Whistling Straits Golf Course y Poseidón, el último grande con Rory McIlroy
El PGA Championship, cuarto y último de los majors de la temporada, se juega con los mejores desde este jueves en el Estado de Wisconsin, a orillas del lago Michigan.
A quienes sus conocimientos de geografía llegaron tan sólo a lo que aprendieron en la LOGSE –de infausta memoria – quizás les venga bien saber que la palabra lago junto al término Michigan no debe llamarles a engaño: se llama lago, pero podría llamarse mar, como mar se llaman el mar Negro, el mar de Mármara o incluso el mar Caspio. El lago Michigan tiene 58.000 kilometros cuadrados de superficie, es decir como Croacia, o la mitad de Cuba, o dos terceras partes de Andalucía. Es el mayor lago perteneciente a un solo país y el quinto del mundo.
No es extraño, por tanto, que los creadores del Whistling Straits Golf Course se acordaran de Poseidón, a la hora de escoger un logo para el club. Efectivamente, el logo presenta el rostro del mitológico dios del mar, con su barba, su pelambrera, sus bigotes y toda una cara inflada. Podría confundirse con Eolo, dios del viento soplando, pero las fuentes indican que es Poseidón silbando desde el agua sobre el estrecho.
Es el silbido del viento sobre las blancas rocas de la franja de tierra de este entrante del lago lo que dio nombre al campo. Whistling Straits – silbido en el estrecho -, fue lo que experimentó Herbert V. Kohler Jr., CEO de Kohler Co – cuando visitaba el campo en construcción, mientras se desataba lo que parecía la furia del dios del mar que estuviera enojado.
Quizás Poseidón conservaba todavía parte del enfado que se cogió cuando la ciudad de Atenas – parece que entonces más sabia que ahora – en vez de la fuente de agua que él le ofrecía por su protección, prefirió el olivo que le ofrecía Atenea: al menos con el olivo podían prepararse tostadas con aceite y con suerte unos huevos fritos. Como es sabido, Poseidón, un niño mimado, amateur en rivalizar con damas, no tenia buen perder: cogió el palo (en realidad un tridente sin homologar), golpeó su frustración contra el mar y produjo un terremoto con maremoto que inundó la ciudad.
Es posible que con la llegada del golf, la mítica deidad mejorara su carácter y ya no arrojase palos, ni bolas al lago. Sólo una transformación así justificaría que su cara figure como imagen corporativa de uno de los campos más interesantes del mundo.
Whistling Straits fue fundado en 1998, en una franja de terreno con el lago a ambos lados. Es una antigua granja – de hecho sigue habiendo ovejas fuera de temporada de golf –, cuya configuración permitió al arquitecto Pete Day seguir la idea de Herbert V. Kohler Jr. y diseñar un campo de golf tipo links. Se emplearon más de 13.000 camiones de arena para llenar más de 1.000 bunkers en el terreno. Se logró que por la disposición de los hoyos pueda verse desde cada uno de ellos el lago Michigan. Luego, todo se cubrió de festuca, hierba dura y sufrida, para completar un recorrido de unos 6.600 metros con greenes difíciles y movidos. Más difíciles si salta el viento fuerte.
Enseguida ganó prestigio este recorrido, poco usual en la PGA. Allí ganó en 2004 Vijay Singh el PGA Championship; allí derrotó Martin Kaymer a Bubba Watson en 2007, también en el PGA Championship, y allí se jugará la Ryder Cup de 2020. A tan excelso lugar se traslada la atención para cuatro días del mejor golf. Hay que aplaudir que la organización haya puesto en un mismo partido a los dos ganadores de los grandes de este año, Jordan Spieth (Masters de Augusta y US Open Championship) y Zach Johnson (Open Championship) junto al defensor de este premio, Rory McIlroy. El norirlandés ha declarado estar al 100%, tras su convalecencia por rotura de tobillo y, si es así, podremos ver una fuerte competición.
Cuenta Homero en la Odisea cómo Poseidón levanta tormentas para dificultar a Odiseo (Ulises) su retorno por mar a Ítaca. Por lo visto, el dios – ya hemos dicho que era de mal perder – cogió un rebote olímpico, nunca mejor dicho, a causa de que el héroe homérico, en un típico matchplay, había dejado sin su único ojo al cíclope Polifemo.
McIlroy no llegó a cegar este PGA Championship, pero sí que con su partidito de fútbol y su lesión de tobillo, del que informó Hechos de Hoy, había metido el miedo en el cuerpo y un dedo en el ojo del último grande del año. Esperemos que la deidad no arroje viento y agua sobre los links y se malogre el ansiado espectáculo.