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Veía esta madrugada la finalización en Shanghai del WGC-HSBC Champions -¡Por Dios!, qué horas de jugar tienen en Asia -, primero de los cuatro torneos que componen las Series Finales del Circuito Europeo. Un bonito campo el de Sheshan International, que termina con un largo par 3 en el 17 y un difícil par 5 en el hoyo 18, al que flanquea por su derecha un amedrentador lago que termina en un húmedo abrazo al green.
Entre los de cabeza el zurdo de Bagdad (Florida), el explosivo Bubba Watson, parecía que se comería el mundo con cinco birdies hasta el hoyo 14. Pero en el hoyo 16 se hizo un bogey y en el 17 un doble bogey al salir mal, caer en el bunker. Tendría que afrontar el último hoyo con un -9. Terrible cuando en tu mismo partido van un Tim Clark y un Rickie Fowler, que ya llevan -10, el mismo resultado acumulado que otro grupo que viene justo detrás: el japonés Hiroshi Iwata, Graeme McDowell y el alemán Martin Kaymer.
Lo malo de errar en el anteúltimo hoyo es que el margen de recuperación se queda en cada casi nada. El golf es así de frágil y apasionante: has jugado cuatro días seguidos. Estás en la cumbre tras 69 hoyos y, en un instante, vamos, en dos hoyos se rompe el hechizo y te quedas ante la sangrante realidad de una posibilidades hechas humo cuando afrontas el hoyo final.
Estoy seguro de que, cuando la técnica abra otra puerta más a la comunicación palpitante del deporte, llegaremos a ver en los marcadores electrónicos un gráfico, en tiempo real, con las pulsaciones de los jugadores. El corazón de Bubba debería ir a doscientas pulsaciones por minuto cuando subió al tee de salida del hoyo 18. La cara era un poema. Con ese polo gris rayado, abrochado hasta el último botón, los labios apretados y los ojos incendiando el horizonte, parecía que iba a sufrir lo que se conoce vulgarmente como una congestión.
En fin, c’est la vie, hoy ganas, mañana pierdes, puede pensar un tranquilo espectador desde el reposado cóctel en el hospitaly de invitados, mientras bebe un poco de champán. Pero el jugador profesional no está para champanes cuando se trata del último hoyo de un gran campeonato como este WGC-HSBC Champions. Así que el americano cogió su driver PING de color rosa y atizó a la bola como si la odiase: era imprescindible entrar de dos golpes en ese hoyo par 5 para enjugar las perdidas de los anteriores.
Sus dos compañeros de partido tuvieron desigual suerte. Mientras Rickie Fowler perdía toda opción al caer al agua en su intento de entrar también de dos en green, el sudafricano Tim Clarke, de menor pegada ni osó tal hazaña: se conformó con entrar de tres con un acertadísimo approach: la bola quedó a menos de dos metros de la bandera. Toda la ventaja estaba de su parte.
¿Y Watson? Pues el magnánimo mago del golf acabó con su segundo golpe en el bunker de la izquierda a unos doce metros de la bandera. Feo asunto para quien a acaba de hacer un destrozo en el hoyo anterior y, precisamente, desde una trampa de arena.
Bubba Watson se asomó al borde de bunker. Midió con su vista la distancia entre bola y hoyo. Volvió a mirar el green; movió con su característico tic el hombro izquierdo. Y otra vez el green, las caídas… la hierba…y a lo mejor musitó una oración. Se metió en el bunker, afirmó su stance con los pies y realizó un swing poderoso y ajustado, tanto que la pelota botó cerca del nervio que iniciaba la pendiente y se puso a rodar mansa, constante y certera para colarse en la copa. ¡Hurra! ¡Hurra!
Vaya con el golf. Es frágil. Todo se puede venir abajo en un desafortunado revés. Pero también concede premios a la habilidad, al genio y a la creatividad. El oficio artesanal de elaborar tus golpes puede alcanzarte las estrellas en forma de eagle en el último hoyo, que a la postre te da el triunfo. Bubba Watson tuvo que volver a jugar este mismo hoyo para desempatar con Tim Clark y ganó a lo grande. Ahora todo el viento iba a favor de su nave.
Como aquel aire que surcó su bola en agosto pasado cuando hizo con su driver la escandalosa distancia de 424 yardas (387 metros) en el par 5 del hoyo 16 en el Bridgestone.
Tras esta victoria en China, Watson ha declarado: “For me this is the big one”… “Es muy grande porque siempre he querido ganar fuera de Estados Unidos. Es mi séptima victoria, que me acerca a las 10 victorias que siempre tuve como neta. Añada que es en un Campeonato de Golf del Mundo, así que si sume todo y tendrá lo mucho que significa”.