No me refiero a que la gente de edad vaya a ponerse cachas al gimnasio. Eso está bien. No seré yo quien le ponga pegas al ejercicio orientado al golf. Cuento entre mis mejores momentos los de aquellas mañanas de los lunes en que una eficacísima, pero igualmente inmisericorde, manager ponía sus manos sobre mí.
Nunca estuve más en forma. Pero nunca me pareció más cruel una conducta sobre mis blandengues músculos. Qué pesas; qué flexiones; que retorcimientos y cuántos kilómetros de cinta recorridos. Se lo dije a ella con cariño no exento de firmeza: “estos ejercicios seguro que están tipificados como tortura en el Código Penal”. Ella se reía con la más cristalina de las risas y no me hacía ni puñetero caso, si me permiten la expresión.
Luego – lo que es, es – no cabía sino un agradecimiento que ella desviaba de sí, como si no hubiera sido su tesón el que me impulsaba a superar mis propias marcas. De mi familia sigue yendo a estos exigentes ejercicios mi prima Margarita. Cuando no se lo impiden sus incontables compromisos, allí se va con su body y, por lo que cuentan, el gimnasio se llena como si regalaran boletos premiados de lotería.
Pero dejemos a Margarita, a los mirones, a los ejercicios físicos y centremos el tema con la pregunta ¿cómo puede un jugador sénior de golf ser joven? Muy claro y por derecho: porque los años pasan, pero el espíritu permanece.
Y el espíritu joven, no es cosa de vestir de una manera que no pega; ni de adoptar el lenguaje de las tribus urbanas de quinceañeros. Eso se ve que es impostura, y nada delata mejor un ser envejecido que la simulación. Quitarse años con la indumentaria, los tintes de pelo o el botox es el chivatazo que la apariencia emite acerca de lo viejo que es uno. O una.
Lo cierto, sin embargo, es que el golf ofrece todo un panorama para mantener el espíritu de la mejor juventud. Yo lo veo a diario con personas que cumplidas más de cinco décadas – son seniors – mantienen el alma joven; ese alma que sabe aprovechar lo que se le presenta para dar lo mejor de sí misma.
Es un poco lo que inspiraban aquellas palabra del que fue uno de los más laureados golfistas: Ben Hogan; decía: “el golpe más importante en golf es el siguiente”. Porque, ciertamente, uno de los ingredientes que más ajan un carácter, es andar mascullando errores pasados, agravios que deberían haber caducado o daños que sólo uno sabe que existen, pues los demás ya han pasado página.
No es sólo un carpe diem, es más esa mirada de adolescente a la cantidad de bienes que tengo por delante. Es un Hoc in Anno, estribillo de canciones de fin de año, de donde viene la palabra aguinaldo, y que nos dice eso: ¡este año! Es un ahora que se extiende dando sentido de novedad a los días, a los sueños y a los anhelos de hacerlo mejor a partir de ya.
He visto en muchos de esos seniors en mi Club, y fuera de él, acometer un partido con la ilusión del mozo ante las fiestas del pueblo. Gente que no se queja; gente que sabe pasar, encoger los hombres si algo no es perfecto; gente que disfruta el momento y, cuando el resultado parece torcerse, entonces pregusta la cerveza que tomará con los amigos, compañeros de partido. Gente con el alma joven para forzar la resistente cintura y obligarse a alisar un bunker. Gente sénior con el ánimo de dar las gracias tanto por el pequeño servicio, como por el silencio compartido o el alborozo ruidoso de la celebración de un putt imposible de nueve metros.
Hay también, los he visto en mi Club y fuera de él, seniors que parecen jóvenes empresarios lanzando líneas de negocio, que eso parecen las ligas, circuitos y competiciones en cuya organización ponen su dedicación de emprendedores.
“Para encontrar el verdadero carácter de un hombre, juegue con él al golf”, aconsejaba el fino escritor P.G. Wodehouse. Cierto. De ese modo he visto en esas horas de sosegado caminar por el fairway, por el rough, por los cerros y los greens, la construcción de caracteres fuertes, no quejicas; amigos de sus amigos; leales para callar el defecto del compañero y para alabar el buen golpe del competidor; carácter de simpatía para reírse y bromear sin herir.
Eso es lo que espera uno del alma joven, con la vida por delante, con la mente abierta y con la lucidez de quien aspira a hacer más habitables los años de una larga juventud. Como mis seniors. A lo mejor tenía razón G.K. Chesterton – “considero que el golf es una manera costosa de jugar a las canicas”-, pero visto desde otro punto de vista, considero que el golf es una adicción inocente para inyectar juventud en espíritus golpeados por la vida.






