Cuando sólo faltaban de salir al campo los dos últimos partidos, ya había un jugador, George Coetzee, que había hecho 63 golpes, 9 bajo par. El mensaje para los de cabeza estaba escrito en aritmética: se puede. Las banderas, el clima, la adrenalina y el fervor del público clamaban el reto deportivo: se puede.
Las necesidades de puntos, de tarjeta del Circuito Europeo, de confianza extra, o la ambición de gloria proclamaban: se puede.
Podía hacerse una vuelta de escándalo entre los mejores, entre los que lideraban la pizarra. Pero lo que diferencia a un líder del resto de personas es que no buscan hacer cosas de escándalo. Sólo buscan ese lugar donde no hay más que un sitio: ser campeón. Y si no necesita dar la campanada para quedar primero el líder se conformará con la campanilla.
Se puede, y sin embargo no se quiere. O con el viento recién levantado de la siesta a lo mejor los de tarde no podían tanto como los de la mañana. El caso es que ninguno de los de la tarde se acercó siquiera a la tarjeta dominical del sudafricano: el aire fue otro, más fuerte y menos permisivo de resultados tan abultados.
La honra del deporte español, además de por la bandera de España señalando el lugar del hoyo 18; además de la que exhibieron espontáneamente Nacho Elvira y su caddy Diego al llegar a ese hoyo, acompañada por un atronador aplauso, lucía brillante por las posiciones ocupadas en la pizarra por los jugadores: siete golfistas españoles entre los 25 mejores (casi un tercio de los que empezaron el jueves); seis en el Top 15 y tres en el Top 5: Jorge Campillo (-15) 5º empatado, Nacho Elvira (-17) 3º y Jon Rahm (-20) campeón del Open de España 2018.
La tarde, enseguida se vio, era cosa de tres. En el primer hoyo, Nacho Elvira hizo birdie y empataba con Paul Dunne en cabeza.
Y Jon Rahm, acaso para no retrasar el mensaje acerca de cuál era este domingo su más íntima ambición, rompió las hostilidades sin la preceptiva declaración de guerra: dos birdies en los dos primeros hoyos. Cuando el líder Paul Dunne acabó el hoyo 4 tuvo que sostenerse en sus mejores leyendas gaélicas: su bogey en ese hoyo suponía que el vasco le empataba en cabeza. ¡Qué poco dura la alegría en casa del pobre! Dos españoles y un irlandés compartían el liderato.
Qué más podían pedir los aficionado venidos por miles al Centro Nacional de Golf. El guion parecía escrito para enardecer a los madrileños presentes y a los demás españoles que seguían a sus deportistas. Por ejemplo con el eagle de Nacho Elvira en el hoyo 5, el único que se ha hecho en esa jornada en ese hoyo.
Durante todos los hoyos hubo una rivalidad fuerte y serena. Unas veces uno de los tres, otras dos de ellos, o los tres empatados iban ocupando el primer puesto.
El que peor lo estaba pasando era Paul Dunne; quizás pasaba por su cabeza que todas las veces que ha liderado los tres primeros días, ninguna de ellas acabó venciendo. No cogía calle de salida; se le quedaban lejos los approaches. Salvaba los hoyos con el putter. Al filo de lo improbable, pero avanzaba.
La cuerda se tensaba. Jon Rahm iba primero, pero un fallo suyo en el hoyo 15 coincidió con un acierto del cántabro en el 14. Y le dio caza. Mientras, el irlandés, bogeys en los hoyo 11 y 14, no era el templado guerrero de las jornadas previas. Soñaban algunos con un empate español en el último hoyo. Sueña la margarita con ser romero, cantaban Amigos de Gines por sevillanas.
Y los sueños a veces se cumplen y a veces no. Un mal golpe en el penúltimo hoyo acabó con sueños y probabilidades de Nacho Elvira: sus esperanzas habían remado muy bien durante tres días y dieciséis hoyos para morir en la orilla del hoyo 18, del último hoyo. Sí estaba feliz por lo hecho y emocionadamente agradecido por el trato del público.
No pudo Nacho hablar con la victoria, pues “se apagaron las farolas/de las luces de tu calle/ y aunque sé que duermes sola/no me atrevo ni a llamarte”.
Jon Rahm sí estaba pletórico. Su sueño – un anhelo anunciado – “vengo a ganar” se ha cumplido y ha alcanzado el cielo de Madrid: “cuando la sueñas la vives/y cuando la vives las sueñas/que el cielo es como Sevilla/en una tarde de Feria.
Con esta ya son cinco las victorias de este vasco, un Elcano que cruzó el Atlántico a la inversa para dar su muestra de grandeza, agradecimiento y cariño al lugar donde más aprendió de golf.
Felicidades a él, a los profesionales españoles, a la Federación y al público. Y al ministro de Educación, Cultura y Deporte por estar ahí apoyando el golf.
Reservo mi mayor estima, la más agradecida, para el equipo de Comunicación de este Open de España: sin vuestro trabajo, dice cariñosa mi prima Margarita, yo no sabría hacer la “o” con un canuto. Siempre con ella y con vosotros.






