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SUMMUM IUS, SUMMA INIURIA

Solheim Cup. Incidente en el hoyo 17: Pettersen en el centro de la polémica

En los partidos individuales de la Solheim Cup, el Equipo de Europa vencía 10-6 al de Estados Unidos. Pero el principio del fin sucedió en los Foursome en el hoyo 17: Pettersen y la rookie Lee en escena.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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El día venía triste en el campo de Sankt Leon-Rot. En ese club de golf al Sur de Hockenheim, en la orilla Oeste de la Europastraße E50, se reanudaban los partidos Foursome de la Solheim Cup que no habían terminado el día anterior por falta de luz.

No es que en la fría mañana dominical hubiera mucha luz. En esos momentos el marcador general era Europa 8-Estados Unidos 4 mientras las madrugadoras golfistas de los partidos de parejas terminaban sus respectivos partidos. Uno de esos partidos que estaba terminando era el que enfrentaba a las europeas Suzann Pettersen y Charly Hull contra las norteamericanas Brittany Lincicome y Alison Lee: iban empatadas y avanzaban por el hoyo 17.
 
Lincicome, veterana de la LPGA, había enviado su bola directamente al agua desde la salida. Eso, en un partido por hoyos (Match Play) y por  parejas es decir prácticamente adiós a poder contribuir en algo al éxito.
Las dos europeas alcanzaron con facilidad el green con el segundo golpe. También lo hizo la otra norteamericana, Alison Lee, que se dejó una posibilidad de birdie más fácil que sus compañeras contrincantes.
 
El primer putt para birdie lo tiró Charly Hull; rozó el hoyo y se quedó cerca; el equipo norteamericano concedió el putt. Hizo lo propio con otro gran putt de la noruega. Conceder un putt significa, como es sabido, que el equipo contrario no obliga a tirar el putt ante la evidencia de que es tan corto que la jugadora lo metería en el hoyo. Lógicamente ese putt concedido – dado – se contabiliza como los jugados:  así que las dos europeas que habían entrado de dos golpes en el hoyo 17, lo terminaron con un total de cuatro: dos para llegar a green, el efectivamente tirado y el concedido.
 
Le correspondía jugar a Alison Lee, rookie de 20 años, nacida en Los Ángeles, California. Tiró un gran putt que también pasó a escasas pulgadas del hoyo y reposó finalmente a 18 pulgadas del hoyos (45, 72 centímetros), distancia más cercana al hoyo de las dos que dio el equipo americano. Hay que recordar aquí, que dar o no dar un putt es opcional y nadie está reglamentariamente obligado a dar un putt.
 
Nada más tirar su putt Alison Lee, los miembros del equipo americano y la jugadora europea Charly Hull con su propio caddie y el de Suzann Pettersen inician el camino de salida del green. Suzann Pettersen no sale en la imagen. El caddie de Suzann Pettersen aminora el paso y se detiene mirando hacia el hoyo. En ese momento hay ruido y vemos a Alison Lee coger su bola, en un evidente creencia de que el putt estaba concedido.
 
Sin embargo, ahí empieza la controversia. Vemos al caddie de la noruega que, como hemos dicho, se había quedado retrasado, hacer un gesto con la mano derecha como de asombro y mira alternativamente a la joven americana y a su izquierda donde se halla su jefa noruega. Hull y su caddie ya han dado la espalda a la jugadora camino de la salida.
 
Se oye una voz diciendo “Europe One Up”. Se detiene el tiempo. Alison Lee mira en dirección de la voz, que vuelve a oírse nuevamente. Está claro que alguien – ¿Suzann Pettersen? – invoca la regla que impide que un jugador retire como concedida una bola que no haya sido expresamente dada. Interviene el arbitro que aplica la regla y da el hoyo a Europa.

Pettersen gesticula con ademanes exculpatorio, como si dijera “ yo no he dado ese golpe”. Todo está terminado. Es el hoyo 17. Sólo queda un hoyo, pero ni ganas. El equipo americano acata en silencio la resolución. Pero la cámara enfoca la cara de la veterana capitana americana Juli Inkster, que mueve el rostro con incredulidad de haber asistido a eso.
 

Cuando poco después termina el partido en el green del hoyo 18, con la victoria de la pareja europea, llora Alison Lee, que es consolada por sus compañeras y por su capitana: “I cry for you”, se le escucha decir. También llora, curiosamente, Charly Hull, ganadora, que con toda probabilidad deseaba haber ganado de otro modo. Las cámaras recogen grupos hablando en sueco con la noruega. Luego ya en inglés se le oye que ella había actuado “by the book”, con las regla.
 
Es cierto que esa es la regla escrita. Pero “summum ius, summa iniuria”, pues se trata a todas luces de una decisión que cumple con la  ley, pero no con la justicia. Suzann tiene razón, pero no está en la verdad.
 
Primero: no legal, pero sí deportivamente estaba obligada a dar un putt en extremo corto y fácil: más corto y fácil que el que le dieron a ella.
 
Segundo: hubo una retirada del green hacia la salida de las americanas. Hay un lenguaje del cuerpo, muy elocuente: cuando el equipo se aleja con presteza en dirección opuesta al hoyo, dando la espalda a la jugadora americana es un grito corporal de “coge esa bola y vámonos”.
 
Tercero: el árbitro en ese momento debió forzar una explicación creíble de la pareja europea.
 
No todo vale. La deportividad y el señorío deben ser más valiosos que la letra. Cuando Maradona metió a Inglaterra un gol con la mano sin apercibirse el arbitro, el tanto subió al marcador. Todavía a esa mano ilegitima siguen llamándolo “la mano de dios”. Desde luego no de Dios. Y  desde luego ni siquiera digna.
 
El gesto de estas dos europeas es un que se burla de la verdad, cargado quizás de razones.
 
Estados Unidos en este domingo ha emulado el milagro de Medinah, remontando los cuatro puntos que tenía de diferencia con Europa antes de los partidos individuales y se ha adjudicado con toda justicia la Solheim Cup por 14,5 a 13,5. Dios perdona siempre, los hombre algunas veces: la Naturaleza nunca. Y parece que el golf tampoco.
 

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