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LUNA AZUL DE SANGRE

El golf, inagotable mina de donativos y torneos benéficos

The Players de 2017 batió récord con 8,7 millones de dólares recaudados para causas benéficas. En 2016 el PGA Tour en conjunto consiguió 166 millones de dólares.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Éramos pocos en la mesa de Nochebuena: este año sólo treinta y tres. Luego, en la de Nochevieja, todavía menos, por la fuga de primos y tíos primos a esquiar o a ponerse morenos en enero, que ya son ganas. Para el roscón de Reyes, cuando tía Alicia abre sus cofres y afloja la bolsa con generosos cheques ¡todos estarán de vuelta!

Tía Alicia siempre fue de la opinión de que regalar dinero era poco distinguido. De hecho, a esos novios que ponen el número de la cuenta corriente para que los invitados ingresen un importe que al menos costee el cubierto, suele regalarles un bajorrelieve de la Sagrada Familia, a modo de recordatorio de que la familia nazarena empezó con lo puesto, juventud y una gran alegría.

Pero de un tiempo a esta parte sea por debilidad, que lo dudo, sea por hacerle una finta al fisco, suele soltar la mosca, no sé si me entiende, con el pretexto de los Reyes Magos. Y así logra que todos los parientes abandonen sus guaridas en el lujoso The Lodge de Verbier (Suiza) o en Praia do Forno (Brasil) para agasajar a la vieja pariente, y de paso embolsarse el  talón que alivie los rigores de la cuesta de enero: que si tarjeta VISA; que si vestuario de primavera en Street Style (París); que si entrada para el yate en Heesen Yachts (Países Bajos): un montón de facturas.

Por ejemplo, Gonzalo, mi primo ecuestre, tiene pendiente el pago de dos caballos a un príncipe saudí; tío Luis ha cambiado de coche otra vez. Prima Teresa quiere un curso de kitesurf que, por lo que comentó, se imparte en Puerto Rico.

.- Pero prima – le digo – no habrá uno más asequible, por ejemplo en Almería.
.- Vas a comparar… – responde casi ofendida –: el de Puerto Rico es en inglés. Y voy con las Bobadilla y su primo Montealto y Dos Sicilias.
.- ¡Ah!, claro, para patinar sobre el agua tirado por una cometa es mejor en inglés: correrás más.
.- Jajajaja – se ríe insensata – que bobo eres.

Personalmente pensaba coger la pasta – y perdonen por el ordinario modo de llamar al dinero de tía Alicia – e irme a jugar unos días a Le Golf National de France.

Allí se celebrará este año la Ryder Cup y qué mejor experiencia para un aficionado que pisar la bermuda gala antes de que sobre ella posen sus pies los señores Spieth, Reed, McIlroy, Johnson, Fowler, Rahm, García, Cabrera Bello, Rose y demás profesionales.

Ayer, jugando unos hoyos con ella se lo comenté a la más bella de mis primas. Margarita, que se disponía a salir en el  Hoyo 3 del Club – ya saben, ese que tiene un enorme lago delante del green –, detuvo sus swings de prueba y me miró de frente con unos ojos grandes como las dos superlunas que tendremos este mes de enero. Nunca me había mirado así.

Me resulta extremadamente duro definir aquella mirada.
Lo primero que sentí es que no era su iris el que me miraba sino su la luz de su alma. Sin decir palabra, su rostro no componía ningún gesto específico, y sin embargo aquella cara me hablaba. Luego se apoderó de mí una fuerza ardiente que sosegaba el corazón como el reproche de un espíritu amable animando lo mejor de uno mismo.

No dijo nada entonces. No parecía momento para anexos. Se giró, se afirmó en el stance y con armonioso swing su híbrido proyecto la bola a cuatro pies de la bandera.

.- Brillante – dijo mi boca más que mi cerebro; éste andaba traduciendo la penetrante mirada de mi prima de unos segundos antes.

Mi bola, por cierto y según costumbre, se había sumergido bajo las algas verdosas de lago, cerca del desdeñoso nadar de un pato azul y gris, que ni se había inmutado con mi golpe de hierro 6.

Durante el resto del recorrido Margarita y yo hablamos poco; casi nada más allá de los corteses comentarios – “buen golpe”; “hum, un poco de fade”; “bravo: la bola en green” – propios de la etiqueta del golf.

Al terminar y mientras tomábamos un Martini en la Terraza Oeste de la Casa Club, se volvió hacia mí de nuevo con aquella mirada; posó su delicada mano sobre mi antebrazo y esta vez habló:

.- Espero primo que no te siente mal – comenzó con un cálido tono de extrema suavidad -,  pero no voy a acompañarte a París. Tengo otros planes para el cheque de tía Alicia.
.- ¡Ah! – respondí sin ninguna inflexión en mi voz, pero que no engañaba a Margarita acerca de mi decepción y sorpresa -. ¿Sí?, ¿qué planes?
.- No lo comentes, pero pienso que hay necesidades cerca de nosotros que podemos aliviar. Es mucho dinero y voy a constituir una fundación para ayudar a los refugiados.
.- ¡Ah! – volví a decir en un alarde de extenso vocabulario y expresividad.
.- Pero tú, primo – añadió sin apagar aquella mirada que conmovía y removía -, no tienes porque renunciar a tu viaje.

Evidentemente yo sabía – y ella mejor – que el viaje lo había cancelado el instante eléctrico en que me miraron aquellos dos ojos como la dos lunas de este enero, la superluna del día primero y la luna azul de sangre de la noche del 31.

Se llama luna azul a la segunda luna llena del mismo mes; y de sangre cuando además lleva aparejado un eclipse. La luna brilla porque recibe el resplandor del sol.

A nuestros pensamientos puede pasarles lo mismo cuando admiten la luz verdadera; sino, mejor que eclipsen en sangre como mis parisinas fantasías.
 

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