Chiní Mercado es la señora que está sentada, y a su lado está Teresa. Las fotografié en julio de 2006 en la puerta del negocio familiar la Posada Mercado, un negocio que ha mantenido la economía de su familia desde hace generaciones. Turistas de lugares lejanos, tratantes de ganado, agrimensores, viajantes de comercio, futbolistas de segunda clase, maestros de paso, religiosos de ida y predicadores de vuelta de todo, músicos ambulantes, algún prófugo de la justicia y con toda seguridad alguna pareja furtivamente enamorada. Si las paredes de la posada contaran todo de lo que han sido testigos… otro gallo cantaría. A más de uno se le caería el pelo y más de dos se llevarían una gran sorpresa.
La primera vez que las vi y que pisé aquel histórico local fue el 14 de septiembre de 1994 durante mi primera visita de poco más de 24 horas a Santiago, un precioso pueblo de Misiones al sur de la República del Paraguay. Pedí permiso a las señoras que estaban sentadas en la puerta para hacer uso urgente de su baño. Confieso que salí de allí sumamente agradecido, con otra cara y por supuesto con otro cuerpo.
El edificio es de la época de las misiones jesuíticas, data aproximadamente de 1600 y está situada en la plaza mayor. Cada tarde, Chiní se ocupaba de las plantas de su patio. Me quedé helado, a pesar de la temperatura exterior, cuando vi el control que tenía de cada una de las plantas. No las veía, pero tocándolas era capaz de saber el grado de humedad, cuánto agua necesitaban y si gozaban de buena salud.
Chiní Mercado era una jardinera muy especial, probablemente poseedora de las manos más sensibles de todo el hemisferio sur. La señora tuvo la mala fortuna de perder la vista cuando apenas tenía 10 años. Se quedó ciega, según me contaba ella, por una negligencia médica.
De pie está Teresa, una fiel ayudante y su lazarilla desde que tenía 14 años. Teresa está ahora más cerca que nunca de Chiní, que con casi 76 años se rompió la cadera en una caída y ha perdido la memoria, no reconoce a nadie. Los ojos de Teresa ya eran los de Chiní, desde hace poco también será su cerebro. La memoria ahora ya no es compartida.
En enero de 1998, en pleno verano austral, ocupé una pieza que estaba situada al fondo del patio y ocupada por un sapo que se acercaba al kilo de peso. Qué susto me dió cuando le encontré debajo de la cama, escondido como si se tratase de un amante furtivo, ¡otro más!. Qué bichos, grandes y sumamente discretos. Me enteré de la existencia del vecino cuando ya llevaba una semana instalado allí. Al sapo le puse de nombre “Sopa”, aunque no sabía si era el o ella. Me despedí del animal el día en el que Nieves Acosta puso a mi entera disposición su casa. ¡Un lujo porque tenía aire acondicionado!.
Lo primero que hice al entrar en mi nueva pieza fue mirar debajo de la cama.
¡Que decepción, allí no vivía nadie!
Santiago Misiones, julio 2006. Madrid, julio 2015
Foto: © FranjaMelero
– FranjaMelero está compuesto por Francisco Javier Melero y Juan Carlos Melero. En 1981 se creó el grupo multidisciplinar Franja desde la revista La Luna de Madrid. En el año 2000 comenzó una nueva andadura desde el Centro I+D de la Estampa Digital en la Calcografía Nacional. Desde entonces más de 220 artistas de diversos países han recibido asesoramiento para crear, con las nuevas herramientas informáticas, obra gráfica.







