Si de algo se caracteriza Anna Kendrick es por ser una artista de cine diferente. Entre otras cosas ha sido nominada a los premios Oscar, ha participado en una de las series cinematográficas de más abrumador éxito planetario de la historia y solo en el último año estrenó hasta un total de ocho películas en Estados Unidos.
Ahora bien, no encaja en el perfil que nos viene inmediatamente a la cabeza cuando se piensa en una celebridad de Hollywood. De entrada porque sus ratos se parecen menos a los de una modelo que a los de un personaje de dibujos animados japoneses. “Mi apariencia nunca ha sido mi gran reclamo, y me parece perfecto”, comentó en una entrevista.
Me alegra que nadie espere encontrarme en la lista de las 50 actrices más sexis, porque eso resultaría tremendamente estresante”, comentó. Hace poco en una encuesta se aseguró que sus fans no fantasean tanto con parecerse a ella como con irse de cañas con ella.
“Nunca más volveré a ver una película de Ryan Gosling en el cine. Aparentemente masturbarse en la última fila se sigue considerando inapropiado”, bromeaba en el que es sin duda el tuit más famoso que ha escrito, y por el que sigue sintiendo una leve sensación de arrepentimiento.
“Gracias a Dios nunca he coincidido con Ryan. Estoy segura de que tiene sentido del humor, pero cuando nos conozcamos siento que tendré que darle explicaciones por lo que escribí, y acabaré haciendo un chiste inapropiado que me hará parecer todavía más una pervertida”, explicó en otra entrevista.
Al margen de puntuales salidas de tono, reconoce que Twitter ejerce propiedades casi terapéuticas. “Me gusta poder sentir que formo parte del resto del universo. Poder explicar cómo me siento a veces, y saber si ahí afuera hay alguien más que se siente como yo”, comentó. “Me sentiría como una idiota si tratara de hacer creer a la gente que mis gases huelen a lavanda”, recalcó.
“Mucha gente me confunde con otra actriz, o simplemente dice no haber visto ni una sola película mía. Ese tipo de comentarios mantienen mi ego a raya y evitan que me tome demasiado en serio”. Buena parte de esa modestia, confiesa, tiene que ver con su conciencia de lo difícil que es encontrar el camino en Hollywood y lo fácil que resulta perderse. Tenía solo 24 años cuando fue candidata a la estatuilla por Up in the air (Amor sin escalas) pero, pese a lo que podría darse por hecho, ese triunfo no surgió de la noche a la mañana.
“Sé que es un cliché, pero me estuve rompiendo los cuernos durante mucho tiempo antes de que mi carrera empezara a funcionar. Mi ética laboral está basada en años y años de rechazo. “Crecí en una familia de clase obrera, de modo que la idea de no tener un sueldo me resulta realmente alarmante. Siempre siento que la última película que he rodado podría ser el último salario de mi vida. Por si acaso, nunca compro nada a crédito”, recalcó.
Dando la nota marcó un antes y un después en su trayectoria. Cups, una de las canciones que cantaba en la película, acumula más de 200 millones de reproducciones en YouTube. Como Beca, su personaje, ella canta en la ducha. "Me gusta cantar muchas cosas distintas. Antes cantaba más en la ducha, pero una amiga se burló de mí una vez que viajamos juntas y me oía a través de la pared. Ahora no canto tanto en la ducha".
– Ver en Hechos de Hoy: El amor de Ed Sheeran por Taylor Swift ante el ataque de Calvin Harris






