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Bridgestone: un irlandés, Shane Lowry, se bebe el partido estelar
Cuando el partido estelar salía del hoyo 1, en el top 10 había 11 jugadores. Y lo primero que llamaba la atención era la diversidad de sus orígenes: procedían de seis países diferentes.
Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
Así era el reparto en la cabeza: Estados Unidos (3), Inglaterra (2), Suecia (2), Irlanda (1), Irlanda del Norte (1) y Australia (2). Si ampliamos la vista hasta los 25 primeros, aparecen más banderas: Colombia, Nueva Zelanda y Austria.
Es una muestra clara de lo abierto que está el golf internacional y, también, un dato claro para que encuentre los apoyos de patrocinios necesarios que lo hagan crecer. Es un deporte que se sigue en muchos países y de manera creciente, donde la hegemonía de un sólo país no viene a apagar los triunfos de los nacionales de otros.
El partido estelar compuesto por el americano Jim Furyk (-9) y el inglés Justin Rose (-9) partía con una ventaja de dos golpes sobre el irlandés Shane Lowry (-7) y de cuatro golpes a un pequeño grupo.
Casi en el mismo minuto en el que el partido estelar terminaba con -8 la primera vuelta, Shane Lowry realizaba un golpe prodigioso que afianzaba su liderato en el día con -10. Pero quedaban hoyos para casi todo. En -8 estaba también Bubba Watson. Y en-6 el sueco Henrik Stenson.
La última parte presentaba insospechados trazos de magia de golf. Mientras el líder del momento completaba con un largo par el hoyo, los dos únicos jugadores del top 10 que iban sobre el par del campo en el día eran precisamente los del partido estelar. Entonces, desinflado Justin Rose el torneo sólo era cosa de tres: Shane Lowry, Jim Furyk y Bubba Watson.
Éste último establecía el mejor resultado en Casa Club: un -9. Pero al final pudo el mejor estado de juego del irlandés que en la segunda vuelta, desde su birdie en el hoyo 10, se apalancó en los penosos putts de Justin Rose y en los desaciertos del otro de sus oponentes, Jim Furyk.
Por su parte los españoles estuvieron discretos. A Sergio García que había comenzado muy bien con un birdie en el primer hoyo, enseguida se le cortó el empuje con el doble bogey del hoyo 3. Observo en el castellonense en los últimos torneos una conducta tipo tortuga: mientras todo va bien anda suelto y algunas veces agresivo, como con hambre de birdies; pero en cuanto sufre una contrariedad (lagos, fallo de putts sencillos, etc.) su ánimo se contrae y, como la tortuga esconde la cabeza en su caparazón temiendo amenazas reales o presuntas. Y pasos a paso, no vuelve a asomar durante el resto del recorrido.
Es una actitud de guardar lo que queda de la cosecha, un arrugarse ante lo que signifique mínimo riesgo, que no pocas veces no sólo no le rinde frutos, si no que le hace perder lo que tenía. Esto parece que le ocurrió en esta última jornada del World Championship Bridgestone Invitational: después de aquel error del hoyo 3, todo eran pares, manchados por los bogeys de los hoyos 8, 12 y 15. Y cuando llegó un birdie era tarde, muy tarde para salir del pozo. La tortuga no avanza con la cabeza en el caparazón.
A lo mejor no le comen, pero ella no llega a tiempo para cenar. En el caso de Sergio García, su cabeza en forma de birdie llegó en el hoyo 16, a dos del final. Y no hubo más historia: terminó con un total de +3, a más de diez golpes de los líderes.
Pablo Larrazábal, voluntarioso y luchador, no encontró la brillantez de su juego: sus dos birdies seguidos en los hoyos 2 y 3, se vieron neutralizados por dos bogeys, también consecutivos, de los hoyos 4 y 5. Y ya no remontó: bogey a los hoyo 12 y 13; doble bogey al 15 y el remate final el bogey al 18. Total una tarjeta de 75 golpes para un total de +6. Pero ahí está. Y seguirá estando.
Al final, el homenaje hay que hacérselo al gran irlandés, Shane Lowry; un homenaje de la enorme dimensión del juego que ha desplegado, un recorrido con tres birdies y ningún error, lleno de atrevimiento, de golpes imaginativos hasta lo imposible. Para enmarcar, ese segundo golpe en el hoyo 18 desde el rough de la izquierda, entre los árboles para dejarla tan cerca que le bastó un putt para birdie y acabar -11. Un león irlandés, de barba y sonrisa amplia acaba de meterse entre los más grandes.
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