco que se halla situado en la zona artística más noble de Madrid, junto a la Real Academia de la Lengua, la Iglesia de San Jerónimo y el Museo del Prado. El lugar era idóneo para acoger esta pintura histórica junto con toda la pintura española del XIX, por ser un hermoso edificio singular de estilo ecléctico con elegantes columnas jónicas en su fachada oeste.
Sin embargo, cuando hace unas dos décadas se decidió restaurar este Museo, no sólo esta restauración duró demasiados años, por lo que los cuadros quedaron guardados en los sótanos del Prado, si no que, por razones que resultan difíciles de entender, en su reapertura el Casón del Buen Retiro fue destinado como edificio multicultural con diferentes funciones, abandonando la de ser el Museo del siglo XIX español.
Nunca lamentaré suficientemente este cambio que pretendía unificar el siglo XIX con el resto de pinturas hispanas en el Prado, pues con él la pintura y escultura decimonónica quedó ubicada en varias salas del Museo del Prado, perdiendo su unidad y su conjunto de arte especial y destacable, recargando por lo demás las salas del Prado. Si el Prado necesitaba una ampliación y esa fue la razón de la construcción del controvertido cubo de Moneo, ¿por qué desaprovechar el Casón del Buen Retiro como un apéndice del Prado y dedicarlo a no sé sabe bien qué función, desaprovechando su belleza y su ubicación?
Así pues, la Pintura de Historia española se encuentra actualmente en las salas del piso bajo del Museo del Prado, aunque no están todos sus cuadros históricos por razones de sitio, sino los más relevantes. No obstante, recomiendo visitar estas salas e introducirse en la historia que representan.
La pintura de historia en España se debe contemplar y estudiar como apartado independiente dentro del estilo de la Pintura Realista, debido a las magníficas obras que tanto en calidad como en cantidad produjo el género. Aunque esta pintura ya se había practicado desde tiempos anteriores – siendo Velázquez y Goya sus máximos representantes -, es desde los inicios del siglo XIX cuando la pintura de historia comienza a adquirir notable pujanza como género independiente.
Fueron entonces los artistas academicistas neoclásicos davidianos los que comenzaron a practicarla con cierta autonomía y dedicación. Así ocurre con José de Madrazo, y su cuadro más representativo, Muerte de Viriato; José Aparicio, con Hambre en Madrid, y Juan Antonio Ribera, con Wamba renunciando a la corona.
El desarrollo de la Pintura de Historia va a ser propiciado por la Real Academia de San Fernando que, a partir de 1856, promueve las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, con carácter bienal. Son certámenes oficiales de gran importancia en los que se otorgan premios y medallas de apreciado valor y cotización que permiten a los artistas acceder a la fama o conseguir una beca de estudios en la Academia de Roma.
De ahí que la mayoría de los pintores participen en ellos en algún momento de su vida artística. Estos concursos académicos tienen unas normas estrictas a las que el artista ha de ajustarse; una de ellas es el tema que deberá ser histórico y fijado por el jurado. En ellos hay una clara preferencia hacia los asuntos que realzan la grandeza de España y de su monarquía. De esta manera, son muy valorados los hechos relacionados con la Reconquista, el reinado de los Reyes Católicos o los de la llegada a América.
A pesar de estas normas, en algunos casos, los autores introducen argumentos que llevan implícitos connotaciones políticas y referencias críticas a la situación interna de España. Respecto a la forma, los cuadros deberán tener vastas dimensiones por lo que la mayoría resultan inmensos.
Aunque sufrió un descrédito durante un tiempo, la Pintura de Historia tiene grandes méritos en su haber y ha vuelto en la actualidad a revalorizarse y a obtener gran prestigio. Su principal mérito se encuentra en la consecución de las enormes y complejas composiciones y las amplias y bien trazadas perspectivas, así como en el excelente conocimiento del dibujo, la anatomía, el dominio del color y de la luz.
Especial significación tienen el logrado y renovado realismo y el tratamiento dado a la atmósfera, herencia de nuestro siglo de oro. Son de destacar, por último, las técnicas empleadas por algunos pintores, de factura suelta y avanzada. Por lo demás, es muy bella y lograda la recreación de personajes, trajes, decoraciones y ambientes históricos.
Yendo más allá de las puras consideraciones artísticas y estéticas, profundizando en un sentido más esencial, se podría considerar a la pintura de historia como adelantada del interés por la historia que se produce en algunos filósofos de finales del siglo XIX y principios del XX. En este sentido, el historicista Dilthey considerará a la historia como ciencia del espíritu, situando al hombre como eje central de la corriente histórica.
Más avanzado, Ortega y Gasset, estimará la vida humana como razón vital y a la vida colectiva como razón histórica. El hombre, y con él la sociedad, al ir viviendo hace historia, y ella le sitúa en el presente y le proyecta hacia el futuro. En su libro “Sobre la razón histórica”, Ortega afirma: “La razón pura tiene que ser sustituida por una razón narrativa. El hombre es hoy lo que es porque ayer fue otra cosa. Entonces, para entender lo que hoy es, basta con que nos cuenten lo que ayer fue. Basta con eso y aparece, trasparece, lo que hoy estamos haciendo. Y esa razón narrativa es la razón histórica”.
En el próximo post se citarán los pintores más sobresalientes de este género que se exponen en las nuevas salas del Museo del Prado, si bien quedarán artistas y pinturas relevantes sin mencionar. Para ver en Internet las obras que se mencionan en estos dos artículos se recomienda acceder a: Museo Nacional del Prado. Las colecciones del siglo XIX (Pinchar en el plano correspondiente ).
– Ana María Preckler es escritora y Licenciada en Geografía e Historia. Nacida en Santa Cruz de Tenerife reside actualmente en Madrid. Es autora de Historia del arte universal de los siglos XIX y XX, una obra en dos volúmenes publicada por Editorial Complutense.






