La humildad de una flor consiste en ser más bella de lo que ella cree.
Puede que una amapola se deje cortar aprisa por un amante en busca de ideas cosechadas de un zarpazo desde la ventanilla de un tren en marcha como un segador de corazones.
Pero la flor que escapa pesará menos que una pluma, y aunque pierda sus pétalos rojos resistirá firme el efecto "doppler" de un blues en mitad de los campos, de los campos de algodón.
Porque como todo el mundo sabe, el algodón es el reflejo de las nubes en el inmenso azul del cielo.
La vida es un tren con múltiples paradas y viajeros de ajadas maletas. Uno a veces no escoge su destino, y se deja llevar por el efecto “doppler” de otros trenes que se cruzan, como en un paso de baile, en un circuito de valses austriacos. Nadie sabe con certeza cuando va a ser la próxima parada, algunos la dicen cielo y otros infierno.
Justo ahora el tren pasa por un túnel, el túnel de los recuerdos.
Y el tren prosigue su camino, y el amante mete la amapola en un libro y se lo entrega a la desconocida que viaja a su lado.




