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Vimos lágrimas embalsadas en los ojos de Rory McIlroy cuando comprobó que iba a ser campeón del Irish Open: acababa de dar un soberbio segundo golpe en el hoyo 18, par 5, para dejar la bola a un metro para eagle. La mirada se nublaba en desahogo de anteriores esfuerzos frustrados.
Vimos lágrimas descendiendo por el rostro de Mathew Southgate en el mismo torneo. Son lágrimas que piden una pequeña explicación. No fueron porque fuese a ganar el torneo, que no tuvo posibilidades, sino porque ganaba otra batalla a la contradicción y la desdicha. En 2015 protagonizó una de esas historias humanas que conmueven cuando recordamos que volvió al Tour Europeo a través de la Escuela de Clasificación cuatro meses después de haber sido diagnosticado de cáncer testicular.
Esa vuelta se produjo después de una operación, en un momento, como reconoció, muy difícil para su familia, pues también conoció que una sobrina padecía leucemia. Y con su 4º plaza de este domingo se aseguraba la tarjeta del European Tour. Y esto terminó por abrir la espita de un llanto noble y silencioso.
Y vimos emoción en el desenlace del AT&T Byron Nelson Invitational. Las emociones son para el atardecer, para ese momento en que todas las cartas están repartidas y cada paso, cada golpe, cada intención crece en valor. Ya lo sabemos: hay instantes que no dejan margen.
Es a final del camino cuando nos tensamos. Porque se aprietan las oportunidades y las ideas se agolpan. Porque las bellas emociones son para el atardecer y sólo acertamos mezclándolas con cubitos de mente helada.
Sergio García, veterano desde niño, lo sabía este domingo y empezó a acumular buenos resultados desde el comienzo; para el hoyo 7, después de tres birdies consecutivos, ya había enjugado la diferencia de tres golpes que el líder Brooks Koepka le llevaba al inicio de la jornada.
Más o menos las cosas siguieron bastante igualadas, hasta que, como en el día anterior, el comienzo de los segundos nueve hoyos trajo la hora de las primeras emociones de una tarde de primavera: mientras Sergio García intentaba salvar el par en el hoyo 11, después de ir al agua de salida, Brooks Koepka fallaba un putt de birdie, pero ya volvía a llevar tres golpes del de Castellón.
Y llegaba el atardecer del torneo, esos cortos minutos tan largos, en el que las dimensiones – largo ,tiempo, tarde, alto, corto – se entrelazan para retar al jugador a que encuentre la brecha y descubra los secretos de toda hazaña.
Fue ahí donde Brooks Koepka cometía dos bogeys seguidos en los hoyos 14 y 15 y Sergio García, con un prodigioso birdie en el hoyo 16, volvía a empatar en la cumbre. Lástima de los dos centímetros que le faltaron para otro birdie en el hoyo 17… Pero, lo hemos dicho, dos centímetros son dos millones en esa falta de dimensión de las emociones atardecidas.
Sergio García pudo tirar para birdie en el hoyo 18 gracias a dos valientes golpes previos. Nunca huyó antes, ni lo hizo ahora para impulsar la bola con su putt que no llegó a entrar. Terminó líder en Casa Club con -15 en una vuelta de coraje y experiencia.
Todo quedaba a lo que hiciera Brooks Koepka en ese hoyo 18 donde los latidos se aceleran porque un sólo toque mal tocado trastoca los planes.
Y lo que hizo
Brooks Koepka fue no coger calle y, con su segundo golpe desde el rough dejó la bola a dos, tres metros a la derecha de bandera; si lo metía ganaba, si no al desempate. Emoción y tensa espera,
Sergio mesaba su barba de tres días ante el televisor de la Casa Club. Lo dijimos al comenzar: las emociones son para el atardecer.
Y el americano empató el partido.
En el desempate – hoyo 18, otra vez – las sensaciones no son más relajadas. El sol se pone en Irving, Texas a las 20:25 horas, pero en el tee de salida la luz ya se hacía invisible en las mentes de los dos jugadores.
Pulsaciones fuertes. Rostro serio y rutina concentrada. Sale primero el gladiador americano y su bola se va al obstáculo de agua de la izquierda. Sergio García resopla aventando pensamientos oscuros. No cambia de estrategia y con el palo más fuerte de la bolsa pone su bola en la larga calle. Tiene ya una ventaja que no desperdiciará y con el par gana el desempate
Sergio García se proclama vencedor del
AT&T Byron Nelson Championship.
Es su segundo triunfo en este torneo; el anterior es de 2004. Es su novena victoria en el PGA Tour igualando así la cifra que alcanzara Seve Ballesteros, y rompe con ella la sequia de triunfos en este circuito: no obtenía victoria desde el 2012 en el Widham Championship.
El campeón de Borriol venía avisando de su buena forma, se le veía en pasados torneos. Y en este caso se ha cumplido lo que decía Lord Byron, que “el mejor profeta del futuro es el pasado”.