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GOLF, MANÍAS Y SUPERSTICIÓN

Sergio García a un golpe del líder Ben Crane tras la segunda ronda del Byron Nelson

Esto del golf da para aumentar las manías. También para agravar las supersticiones. ¿Qué prefiere usted, hacer un gran resultado al principio o al final? Sergio y un comienzo prodigioso en Texas.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Mi primera crisis de shocket o shank la superé gracias a un consejo nada técnico:

.- Eso se te quita fácil: pásaselo a otro – me dijo sonriendo un amigo director de un campo de golf.
.- Sí, pero ¿cómo? – pregunté compungido.
.- Muy fácil:  dale un palmadita a alguien en la espalda antes de salir a jugar.
 
Medio en broma medio en serio, en el camino al tee de salida salude a un conocido amateur, que por aquel entonces se preparaba para arbitro de golf, y le palmeé con efusividad la espalda.
 
Yo me había olvidado del tema hasta el hoyo 16 donde me di cuenta de que ya no sufría de golpes con shocket  y que mi recorrido estaba siendo brillante.
 
Luego en el cóctel del acto de entrega de premios, en el que recogí una espléndida bolsa de palos como fruto de mi buena tarjeta, incidentalmente llegó a mis oídos un retazo de conversación informal tan típicas de esos saraos; una voz masculina en tono triste comentaba a un compañero competidor:
.- Chico, no sabes que día más malo he pasado: después de muchos años vuelve a salirme “el innombrable”.
Miré de reojo y vi que quien así hablaba era le víctima de mi inocente palmada en la espalda.
 
Y sí,  al shocket o shank se le llama también “el innombrable”, precisamente por la oscura aurea de turbia maldición que rodea a esta dolencia del golf.
Para quien no sepa bien en qué consiste y por qué se produce ese mal golpe aconsejo la lectura de un post – “el shocket perfecto” – de Oscar Díaz, publicado en su blog “Territorio de Tres Putts”, el 9 de enero de 2013. Tiene un corto vídeo de 10 segundos y una vigencia que el tiempo no hace sino acrecentar.
 
Dicho esto, tengo que añadir que en la extremadamente rigurosa educación recibida de mis padres,  y acrecentada por el roce con tía Alicia, la superstición está fuera de lugar. Preferimos la ciencia y la razón. Y, además, como dice la más bella de mis primas, “ser supersticioso da muy mala suerte”.
 
No obstante esto, a más de un profesional le da yuyu comenzar un torneo empatando el récord del campo. Piensan éstos, paradójicamente, que tanto bien todo junto, de una sola vez, y justo al principio de un torneo no puede traer nada bueno. Y es que hay gente capaz de pasarlo mal cuando lo pasa bien, padeciendo anticipadamente por un mal que no ha llegado y que quizás no llegue nunca. “Pero, ¿y si sí?” parecen preguntarse, como José Mota, con tal de ahorrarse el momento esplendoroso de gloria que acompaña a todo logro precoz.
 
Otros, con xenófoba expresión, reproducen esa manida máxima de que los gitanos no quieren los niños con buenos principios. Un día les contaré, si él me deja, los principios y dignidad de un compañero de golf de raza gitana, hándicap bajo y sabiduría más alta que casi nadie.
Pero volvamos a Texas.
 
Sergio García, comenzó el  AT&T Byron Nelson Championship liderando la tabla con un -7, gracias a un recorrido fabuloso con seis birdies y un eagle. Me parece que el de Castellón no se siente influido por corriente alguna de mal de ojo, porque no dio síntomas de tembleque o desfallecimiento en la entrevista del final de día, ni en ninguno de los hoyos de la jornada del viernes.
Salió el español esta segunda jornada en turno de tarde y su buen resultado de la víspera ya lo había mejorado D. A. Points con un -8 en el día, subiendo más de 90 puestos en la tabla para un total de -7. En esa misma ronda matutina Jordan Spieth – juega en casa, Texas – alcanzó un total acumulado de -11, igual que Brooks Koepka. 

Pero la tarde iba a construir otros argumentos. Uno, que Ben Crane, con un -7 en la jornada se puso en cabeza en Casa Club con un acumulado de -12. Y otro, que Sergio García que no había hecho un sólo bogey en el primer día,  tampoco lo hizo en el segundo. Y aunque en los primeros nueve hoyos los birdies tardaban en llegar, llegaron en los hoyos 6 y 8. En los segundos nueve, los birdies aparecieron en los hoyos 15 y 16. De este modo se aupaba al segundo puesto empatado con otros cuatro profesionales.
 

Al final todo transcurrió sin estridencias. El propio Ben Crane, inquilino de la primera plaza deja la puerta abierta a que en el tercer día haya movimiento. Él es de Oregón,  pero sin duda sabe que hay que ganar sin dar portazos, porque aquí en Texas hay otra superstición propia de Halloween, donde dicen que nunca se debe cerrar de golpe una puerta: es posible que dañes a un fantasma, el cual te perseguirá por el resto de tu vida.
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