Aline Griffith, condesa de Romanones, falleció el pasado lunes a los 94 años de edad. Griffith perteneció a una generación de espías que operó en España durante el franquismo. Su vida se apagó a las diez de la noche y tendrá la capilla ardiente en la Iglesia de San Francisco de Asís.
Griffith fue una de las mujeres más divertidas y entretenidas del mundo social español. La condesa viuda de Romanones fue durante años presencia imprescindible en los encuentros de la alta sociedad española y una de los personajes más carismáticos y divertidos de este entorno.
Para su trabajo, se relacionó con la aristocracia española y conoció a Luis Figueroa y Pérez de Gumán, por entonces conde de Quintanilla. La pareja se enamoró y en 1947 se casaron en España, la novia llevó un vestido diseñado por Balenciaga. Ese sería el primer modelo de la colección de trajes de Alta Costura que atesoró durante años.
De su matrimonio nacieron tres hijos, Luis, Álvaro y Miguel. Además de su vida familiar y social, Aline se dedicó a escribir y en 1963 publicó sus primeras novelas de espías. Después de la escritura, el campo fue su segunda gran afición. Con una finca en Trujillo llamada Pascualete, hace años consiguió poner en marcha una marca de quesos de su finca.
Hasta su casamiento, Aline Griffith trabajó como modelo de alta costura, alcanzando notable popularidad en las más importantes pasarelas de Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de este trabajo y “por patriotismo”, según ella, se introdujo en el mundo del espionaje.
Considerada como una de las personas más importantes de la jet set internacional, Aline Griffith se dedicaba además a escribir. Su primera obra fue Historia de Pascualete, que recoge las vivencias de los condes de Romanes en esta finca extremeña de su propiedad.
La condesa no se hizo famosa como novelista hasta la publicación en mayo de 1987 de su libro La espía vestía de rojo, relato de memorias en el que narra sus primeras peripecias como espía a partir de la Nochevieja de 1943, en el Hotel Palace de Madrid.






