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HOYOS MALDITOS, HOYOS BENDITOS

El campo que no amaba a los jugadores, salvo Bubba Watson (-7), primero en Augusta

En esa lucha por pasar el corte estarán Chema Olazábal, Gonzalo Fernández Castaño y Miguel Ángel Jiménez. Lo de Sergio García cumple el guión.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Cuando se reanuda el juego en Georgia cada uno de los jugadores habrá repasado en su mente esos hoyos en lo que recurrentemente fracasa o tiene dificultades y aquellos otros a los que la bandera parece aplaudir cada golpe.

Todos los jugadores tenemos en nuestros campos habituales hoyos benditos y hoyos malditos. Los procesos del cerebro y la construcción de nuestro imaginario parecen incluir algunas claves mágicas, que diría mi primo Gonzalo si mi primo Gonzalo supiera escribir con esa precisión. Pero mi primo Gonzalo pasó su juventud pegando saltos con su caballo y, por lo que he podido constatar, no destacó en otra cosa, excepto en su capacidad para consumar una boda altamente conveniente.
 

Cuando a lo largo del año, juego con tantos socios e invitados de mi Club, no es raro escucharles comentarios del estilo “a este hoyo le tengo manía” o “este hoyo se me da muy bien”. Se trata de dos manifestaciones del llamado enigma del hoyo maldito.
 
Si se dan cuenta, casi todas estas expresiones son autorreferentes, están dichas desde el punto de vista subjetivo del propio jugador. Pero el hecho me parece que no está suficientemente estudiado desde el punto de vista del hoyo.

Así, en mi caso, cuando llego al hoyo 10 de mi Club – ya saben ese par 4 con dogleg de derecha a izquierda y un lago de monstruosa voracidad de bolas, y más grande que el de Tiberiades – digo, que cuando llego a ese hoyo 10, todo mi ser se conmueve y mi psique – si se dice así – se turba, pues, después de haberlo jugado cerca de tres mil veces en mi corta vida, puedo afirmar que el hoyo 10 me tiene manía: es sólo hándicap 11 del campo por lo que normalmente debería hacerlo con un bogey – 5 golpes – y sin embargo no es raro hacerlo en 6 golpes y más frecuentemente de lo deseable en 8 o más golpes.

¿Se mueven los árboles para apresar mi bola?; ¿acaso el lago extiende su superficie para atraparla?; ¿se levanta la bermuda para obstaculizar mi palo?; ¿se achica el diámetro del hoyo?; ¿se inclina más allá de su diseño la alfombra del green? No lo sé.
 

Sólo sé que no sé nada acerca de por qué este hoyo me odia, pero lo cierto es que he tirado tantas bolas a su lago que su nivel del agua amenaza desbordamiento. Bueno, pues todo lo dicho para este amateur vale para los demás y también para los profesionales.
 
Estos últimos no es que tengan hoyos que se les dan mal, si no que dado su nivel de juego tienen campos enteros que se les dan bien y otros que se les dan mal. Pregúntense, sino, por qué Phil Mickelson no gana el US Open. De los cuatro majors, ha ganado el Masters de Augusta tres veces, una el Open Championship y otra el PGA Championship, pero nunca jamás el US Open: por más interés que ponga, Lefty nunca pasa del segundo puesto; de hecho ya lleva un acumulado de 6 segundos puestos en el US Open, pero el US Open – no me pregunten por qué – no ama a Phil, y le niega la victoria.
 
O Sergio García. El de Burriana ha declarado en anteriores ocasiones que no se le da bien el Masters de Augusta. ¿No se le da bien a él o es Augusta que le tiene cogida la medida al jugador? Dejo abierta la cuestión para los expertos en parapsicología aplicada a los deportes. Pero este año se ha jugado el corte.
 
Volviendo al Masters en su segunda jornada, entre los hoyos que no amaban a los hombres del golf – además del hoyo 10 de mi club – pueden incluirse los siguientes hoyos de Augusta National: Hoyo 7 “Pampas”,  el 11 “White Dogwood”, el 12 “Golden Bell” y el 4 “Crab Apple”. Sí, seducen con sus nombres de flores, pero son ladinos como esa tía mía, “El Terror”, cuando te llama por teléfono con dulce voz pidiendo que le acompañes de compras al centro. Caes en la trampa.
Entre los hoyos verdaderamente adorables destacan el Hoyo 2 “Pink Wood” con menos dobles bogeys (hándicap 17) y el 13 que aunque tenga algún doble bogey es el que más eagles (dos golpes menos que par) atesora.
 
En esa pelea de hoyos malditos, hoyos benditos y luchando por pasar el corte, o sea estar entre los 50 mejores y poder seguir en el torneo, han estado los cuatro españoles. Y lo estarán Chema Olazábal (+4), Gonzalo Fernández Castaño (Par), que hizo un de los mejores recorridos y Miguel Ángel Jiménez (+4).
 
Lo de Sergio García cumple el guión. Porque no creo en la reencarnación, pero con este chico es cuestión de analizarlo: a lo mejor en otra vidas anterior fue psicólogo frustrante y ahora lo paga con negativos pensamientos sobre sus posibilidades en el Masters.
Mañana más y mejor.
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