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INCONSCIENTES EXCAVADORAS

Pisar sin querer la línea de putt de otro… o su línea de vida

El green es una porción de terreno deformable con cierta facilidad si se pisa fuerte y con suelas de clavos o garras. Es sensible y poco resiliente: conserva durante tiempo la hendidura, huella y otros daños que se le inflijan.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Las Reglas de Golf permiten arreglar sin penalidad los vestigios de antiguas tapas de hoyos y las marcas por impacto (piques) de bola provocados por los golpes a green. También hay licencia para apartar los impedimentos sueltos que yacen sobre él: hojas, ramas, piedrecitas, hormigas, etc.

Sin embargo, es objeto de penalidad la intervención maliciosa en el green que suponga una modificación de la línea de putt de un compañero competidor. Línea de putt es aquella que “el jugador desea que tome su bola después de un golpe en green” incluyendo “una distancia razonable a ambos lados de la línea”.

No está especificado como merecedora de sanción – no hay regla – la acción de pisar accidentalmente la línea de putt del compañero-competidor.

En este caso, leemos en el conjunto de decisiones sobre las Reglas publicado por la Real Federación Española de Golf, que “en equidad, (Regla 1-4) el jugador puede restaurar la línea de putt a su estado original. El jugador tiene derecho al lie de bola y línea de putt que tenía cuando su bola quedó en reposo. La línea de putt puede ser restaurada por cualquiera. Si no es posible restaurar la línea de putt, el jugador puede requerir al Comité que le conceda alivio. Si el daño es importante, el Comité puede declarar esa área como terreno en reparación, en cuyo caso el competidor puede tomar alivio bajo la Regla 25-1b (iii)”.

Y, en la vida, que imita al golf ¿cuántas “líneas de putt” pisamos accidentalmente?

La velocidad con que se acometen muchas actividades; el atolondramiento; la frivolidad; la falta de educación en sentido estricto; el egoísmo original y el egocentrismo derivado; los tics; las manías naturales y las fobias adquiridas; el fin sin importar los medios y otras causas más acaban convirtiendo a mujeres y hombres en seres desconsiderados; en inconscientes excavadoras.

Vamos por el green, mirando sin ver la bola del compañero en el green, ni la bandera, ni la línea deseada por ese jugador para ejecutar su golpe e, involuntariamente, sin pensar, atravesamos con nuestros zapatos de golf la zona deformando un tramo o levantando briznas de hierba por donde puede pasar la bola y ser desviada del camino planeado por quien nos acompaña.

No sé si a usted le ha pasado; a mí sí. Y lo siento. Y desearía no haber cometido ese error y otras faltas que malograron el putt de aquel compañero ya olvidado.

Vamos por la vida. Es cualquier martes de cualquier octubre.  En el primer atasco, mirando sin ver a las personas que van conduciendo, atravesamos con nuestro claxon la línea de paz de su mañana.

Vamos por la vida. Llegamos al trabajo – acaso cansados tras un mala noche – para entrar en la oficina de siempre, en la consulta de todos los días o en el autobús urbano de cada mañana. Nuestra cara de muermo sin gesto de simpatía irrumpe y deja su huella en la línea de cordialidad que desean los compañeros. Repito: no es adrede; no es una acción malvada para hundirlos en la depre. Es simple desconsideración.

Los greens de nuestro día a día – 18 hoyos, 18 horas o 18 lugares, da igual – son una maravillosa red de líneas de putt donde se cruzan los legítimos deseos de nuestros compañeros de este juego grandioso que es vivir. Sólo hace falta no dejarse llevar por el lenguaje descuidado; sólo es necesario sonreír, pedir por favor las cosas, dar las gracias…tenerles en cuenta.

Descorchemos nuestra mente para lanzar lejos los prejuicios. Pensemos que en este juego los demás tienen derecho a que su línea de putt, su línea de vida, no se vea perturbada por nuestras ofensas a su honor, los daños a su fama, o la frustración de legítimas aspiraciones.

Algunos de nuestros pisotones, la mayoría, podemos repararlos sin penalidad pidiendo excusas y con algún gesto de sencilla amistad. Al fin y al cabo, entre amigos basta bien poco para restablecer la lisura de las líneas.

Sin embargo, para los daños importantes en las líneas de vida de los compañeros de este largo viaje, no hay un Comité al que apelar. Toca a cada uno facilitar el “alivio” que cada caso requiera. A veces un campo de silencio es una puerta al retorno. Ya lo cantaba Rafael del Estad en aquella sevillana: “sin hablar se dice to/y hablando muchas mentiras/Sin mirar ves ilusiones/que mirando te lastiman”.

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