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FALTA DE LUZ AL FINAL

Sin reválida de Jon Rahm en un Farmers estrellado contra un empate

Describiendo el juego del domingo de Jon Rahm al comentarista le surgió el tópico: "Hay días que la bola no quiere entrar". Cuántas veces lo escuchamos los amateurs en nuestros partidos.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Se trata de jornadas en las que hagas lo que hagas nunca el resultado es bueno porque “la bola no quiere entrar”,
La peculiaridad de la frase es doble: exculpa al jugador del fallo y, mediante una prosopopeya, la responsabilidad del mal resultado pasa plenamente a la bola.

Vamos por partes. Parte primera: el jugador, en este caso Jon Rahm no tiene nada que ver con el resultado. Bien sea él mismo, bien sea el caddie, un amigo o un comentarista anulan la relación causa efecto entre el golpe y el acierto. Unas veces lo hacemos por benevolencia hacia el jugador a quien vemos como una víctima del Destino, y porque le deseamos todo lo mejor. Pero en el caso del propio equipo del jugador se trata de una mecanismo psicológico de defensa. Se desea no cargar la ya lánguida motivación del jugador con el pesar por haber hecho las cosas mal.

A eso le llaman positividad, aligerar el ánimo, reconducir el foco de atención. Y funciona cuando se tiene entrenado como lo tienen los jugadores profesionales. Repito, no estamos ante un truco de mamá débil para niño caprichoso. Más bien es un camino para que el cerebro del jugador olvide momentáneamente lo malo porque eso tiene efectos perversos en los golpes que siguen.

La prosopopeya, por su parte, es una figura retórica que consiste en atribuir a las cosas inanimados o abstractas acciones o cualidades de seres animados. Por ejemplo “lloraban las piedras”, “el cielo truena de indignación” o “la bola no quiere entrar”.

Es, en este caso, una buena manera de dar personalidad a la bola que es puro material inerte y redondo, porque así personalizada puede cargar con la culpa: poco hace la pobre más allá de rodar, hacerlo siempre por donde tiene menos obstáculo  mientras no la frenen la fuerza  y el rozamiento.
Menudo rollo. Pero, una vez terminada la jornada, al día siguiente, cuando ya no tenga efectos en la motivación de Jon Rahm analizarán con él a qué se debe su mal resultado de la vuelta final del Farmers Insurance Open.

Rahm hizo en los primeros nueve hoyos cuatro bogeys seguidos: hoyos 3, 4, 5 y 6. En los otros nueve asomó un birdie en el hoyo 13, pero enseguida otros tres bogeys en solo cuatro hoyos para acabar con birdie en ese hoyo 18 que hace un años le hizo – nos hizo – vibrar de entusiasmo al confirmar con él su victoria.

En total 77 golpes, cinco sobre par; un duro palo cuando hacía apenas veinte hoyos pugnaba por revalidar victoria. Pero la verdad es única: la responsabilidad no es de la bola, es de Jon. Igual que cuando hizo 66 golpes el viernes el honor le correspondió al español y no a la bola.

Los protagonistas de la última jornada en Torrey Pines eran unos cuatro jugadores juntamente con el viento y las condiciones de preparación del campo. Ahí estaban Ryan Palmer, Alex Noren y JB Holmes que venían en el partido estelar. A ellos se les juntó el australiano Jason Day, otro gran jugador que ya ha sido número 1 del mundo.

Por aquellos momentos, Keagan Bradley (-8) era líder en Casa Club.  Jason Day (-10) era colíder en el campo y se enfrentaba al último hoyo. JB Holmes -9 y Ryan Palmer con el mismo resultado iban con el otro líder Alex Noren (-10) en el hoyo 16.

Tela que cortar ya quedaba en lo que serían los últimos dos hoyos de este Farmers Insurance para el partido estelar. Y la tela se cortó al bies de modo impredecible por la costura de un triple empate final: Alex Noren a quien le bastaba un birdie para ganar,  se equivocó de palo y no pasó del par para empatar con Jason Day y Ryan Palmer que con un birdie se unió a ellos.

En el primer hoyo de desempate quedó eliminado este último. Y ahí empezó otra épica: ¡Hasta el quinto hoyo de play off hubieron de llegar el sueco y el australiano! Pero ninguno de los dos dobló la rodilla y por la oscuridad, por la falta de luz hubo de suspenderse el desenlace que ya será este lunes.

Sólo puede quedar uno y la bola no tendrá la culpa de la derrota ni la gloria de la victoria. Será un sueco, será un australiano pero uno solo ganará por méritos propios.

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