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INCONFORMISMO

El arte del siglo XX, una primera mitad creativa, imaginativa y fecunda

Modernismo y Fauvismo abren el siglo, el cubismo será la pintura intelectual por excelencia, el Expresionismo aportará al arte la importancia del mundo interior del artista.

Hechosdehoy / Ana María Preckler
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Artísticamente el siglo XX se puede desglosar en dos grandes secciones, correspondientes a sus dos mitades. La primera mitad va a ser extraordinariamente creativa, imaginativa y fecunda; en ella van a acontecer las vanguardias, uno de los fenómenos más originales de la creatividad artística de la historia del arte, hoy ya convertidas en movimientos históricos.
 
Lo conseguido en esa primera mitad fue de tal valor, intensidad y riqueza que la segunda parte queda a su lado, en cierto modo, oscurecida, y, aunque posee también artistas y obras notables, no alcanza los niveles de esplendor creativo a los que se llegó en los primeros cincuenta años. El arte, a partir de 1945, se alimentará y beberá de aquellas primeras fuentes, ampliando y desarrollando las conquistas anteriores, y conformando y completando un todo, de ahí su mérito, que abarcaría el siglo.

Una característica general del arte del siglo XX, con la pintura a la cabeza, será la atomización de los estilos y la ruptura de la estructura histórica de los movimientos en arquitectura-escultura- pintura, lo cual se había iniciado a finales del siglo XIX. Ahora, con frecuencia, cada género irá independiente del otro, primando más las características particulares del género en sí, en ese movimiento determinado.
 
No obstante, también existirá la posibilidad de, en ocasiones, formar un todo inseparable, como ocurre con algunas esculto-pinturas y esculto-arquitecturas. Los movimientos se multiplican, atomizan y suceden en una variedad asombrosa, dándose el caso de haber estilos con uno o dos autores solamente o por el contrario el que los autores figuren en varios estilos a la vez. Todo ello dará al arte una dinámica, vitalidad y movilidad extraordinarias, acorde con la rapidez y el movimiento desenfrenado que caracterizan la vida del siglo XX, especialmente la de las últimas décadas.

Los dos primeros movimientos que abren el siglo, el Modernismo y el Fauvismo, no son estructuralmente revolucionarios sino esteticistas. El Modernismo, que ya había comenzado a fines del XIX, se adentra en el XX con sus líneas onduladas y sinuosas, y, aunque su mayor realización fue en la arquitectura, tiene también importancia dentro de la pintura, destacando por su belleza armoniosa, elegante y sutil. 

El Fauvismo (1905), con el genial Matisse como líder del grupo, y su exaltación del color como nota dominante, también propugna la estética sobre cualquier otra inquietud; pero, al mismo tiempo, con su ausencia de convencionalismos, con su osadía en el cromatismo y la composición inusual, inaugura realmente la época de la modernidad.

El Cubismo (1907) va a ser el primer gran movimiento revolucionario contemporáneo, siendo por otro lado la pintura intelectual por excelencia. Muy tempranamente, en los primeros años del siglo, el Cubismo plasmará la facetización geométrica de la realidad, la multiplicación de lo visible en partes geometrizadas, dotando a la realidad de una dinámica que trasciende a la mera apariencia.

De esta manera, el Cubismo presenta no solo la realidad patente y visible sino la latente y oculta, y la simultaneidad de la visión psicológica, así como el intento de dotar al lienzo de una tercera dimensión, activa y real, de eliminar la perspectiva tradicional, y de descubrir el “fondo” del cuadro, siempre relegado al misterio.
 
Todo ello, ejecutado soberbiamente por Picasso, Gris y Braque, responde a las innovadoras ideas filosóficas y a los descubrimientos científicos físicos y psicológicos del momento. Las derivaciones del Cubismo, como la Section D´Or, el Purismo, el Orfismo, etc., son corrientes muy interesantes y demuestran hasta que punto el Cubismo estructuró y transformó el arte de nuestro siglo.


 
Casi al mismo tiempo que el Cubismo, el Futurismo (1909) – estilo exclusivamente italiano – expresará su inconformismo representando la velocidad, el maquinismo, las fábricas, el automóvil, el ferrocarril, etc., exaltando el movimiento de manera violenta y dinámica, mostrándolo magistralmente mediante secuencias consecutivas, muy cercanas al cubismo por su facetización geométrica y ruptura lineal, siendo denominado, por su similitud, como el “cubismo dinámico”.

El Expresionismo (1900-1945) aportará al arte la importancia del mundo interior del artista, la de su psicología, la de su espíritu, la de su yo, proyectados en la obra de arte en un proceso que va desde dentro de la persona hacia fuera, al contrario de lo que ocurría con el Impresionismo.

El pintor expresionista plasmará en el lienzo su generalmente tortuoso mundo interior, su inconformismo, su protesta, su grito ante la vida, la muerte y el dolor, con figuras deformadas y distorsionadas al máximo, por medio de colores estridentes e hirientes, en contraste total con la realidad. El subjetivismo personal se impondrá dominando el cuadro. Es casi una pintura espiritual ya que lo que representa es el espíritu del artista o bien el espíritu de lo representado. La imagen actuará de revulsivo.

Existirán tres fases expresionistas en el tiempo y dos vertientes en su estilística. Habrá un expresionismo bello, colorista y armonioso, alegre y vital, (Der Blaue Reiter, Kandinsky, Klee, Marc), y otro deformante, ácido y desasosegador, con una utilización de lo feo como herramienta de impacto (Munch, Ensor, Nolde, Die Brücke). Habrá finalmente un expresionismo de denuncia social y antibélico, en su tercera fase, en el período de entreguerras (Kokoschka, Schiele, Gromaire, Pascin, Soutine, Beckmann, Grosz, Dix, etc.).

La Abstracción aparece en 1910 con una acuarela de Kandinsky, artista que llegará, con este descubrimiento, a convertirse en pionero y símbolo de la pintura abstracta. Esta surgió como una necesidad que subyacía potencialmente en el arte. La abstracción es tan antigua como la historia, sin embargo no emerge como arte autónomo hasta el siglo XX, y lo hace con las dos variantes con las que este movimiento proseguirá luego en su larga andadura.

En primer lugar, la abstracción de tipo expresionista, indefinida, manchista, musical e ingenuista, que fue la creada por Kandinsky, y sería una consecuencia del colorismo de los fauves y del ingenuismo expresionista del Der Blaue Reiter; siendo también consecuencia indirecta de la atomización de la pincelada impresionista y de la múltiple facetización del Cubismo, que, a su vez, de manera intuitiva, evocaría el mundo corpuscular, atomizado e indefinido del microcosmos.

En segundo lugar, la abstracción constructivista, configurada con estructuras geométricas, que se presentan ordenadas o no, en tramas más o menos ortogonales, en la que destacarían el Neoplasticismo del De Stijl (1917), con Mondrian y los pintores holandeses, y el Rayonismo (1911), el Suprematismo y el Constructivismo (1913-1921), en Rusia.

La Pintura Metafísica (1911), con Giorgio de Chirico y Morandi, abre la segunda década del siglo representando la pintura del silencio, el vacío, la deshumanización y la inmovilidad absoluta, que preludió el Dadaismo y el Surrealismo, con su misterio y similitudes con el mundo de lo onírico.
 
El Dadaismo (1916) es también otro arte inconformista, libre y anticonvencional que se rebela contra el orden establecido, contra la guerra, como consecuencia del horror de la Primera Guerra Mundial, plasmando lo insólito, lo absurdo, lo paradójico, con el objeto de producir reacción y escándalo en el espectador. El Dadaismo es un movimiento precursor del Surrealismo.

Como continuación de él y, en su exploración profunda, se ahonda hasta el inconsciente, investigando pictóricamente los descubrimientos médicos de Sigmund Freud, con relación al subconsciente, a los sueños, al psicoanálisis, etc.. Nada más inquietante que la representación de ese mundo subconsciente en forma concreta, con su falta de lógica, su irrealidad, su absurdo, su libertad sin barreras, su erotismo incontrolado y el mundo misterioso y umbrío de los sueños.
 
En esa experimentación de pintura irreal, con un dibujo perfecto, al modo más realista, se introduce el Surrealismo (1924), con Dalí y Bretón a la cabeza, a los que les siguen Ernst, Delvaux, Magritte, Tanguy, etc.. En una segunda fase, el Surrealismo perderá la irracionalidad para aumentar la irrealidad, creando mundos fantásticos inexistentes, lúdicos, coloristas, cuyo más perfecto representante sería el catalán Miró.
 


Ana María Preckler es escritora y Licenciada en Geografía e Historia. Nacida en Santa Cruz de Tenerife reside actualmente en Madrid. Es autora de Historia del arte universal de los siglos XIX y XX, una obra en dos volúmenes publicada por Editorial Complutense.

Leer también en Hechos de Hoy: "Fuego Blanco", la colección moderna del Kunstmuseum Basel 

 

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