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TRUCOS, ATAJOS Y TRAMPAS

La bola en mal lugar. Como la vida misma cualquier día

Hay una regla de golf que es básica: "La bola debe jugarse como repose" (Regla 13- I). Por si no estuviera claro, la regla insiste: "un jugador no debe mejorar o permitir que se mejore:… la posición o el reposo (lie) de su bola".

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Luego, el Libro de Reglas relaciona las conductas específicas que se consideran infracción y también reconoce una serie de excepciones a esta regla de respeto al reposo de la bola.
Comparto lo que se leía en la web de la RFEG: “Juegue la bola como repose, juegue el campo como lo encuentre, y si no puede hacerlo, haga lo que es justo. Pero para hacer lo que es justo, necesita conocer las Reglas de Golf”.

Una de las excepciones a la regla de inamovilidad es la que, en determinadas circunstancias de mal estado del recorrido por nevadas o lluvias prolongadas, dice que “una bola que reposa en el recorrido en una zona segada al ras puede ser levantada y limpiada” (Apéndice I. 3. b “Colocación de la Bola” y “Regla de Invierno”).

Pero hay que fijarse en que las propias Reglas aclaran que la decisión de permitir la invernal excepción está reservada al Comité. Y éste, debería anular esta Regla de Invierno “tan pronto como las condiciones  lo permitan”.

Porque lo que se desea es que el juego transcurra sin artificiosas modificaciones de sus principios. La bola se juega como está. No se toca. No se mejora su posición para favorecer el golpe o cobrar ventaja.

Y se entiende que sea así: se trata de un reto deportivo. El espíritu de leal competición –de épica – pide a los jugadores no volverse comodones haciendo simplemente lo que es más fácil. De algún modo los deportes son la guerra por otros medios más pacíficos. Jugar un deporte es participar en una batalla incruenta en la que unos son espectadores y otros protagonistas.

Etimológicamente “protagonista” viene del griego protos (primero) y agonistís (luchador). Agón (αγων) es lucha y juego. En su extremo, la tensión de este agón derivará en un tipo de máximo stress que conocemos como agonía (αγωνια), “angustia y congoja”, como la que a escala dolorosamente superior sufre un moribundo peleando por la supervivencia.

Cada uno de nosotros, fuera de los campos de golf, nos encontramos con situaciones no queridas.  Es entonces, cuando nuestros sueños no reposan en un escenario viable, cuando las previsiones que hicimos se topan con una situación más compleja el momento de atenerse a afrontar las cosas como son.

En el boletín de notas del hijo el conocimiento reposa sobre un “insuficiente”. El ascenso prometido yace en un cajón, y además existe el impedimento nada suelto de un nuevo jefe. La felicidad vital con el marido, que, pensaba ella, les llevaría a envejecer en sonrisas, reposa sobre la inestable rutina de la indiferencia.

Claro que uno puede buscar trucos, atajos y trampas para mover la bola, mejorar las notas, poner la zancadilla profesional al compañero o para romper la fidelidad debida.

Uno puede buscar eso y encontrarse con una tarjeta falseada, un hijo necio y haragán aprobado, un puesto mal llevado o una soledad grande e interior como un desierto africano.

En algunos escenarios y para algunos actores la dureza de la prueba puede llevar a la corrupción, es decir, a jugar sin lucha ya sea en el golf, en la educación, en la profesión o en el amor. A su escala, cada agonía invita a la deserción.

La bola, sin embargo, se juega como reposa. La jornada, sin embargo, se vive como viene. No se trata tanto de un conformarse, de un fatalismo o de un pasivismo acrítico. Hay un verbo. Y el verbo significa acción: jugar, vivir. Sólo la bola es pasiva: reposa.

Las mujeres y los hombres somos capaces de hacer progreso donde pinta fracaso. De construir trabajo donde habita la chapuza o la envidia. De romper el muro de lo imposible con la inteligencia y práctica de lo factible.

En golf, una bola que reposa en un lugar difícil puede obligarnos a dar un golpe más de los previstos. Vale; no es el fin del mundo, porque al fin del mundo le faltan días para llegar. Se da ese golpe de más y se saca experiencia. Así se disfruta del golf, o, en otros órdenes, se enriquece la vida.

Ingvard Kamplar, fundador de IKEA y una de las personas que vive con mayor sencillez y austeridad, no obstante un fortuna superior a los 65.000 millones de euros, tiene máximas como esta: "La felicidad no está en alcanzar tu objetivo, sino en el camino hacia el objetivo, así que quita la palabra imposible de tu diccionario".

Porque todas las situaciones de la vida y los golpes de golf tienen soluciones honorables. Si no fuera honorable no sería una solución, sino la primera causa del siguiente problema.

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