"Cosas de cuento de hadas", dijo Colin Dagleish, capitán del Equipo de la Walker Cup. Eso fue hace diez años cuando un chico amateur irlandés ganó el Irish Open, torneo profesional regular del Circuito Europeo.
Era la tercera vez que un amateur ganaba en una prueba profesional, tras las victorias de Danny Lee en el mismo año y la de Pablo Martín en 2007. "Tendrías que decir que la victoria de Shane Lowry fue la más grande (de las tres victorias amateur)” añadió Dagleish.
Y es que, además, el segundo día hizo 62 golpes igualando el número más bajo de golpes de un aficionado en el Circuito. Desde ese momento lideró aquel torneo en Drogheda para acabar adjudicándoselo en el tercer hoyo de desempate contra Robert Rock. Era domingo. Era el 17 de mayo de 2009. Y Shane Lowry acababa de cumplir 22 años.
Más de diez años después este mismo irlandés de la barba que sonríe vuelve a Irlanda, su isla, para levantar los dos brazos al cielo en The Open. “Cosa de cuento de hadas”, si tenemos en cuenta que en estos diez años que le separan de aquella histórica primera victoria sólo ganó en una ocasión en el Circuito Americano y cuatro en el Circuito Europeo.
Y que en los major tampoco ha tenido mejor suerte. Aunque tiene cuatro Top 10 y un segundo puesto (U.S. Open 2016), no había pasado el corte en los cuatro últimos Open Championship.
Ante él se abría este domingo la posibilidad de ganar lo más grande. Sí, el Open, la prestigiosa Jarra de Clarete es entre los torneos individuales el más codiciado trofeo para muchos profesionales, como los es la Ryder Cup en la modalidad de competición por equipos.
Al salir por el hoyo 1 de Royal Portrush Golf Club en el partido estelar de la ronda final, con todos los partidos en el campo, atesoraba ya una ventaja significativa de cuatro golpes sobre el inmediato perseguidor en la tabla, Tommy Fleetwood.
El día venía cargado de malos pronósticos del tiempo: habría lluvia y viento. Y lo hubo.
No es extraño que en estas circunstancias de temporal y de aguacero, y más si la victoria se presume difícil a la vista de las diferencias, hubiera príncipes del juego no apto para seguir. Como en una caída de reinos que parecen nacer vencidos se vio que algunos no pelearon al nivel de su nombre y del pundonor esperado.
Fue un domingo de caída de los dioses, de barro y derrota preanunciada de muchos caballeros del golf.
En el seguimiento que pudimos ir haciendo se ve que algo anterior, acaso interior, precipitó el derrumbe tremendo de los mejores. Por no transcribir todas las notas pondré sólo los ejemplos del hoyo 9 y del hoyo 18 y sólo de jugadores de acreditada capacidad, una vez eliminados por no pasar el corte, lo qué ya es fuerte, Rory McIlroy y Tiger Woods, números 3 y 5 del Mundo, respectivamente.
¿Cuántos golpes por encima del par llevaban al terminar el hoyo 9? Sergio García, +3; Henrik Stenson, +3; Jordan Spieth, +2; Xander Schauffele, +2; Dylan Frittelli, +2; Matt Kuchar, +3; Justin Rose, +5 y JB Holmes, +5. ¡Y este último llegó a liderar el Open Championship!
¿Con cuántos golpes por encima del par terminaron en el hoyo 18? Sergio García, +7; Henrik Stenson, +5; Jordan Spieth, +6; Xander Schauffele, +7; Dylan Frittelli, +7; Matt Kuchar, +8; Justin Rose, +8. Y JB Holme, +16.
Buena parte de estos caballeros tenían la misión de intentar alcanzar en la última jornada al líder irlandés y esos resultados dejan claro que el objetivo se diluyó como azucarillo bajo el agua de Irlanda.
La anterior evolución a peor de los resultados individuales de la casi totalidad de los líderes no puede tener sólo explicación meteorológica. Algo tuvo que ocurrir, además, en esa parte de la energía vital que llamamos motivación.
La motivación en golf como en tantas facetas de la vida, se fortalece, consistente y eficaz, cuando se trenza con la confianza y la destreza. Ésta última la tienen todos. Pero no había, probablemente confianza en lograr un buen resultado contra un campo difícil, distinto, áspero y contra un campeón muy encumbrado, todo ello en un día para no tener ganas de nada.
El propio Shane Lowry, que empezó con un bogey y muchos nervios debió ver enseguida que ese día era suyo y fue a por él, gestionando la ventaja que llevaba sobre Tommy Fleetwood, con la sabiduría de aquel cuento de hadas de su primera victoria en el Circuito Europeo.
El green del hoyo 18 era una fiesta de san Patricio – verde que te quiero verde – cuando el grandullón dio su golpe a green para dejar sentenciado el torneo. Lloró de emoción un poco su caddie Bo Martin; lloraron algo más su madre Bridget y su padre Brendan; hasta se vio alguna lágrima entre sus paisanos jugadores Graeme McDowell y Padraig Harrington. En fin también su esposa Wendy y la hija de ambos estaban como flanes.
Y no era para menos. El Open Championship te mete en la historia y borra no pocas penas de las horas inciertas.






