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AUGUSTA, CIUDAD ABIERTA

Apoteósico Miguel Ángel Jiménez (-3) con la mejor tarjeta del día: 66 golpes

El "Pisha" termina 5º empatado y a 2 golpes de los colíderes Bubba Watson y Jordan Spieth (-5). El Top 10, con jugadores de cinco países, apretado en una horquilla de tan sólo 4 golpes.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Las últimas briznas de luz abandonaban el cielo para caer en grises sobre las hojas de los pinos y del acebo americano del hoyo 18 -“Holly”. Una quieta oscuridad enlutaba las aspiraciones de un grupo de notables del golf, una porción de once jugadores a los que un sólo golpe había dejado fuera del corte. El corte era ya una Corte: 51 caballeros que, con +4 o menos golpes en su resultado acumulado, podrían seguir jugando sábado y domingo y, alguno de ellos, con opciones de ganar el prestigioso Masters de Augusta.
 
Sí, la noche era ya para olvidar. Había terminado Augusta para Sergio García; Phil Mickelson, tres veces ganador del Masters; Victor Dubuisson; Luke Donald; Ernie Els; Ryan Moore; Web Simpson; Charl Schwartzel, ganador en 2011, el australiano Marc Leishman, que llegó a acumular en once hoyos 10 golpes sobre el campo; y para el voluntarioso amateur de 19 años, Matthew Fitzpatrick.

Parecía que el cielo azul oscuro de Georgia se quedaba sin estrellas, pues a la inicial ausencia por lesión de Tiger Woods se sumaba desde ese atardecer la desaparición de estos y otros astros. Pero, “gira, il mondo gira nello spazio senza fine” y volverá para ellos el Masters y la pasión por el golf esforzado y difícil. Es golf. Y el golf como los momentos especiales siempre vuelve.
 

Como ha vuelto para un malagueño de pelo abundante, crespo y rojizo. Copio las palabras que Oscar Díaz recogía para Crónica Golf y que le decía en una entrevista Miguel Ángel Jiménez después de la segunda jornada, en la que él acabó con +3: “sigo diciendo que hay que tener paciencia. Este es un campo donde hay que tener mucha paciencia y no hay que hacer cosas extra. Hay que darle tiempo al tiempo y dejar que las cosas ocurran”.
 
Pura sabiduría del veterano jugador, que luego añadiría: “este es un campo al que le haces cuatro menos y el que va por delante hace cuatro más y estás empatado, y ocurre así, como si nada”.
 
Pues así, como si nada, él hizo su parte en la tercera jornada con la mejor tarjeta del día: -6; -3 acumulado. Terminaba su recorrido en 3ª posición, a cuatro golpes del entonces líder en solitario, Bubba Watson que salía en ese momento por el tee del Hoyo 1- “Tea Olive” con -7 acumulado.
 
Efectivamente, para jugar bien en Augusta se necesita esa virtud de la paciencia y, como sugiere el nombre del hoyo 18, “Holly” (acebo), una sana combinación de una parte de ilusión y dos de fe, como un niño en la Navidad.
 
Curiosamente – aunque no tanto si nos damos cuenta de la naturaleza paradójica del golf – la fe que se pide en Augusta no es creer lo que no se ve, sino creer lo que ves. Hemos contemplado a muchos jugadores fallar el putt por no creer que la caída es tan pronunciada como la ven. O elevar la bola a las nubes sin acabar de creerse que el viento iba a pararla tanto como al final la paraba.
 
Paciencia, ilusión y fe: esa triada virtuosa ha acompañado los 18 hoyos al malagueño que gestionaba las calles con decisión y los greenes con mimo, dejando que la bola fuese con esa caída natural, que es como dice la costurera de mi tía Alicia que hay que dejar que caiga un volante de traje de gitana: “que caiga a su amor” suele suplicar; es decir, sin forzar, sin estirar, sin fruncir, sin “hacer cosas extraña”, “como si nada”.
Y el pronóstico del Pisha parecía cumplirse: cuando el campeón Bubba Watson llegaba al hoyo 9, con +2 en el día, ya le habían empatado Jonas Blix y Thomas Bjorn en un acumulado para esos tres lideres de +5. Y Miguel Ángel quedaba a dos golpes de la cabeza. El golf es fantástico. Nada semejante parece darse en otros deportes. Habíamos pasado largamente el ecuador del Masters, estábamos cerrando el trópico y el mundo de los resultados se había dado casi la vuelta. Y los otros dos españoles que seguían vivos sufrieron para mantenerse: José María Olazábal (+5) y Gonzalo Fernández Castaño (+2).
 
Sucede en general, pero con particular exactitud en el Masters de Augusta, que hasta que la última bola no entra en el hoyo el silencio es la mejor profecía. Terminaba la tercera jornada con un estrechamiento en la cabeza: Bubba Watson y Jordan Spieth (-5); en 3ª posición Matt Kuchar y Jonas Blixt (-4). Y un español, pelo largo, crespo y rojizo el 5º a dos golpes. Y sólo 4 golpes entre el primero y el décimo. O sea, una lotería. Mañana, más y mejor.
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