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UN LORD BYRON DEL GOLF

Brooks Koepka (-16) lidera el Byron Nelson con Sergio García (-13) al acecho

Quedan unas horas. Deben jugar todavía 18 hoyos. Y en los partidos del final están además jugadores principales del Circuito: Jordan Spieth (-14), Matt Kuchar (-13) y Sergio García.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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El torneo que se juega en este fin de semana en Texas, el Byron Nelson Championship, toma su nombre del que fue gran profesional del golf, una leyenda que ganó 5 majors y un montón de premios; sólo en 1945 ganó 18 veces, 11 de ellas seguidas.
 
Se retiró del golf profesional con 34 años. Por su proverbial elegancia era conocido como Lord Byron, en patente alusión al poeta inglés George Gordon Byron, sexto barón de Byron.
 
Byron Nelson nació en el pequeño pueblo tejano de Waxahachie, conocido por tener entre otras cosas su anual Scarborough Renaissance Festival, también llamado Scarborough Faire, como aquella canción de Simon & Garfunkel: Are you going to Scarborough Faire?/ Parsley, sage, rosemary & thyme/ remember me to one who lives there/She once was a true love of mine.
 
Y desde que comenzó la tercera jornada, un español, Sergio García se puso por delante, y ahí estuvo en los primeros nueve hoyos, justo hasta que comenzando la segunda vuelta conectó la televisión. Ya decíamos ayer que en esto del golf hay supersticiones, y una de ellas es la llamada “maldición del comentarista”.
 
Efectivamente, al comenzar la transmisión televisiva el comentarista no tenía más remedio que atenerse a la realidad, que no era otra que la brillante marcha del español. Pues fue decirlo y Sergio García encadenó dos bogeys, hoyos 9 y 10.
 
A esos dos errores se sumó el acierto de Jordan Spieth que venía en el partido siguiente y que hizo birdie en el hoyo nueve. Así, el de Castellón cayó al 2º puesto e inmediatamente al 3º cuando su compañero de partido Bud Cauley hizo birdie y él no.
 
Para ganar hay que volver a intentarlo. Hay que tener constancia, resiliencia: levantarse para acometer una vez más: y eso hizo Sergio García.
 
Lucho cada golpe. Las bolas impulsadas por su putt andaban cerca de cada hoyo; otras no llegaban al borde, como si aquellos dos bogeys de mitad de recorrido hubieran apretado las clavijas de la prudencia hasta atenazar la fluidez.
 
No es fácil así hacer birdies. Un birdie cuando no es suerte – pocas veces lo es – tiene los ingredientes de lucidez, fortaleza y alegría en el swing: un armario ropero nunca hace buen swing. Tampoco, claro está su contrario, o sea un jugador atacado por el baile de san Vito.

Están haciendo birdies los que conservan una serenidad de senectud con el empuje del chaval que empieza y no tiene nada que perder. Y ese es un equilibrio de armonías que está presente en el ánimo del profesional o no lo está mientras trabajan cada hoyo, pero que no puede ser improvisado artificialmente.
 

Para Sergio García fue un beneficio añadido que ni Jordan Spieth, ni Brooks Koepka ni ninguno de los que iban arriba en la tabla lograban nada espectacular. De hecho la desventaja nunca superó los tres golpe, que no es nada para confiar en la victoria en la jornada final.
Sin embargo era claro que para volver a intentarlo, Sergio García tendría que esperar a esa ronda del domingo, pues la persistencia de putts que no llegaban al hoyo cerró las puertas hasta en el hoyo 18. La noticia buena es que desde el bogey del hoyo 10 no hubo más errores que escribir en la tarjeta. Eso es consistencia y puede ser muy útil para batirse en la vuelta de clausura.
 
El mejor resultado de los de arriba fue el de Brooks Koepka, que hizo 7 birdies por sólo dos bogeys; ocupó y defendió con destreza esa primera plaza frente a un Sergio García que había cogido 17 greens – sólo falló el del 10 – y un Jordan Spieth que logró hacer 11 hoyos con un solo par: qué fácil es contarlo, pero qué bien hay que darle al putter para alcanzar esa cifra.
 
Le tocará, pues a Sergio García jugar en el penúltimo partido; quizás eso le favorezca si se cumple lo que él mismo declaraba a la televisión: “voy  a tener que estar más fino en los putts”. Si lo consigue, desde ese su partido delante del estelar puede hacer un juego que presione a los que cerrarán la marcha.
 
Para los ánimos mejor preparados dejó escrito Lord Byron – el poeta, no el golfista – que “es extraño, pero la agitación o la contienda de cualquier tipo reactiva mi espíritu y me asienta por un tiempo”.
 
El domingo será pues el día del dominio de los espíritus mejor templados y más serenos.

 

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