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COMBATIR EL DECAIMIENTO

Algo ocurre en otoño, la linterna en el bolsillo y los osos polares

Vemos las hojas de los árboles cambiar de color y caer, llegan las nueces y las castañas y el olor a chimenea, convirtiendo cualquier avenida en un pueblo.

Hechosdehoy / Enrique Mochales
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En otoño me siento más maduro. Es la etapa de transición entre el voluptuoso verano y el recogimiento del invierno.

Estación que considero yerma y en la que surgen las temperaturas bajas, vientos y tempestades. Por ello, tengo que ser prudente y cuidarme de los contrastes excesivos, defenderme en mis cuarteles de otoño de los arranques de tristeza que pueden derivar en melancolía y depresión provocadas en parte por la baja en las horas de luz solar.

Para combatirla, puedo tomar proteínas e hidratos de carbono, así como magnesio, aliado de la energía.

Conviene mantener una dieta, porque es un tiempo en el que proliferan enfermedades. Practicar ejercicio físico, distraerse y tomar masajes es recomendable.

Mientras que en Sudamérica ya es primavera, nosotros los europeos vemos las hojas de los árboles cambiar de color y caer. Se marchitan las flores pero llegan las nueces y las castañas y el olor a chimenea, convirtiendo cualquier avenida en un pueblo.

Según la Wikipedia, en Brasil -país eminentemente tropical- psicólogos y psiquiatras tienen mucho menos trabajo que en Argentina o España. Lo anterior se interpreta en que la gente es mucho más alegre, bullanguera, optimista y participativa, tal vez, por la estimulación natural de la serotonina por el Sol.

Con la intención de estudiar todas esas influencias climáticas fue creada la Fotobiología, se trata de una disciplina científica que examina la relación de los seres vivos y la luz.

“La fotobiología estudia las interacciones de la luz con los organismos vivos. La interacción de los organismos vivos con la luz se da en distintas etapas. Primero tienen que absorber la luz, luego tienen que recibir esa señal y responder a esa señal con alguna acción o respuesta”, sostiene un científico llamado Gärtner.

Así que saco mi ropa de invierno, y meto una linterna en uno de los bolsillos de mi abrigo. Para alumbrar una senda húmeda de hojas caídas, para llevar la luz incorporada.

Para no resbalar ni pisar un charco. Para no decaer.

Sin embargo, gracias al cambio climático, puede que tengamos un otoño benigno, por decirlo de alguna manera. Un otoño en el que, si vivimos junto al mar, veremos a los osos polares viajando en icebergs hacia lo desconocido.

Las Cuatro Estaciones – Otoño (Vivaldi)

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