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“Georgia in my mind”, en el ordenador empieza a sonar cuando arranca el Masters. Finalmente son 97 jugadores los invitados. Inciso: En Augusta National Golf Club, los jugadores no se inscriben: están invitados – ¡faltaría más! –. Fin del inciso.
Como cada año desde 1960, el día previo al comienzo del Masters tuvo lugar el campeonato de pares tres. Ganó Ryan Moore (-6) pero ganó sobre todo el ambiente popular y la diversión al ver a esposas, novias, niños y casi bebés vestidos con el mono blanco prenda característica de los caddies en Augusta. Vimos al bebé de Hunter Mahan, a la familia de Bubba Watson y a la recuperada novia de Rory McIlroy, Caroline Wozniacki, cuyo pelo – ahora color zanahoria norirlandesa – descendía en rojiza cascada bajo su gorra de golf. Todo eso, puro estilo delicioso de familia americana, sucedía el miércoles previo. El jueves se cavaron risitas y carantoñas para empezar la deportiva contienda.
La gran mayoría de los competidores son estadounidenses, por el lógico peso del PGA Tour y de su real potencial de juego, pero los dieciocho criterios de selección de los jugadores invitados abre oportunidades a jugadores de todos los continentes y a un reducido número de amateurs.
Y ¿qué perfiles? Pues de todo jóvenes y experimentados. Novatos y veteranos que ya triunfaron aquí como Chema Olazábal, Bernhard Langer o Fred Couples. Osados y prudentes. Diestros o zurdos como Phil Mickelson que persigue su cuarta chaqueta verde. Fríos como Henrik Stenson o cálidos como Miguel Ángel Jiménez. Todos caben, con tal de que hayan acreditado su forma y su fortaleza mental.
Porque las estrechas calles del Augusta National, su sinuoso recorrido y la dificultad de unos greenes de caídas inverosímiles y velocidades difíciles de controlar no darán una segunda oportunidad a cobardes, inhábiles y timoratos.
No hay un perfil entre los 97 que no lleve el sello de una ambición: el que no aspire a ganar porque no vea razonables posibilidades, sí querrá quedar tan alto que pueda volver a intentarlo el año que viene. Augusta es un primera novia a la que no se olvida. Una novia morena y sonriente a la que cantar “Georgia on my mind” y decirle “comes as sweet and clear as moonlight through the pines”.
Porque, como la luz de luna entre los pinos, querrá colarse cada pensamiento y brillar en los greenes del más prestigioso y atractivo de los torneos.
Pero también encierra Augusta las tensiones de toda relación. Era apasionante escuchar la entrevista que le hacían en directo al veterano Jack Nickclaus y escuchar al seis veces ganador del Masters decir que su hoyo preferido era el Hoyo 13 “Azalea”, un casi imposible par 5 del que dijo que a veces se muestra exasperante. Quizás pensaba en el difícil drive de salida o en su “dogleg” derecha-izquierda y los riesgos para alcanzar el green. El Hoyo 13 es el tercero del legendario Amen Corner y el que lo cierra.
Hablaremos de él, pero hablaremos más del hoyo 12 – “Golden Bell” – , par 3 con lago frontal y 158 yardas (145 metros) que ha arruinado la buena tarjeta que llevaba Miguel Ángel y ha dado un susto al defensor del , Adam Scott: a ambos les ha supuesto doble bogey, que el australiano ha podido enjugar después. Con -3, Scott terminó un golpe detrás de Bill Haas (-4), líder al terminar la jornada.
Pero ese Hoyo 12 provocaba también bogey a Louis Oosthuizen. En total, sólo 6 birdies y 56 pares frente 26 bogeys y 9 dobles bogey o peor: este hoyo 12 tiene, como todos en Augusta, nombre de flor, pero el apellido debe ser de flor carnívora.
Al final de la película, entre los españoles las cosas no han ido nada mal para una primera jornada. Gonzalo Fernández Castaño que tuvo una mal comienzo con +3 en la primera vuelta, fue remontando en parte, aunque hizo bogey al hoyo 18 le y terminó con +3. Chema Olazábal (+2), el único de ellos que ya tiene – y por partida doble – la chaqueta verde, trabajo sus golpes para dejarse serias oportunidades de pasar el corte. Sergio García, que llegó a estar -1, anduvo con el juego prudente que en Augusta es a veces, y paradójicamente, algo temerario y cursaba la última parte del recorrido alrededor del par para terminar con +2. En Casa Club, el -1 de Miguel Ángel Jiménez era un tesoro para el malagueño, que había llegado a liderar la tabla en los primeros nueve con -4.
Entre las cosas llamativas por negativas de esta edición el +8 de Jason Dufner, Graham DeLaet el canadiense y Hideki Matsuyama. Ángel Cabrera, que arrastra una lesión, acabó con +6 y en +5 una colección de teóricos aspirantes como Dustin Johnson o Justin Rose.
Entre las maravillas a conservar el buen gusto de la organización del
Augusta National con detalles como el criterio de no permitir banderas, pancartas o carteles entre el público. Se trata de golf, no de una barbacoa o una manifestación. Este viernes, más.