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Entre las decenas de fotos que aparecían con el rostro del muchacho esa llamó vigorosamente mi atención. Jon Rahm Rodríguez es un invitado de excepción al OHL Classic at Mayakoba que se juega desde este jueves al domingo próximo en El Camaleón, Riviera Maya (México). Jon es un jugador que acaba de cumplir 20 años. El joven tiene maneras para llegar a lo más alto: ocupa actualmente el número 2 del World Amateur Golf Ranking (WAGR) con 1364,69 puntos, a 63 puntos del líder, el norteamericano Oliver Shniederjans.
Jon es de Larrabea (Álava) y con 14 años, siendo campeón de España Cadete, ganó el Lacoste Promesas, a pesar de haber comenzado “hoy un poco nervioso”, pero al final consiguió “aguantar bien sobre todo gracias a los birdies del hoyo 12 –con un putt desde seis metros- y del 14 –de un metro y medio-“, como declaró al terminar. Un premio añadido fue recibir el apoyo y los consejos de José María Olazábal, un jugador que vive la cuarta dimensión del golf.
Actualmente
Jon Rahm reside en Tempe (Arizona), en cuya Universidad Estatal (ASU) estudia y en donde aprende golf. En el
Golf como en el Flamenco siempre estás aprendiendo. Y para aprender hacen falta unas referencias, unos fundamentos sanos que nos lleven del aprendizaje al conocimiento y de éste a la sabiduría. Estas bases parecen ser, en el caso de este joven español,
Rutina,
Ritmo y
Actitud.
La fotografía con esas consignas aparece añadida a su último tuit del pasado 11 de noviembre con un texto muy revelador. “Las claves de mi victoria!! Gran eagle al 17 para ganar!!”
Rutina: llama la atención en una persona tan joven el rasgo de personalidad que significa llegar a algo tan de gente madura. La rutina en el golf no es monotonía, sino atenerse con disciplina a las pautas que hacen fluir el mejor swing. Rutina es preparación de los golpes con pequeñas – y siempre las mismas – operaciones. Abrazarse a ella va a facilitar la regularidad en el golpe, en su ejecución y en la perfección posterior del vuelo de la bola. La rutina es la puerta para la concentración.
Ritmo: Conozco a más de un jugador que tiene interiorizada parte de una canción, unos compases que, repetidos en su mente al ejecutar el swing, hacen que éste no sea tan lento como un amanecer, ni tan rápido como un golpe de boxeo. A unos les van bien los primeros compases del vals Danubio Azul, a otros los acordes iniciales de La vie en rose de Edith Piaf (a mí me encanta la versión de Louis Armstrong, sobre todo para el putter). Sea como sea, lo importante es que mente y cuerpo no parezcan moverse con la inconexa torpeza espasmódica de un pavo al trote. El ritmo es la puerta a la consistencia.
Actitud: ser positivo no es algo que se improvise o que haya que dejarlo para cuando hacemos hoyo en uno o nos toca la lotería de Navidad. Que nuestros sentimientos estén bajo gobierno es sobre todo para cuando se oscurece el horizonte de nuestro anhelos. Eso en el golf sucede más que su contrario. Los errores y las equivocaciones son estadísticamente más frecuentes que los aciertos y golpes de fortuna.
Ya sabemos el adagio: humanum est errare. Lo importante es que ese estar errados no se escriba con “h” – herrados – porque nos hayamos puesto en modo asno obcecado y negativo. Los fallos son muchos, pero lo que los hace desaparecer de nuestra mente es aprovecharlos para potenciar nuestro optimismo. Y eso se trabaja: “para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo”, decía el viajante aragonés. Los errores se cuentan, pero el alma optimista tiene mucho más peso específico. La actitud es la puerta para la perfección.
En ese dorso de la mano de Jon Rahm no estaba escrita la cuarta palabra, la que convertirá al joven vasco de una “fuerza sin control” en un completo caballero del golf capaz de alcanzar y poseer la plenitud profesional y la plenitud personal: la cuarta dimensión es la Integridad.
Integridad: ser lo que se es. Ser quien se es y alinear corazón, cabeza y comportamiento a la alta dignidad que comporta en cualquier caso haber nacido humano y no bestia. Y eso vale para el golf, para operar de cataratas, hacer una paella o cuidar de los hijos. No estamos llamados a ser basura, ni tenemos derecho a negar con gestos y palabras la felicidad a los que nos acompañan en el golf y en los vericuetos de nuestra biografía. La integridad es la puerta al éxito que importa: haber servido a una causa noble con efectividad.
¡Aúpa, Jon! Con tus Rutina, Ritmo, Actitud… y con tu Integridad.