Tengo de morros a mi prima Margarita. Es un modo de hablar. De hecho ni ella me habla a mi ni yo puedo hablar con ella: no responde al teléfono; los whastapps ni los abre.
Espero que me comprendan. A nadie le gusta tener enfadado a un amigo, a un jefe, a un pariente corriente. Pero tener cortadas las comunicaciones con la más bella prima que uno haya podido recibir del cielo es un horror. Pero lo peor no eso. Lo que me tiene sumergido en cavilaciones es ignorar la causa de su enfado precisamente conmigo.
He repasado mi conducta de la última semana y, honradamente, no tengo nada que reprocharme. ¡Incluso le acompañé con tía Alicia a una tediosa entrega de premios de la ASEGOSINFRON (Asociación de Seniors de Golf Sin Fronteras)! Lo que los digo: un santo para mi prima.
Bueno, le gané en el hoyo 18 después de aplicarle una penalidad por coger la bola con la mano en el green sin marcarla previamente. Pero las Rules son las Rules, y ahí no hay tío páseme usted el río. Ella es conocedora de eso y no hizo ni un mohín. Y ahora no me habla. ¿Pero que he hecho yo?
Bueno, también me fui a casa de un socio sénior a ver juntos el partido España- Irán, el mismo día que me había pedido ir juntos, justo a la hora misma hora, a ver Jurasic World – El Reino caído.
.- Organiza un té con tía Alicia y sus amigas; son de esa época – le dije con un humor que me parece que no comprendió -. Además tengo que cerrar un negocio –, añadí con algo de “posverdad”, si se dice así, que será que no.
Porque más que cerrar, lo que hicimos es abrir alguna botella y meternos con la Selección Española. Pero vamos, de eso no se habrá enterado… ¿o sí? Las mujeres cercanas descubren en nosotros las verdades más arcanas.
Como no aguantaba más este alejamiento llamé a mi primo Gonzalo para sondearle. No hizo falta ni iniciar el sondeo.
.- Vaya la que has armado, primo – me dijo sin siquiera saludar: ¿cómo se te ocurre organizar en el Club un tertulión con María Acacia López Bachiller y no llamarnos a la familia?
.- ¡Ah! – acerté a articular.
.- Tienes a Margarita que no quiere ni verte- continuó Gonzalo sin atender mi “¡ah!
.- ¡Ah! – repetí, instintivamente.
.- No creo que vuelva dirigirte la palabra – ahondó en al herida el primo – . Es más, ha dicho, y aquí soy textual “Con este zopenco de primo que me oculta a mi amiga la Jefa de Prensa del Circuito Europeo, no quiero ni respirar el mismo aire”; fin de la cita.
.- ¡Pero si el Club remitió un boletín informativo! – protesté.
.- Margarita no lee más boletines que los de la Bolsa de Nueva York. – afirmó categórico.
.- Cierto – tuve que reconocer. ¡Vaya! Y os envié un mail a tíos, primos y, ¡ejem!, a ella uno especial con un poema de Cernuda.
.- Tampoco lee tus mails – concluyó mi primo Gonzalo – ¿Y qué querías? Porque has llamado tú.
.- ¡Ah!
.- ¿¡Ah!? ¿No sabes otra palabra.
.- ¿Sabes dónde está ahora, Margarita?
.- Iba al centro, pero ¿no se te ocurrirá acercarte a ella sin coraza?
Colgué con un saludo final y enfilé mis pasos al centro. Después de preguntar por ella en un par de boutiques, con la sagacidad de la estirpe, supe que estaría en Loewe.
Me colé en la prestigiosa tienda de lujo sin ser visto y hablé con la encargada en un aparte.
Oí la argentina voz de mi prima indicar que le mandasen la factura a casa.
.- No será posible, señorita. Su primo que está a la vuelta ha rogado que carguemos en su cuenta el importe…
No dejó terminar la frase a la distinguida empleada. Sus pasos resonaron y apareció radiante en color berenjena y miel delante de mí.
El rostro serio, a barbilla elevada, y unos golpecitos de tacón sobre la tarima daban dos pistas contrapuestas: o me mataba allí mismo o me perdonaba. Acaso para no manchar la seda de los pañuelos y la piel vuelta de los bolsos optó por lo segundo, me cogió del brazo y me arrastró a la terraza del Hotel Inglaterra.
Y allí acabamos de hacer las paces con una par de gintonics más mis explicaciones de la tertulia titulada: “El lado humano del golf – El Libro que nunca escribiré”.
Y si María Acacia no va a escribir el libro, menos yo voy a revelárselo a ustedes. Pero sí les diré que en una persona tan menuda como ella caben hasta reventar el llanto, la risa, la memoria herida, la emoción de docenas de detalles con fecha precisa, el trato humano con una vida tejida de golf y personas. Orgullo y humildad; generosidad y soledad del ganador; temblor por un mundo que fue “charmant” y que va cediendo a la vulgaridad. Y pasión por el deseo de gente que sea abierta, sencilla, alegre y capaz de mover a miles de personas por encima del éxito.
Se lo escuchamos en mi Club ese día y nos dejó pensativos: “nadie está preparado para asumir el éxito: todos pagan peaje”.
Cuando terminé, mi prima Margarita, me besó en la mejilla me dijo:
.- Zoquete de primo, por una vez has acertado: has puesto en el centro a quien siempre estuvo a un lado por propia voluntad.






