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LA NOCHE DEL SWING

En Suecia puede terminar Álvaro Quirós (-7) la travesía del desierto

Álvaro Quirós terminó -7 el penúltimo día en el Nordea Masters, que se juega cerca de Estocolmo. No parece que pueda ganar, pues un intratable Mathew Fitzpatrick (-15), ha puesto muy alto el precio, pero ya es Top 5.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Su mejor resultado de esta temporada fue 24º empatado en el Shenzhen International en, China. Desde que se hizo profesional en 2004, su mejor año fue 2011, con un torneo en segundo puesto y sendas victorias: Omega Dubai Desert Classic y Dubai World Championship. El año anterior había quedado 24º en el  PGA Tour.

También de 2010 es su victoria en el Open de España, cuando batió a James Morrison en el Real Club de Golf de Sevilla, mi Club, y el de ustedes si deciden hacerse socios, cosa que recomiendo vivamente incluso si en vez del golf practican otras disciplinas como la natación, el pádel y el tenis. O deportes de riesgo como el dominó.

Pero volviendo al golfista español, salió el desierto, para comenzar otro desierto. Me explico: desde aquella victoria en Dubái no ha vuelto a ganar ni a “papel, piedra y tijera”. Ahí tuvo inicio su particular y desoladora travesía del desierto.

Los autores espirituales, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús entre otros, dibujan con su buena prosa lo que es la noche del alma. Una experiencia mística de purificación del alma a la que el Creador permite quedar oscurecida y ayuna de experiencias gratificantes; su fe sufre el combate de la duda; la desesperanza quiere arrebatar la luz sobre el último devenir y la caridad es un pedalear en la cuesta arriba en riguroso abandono de todo lo sensible. No es que sea arduo, es que el camino ni se ve, ni se siente. Claro está que una vez pasada esa negritud a base de oración y humilde fortaleza interior, el espíritu goza de una extraordinaria libertad que le hace volar en grados insospechado de santa felicidad.

Obviamente, el misterio de la travesía del desierto no guarda proporción con la noche del alma, pues se mueve en un nivel inferior, pero el golfista que desde las altas cimas de su mejor juego se hunde en la noche del swing, sufre angustias inexplicables y que al no ser místicas, si no anímicas o de otra naturaleza, no pueden superarse por la sola piedad.

El caso es que Álvaro Quirós quiso en pleno vuelo de estrella del golf – estaba entre los 50 mejores del Mundo – cambiar las alas, si se me permite el símil aeronáutico.

Se lo escuché a él en un extenso reportaje televisivo; contaba parte de su desolación y de los caminos de avistamiento y aproximación a algún oasis.

¿Qué le había ocurrido? ¿Cómo es que pasó del día a la noche, de la abundancia a la medianía, de ganar 2.259.242 euros en el año de Dubái a menos de 200.000 euros en 2015?

Pues, curiosamente, fue a causa de un intento de perfección de su swing. Álvaro Quirós era un bombardero y aún lo es, capaz hacer sin apuros 380 yardas con driver. Pero quiso afinar con los hierros modificando el swing. Y al tocar el armonioso arco con el que la cabeza del palo atraviesa la bola y la lanza al objetivo se trastocó todo: armonía, follow through y proximidad al objetivo.

No le toquéis ya más, que así es el swing, podríamos haber aconsejado remedando a Juan Ramón Jiménez (“¡No le toques ya más/que así es la rosa”, El Poema, en Piedra y Cielo, 1919), pero ya estaba el proceso en marcha y él se lamentaba de que no conseguía encontrar aquel swing natural, efectivo de los días de gloria.

Y fuera de los primeros puestos hace mucho frío. Parece corta, pero es larguísima la distancia entre el puesto 359º del Ranking Mundial y el puesto 50º. Por eso trabaja duro, refugiado en el campo de golf Oceánico Victoria – ¿será profética residencia? – del Algarve.

Esta semana, la travesía puede terminar. Cinco años de andar solo, sin triunfos, pueden interrumpirse si se clasifica bien a 3.100 kilómetros de su actual residencia.

Álvaro Quirós terminó -7, Top 5, el sábado en el Nordea Masters, que se juega cerca de Estocolmo. No parece que pueda ganar, pues un intratable Mathew Fitzpatrick (-15), ha puesto muy alto el precio, siquiera para sus inmediatos seguidores, el belga Nicolas Colsaerts y el local Alex Noren (-10).

Pero ya en los primeros tres días ha presentado una solidez de juego y unos resultados parciales desconocidos meses atrás y prometedores para el futuro: 71-70-68.

Muchas veces, en la vida como en el golf, la solución a una infertilidad vital o profesional puede hallarse en ser uno mismo, sin querer adoptar la última ola. Está bien querer mejorar. Pero si algo funciona de modo brillante tampoco es cuestión de movernos a mudanza que cause turbación.

El deportista de Guadiaro está en un momento crítico, que puede alumbrar una nueva época de renacimiento. Y hasta el viento nórdico podría haber traído ecos de aquel fragmento de un encendido poema, también de Juan Ramón Jiménez:

“Fabricaré en mi sombra la alborada,
mi lira guardaré del vano viento,
buscaré en mis entraña mi sustento…”

 

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