Un tuit del BMW PGA da una de las claves del viernes en el torneo buque insignia del Circuito Europeo: “21.818 a Wentworth today – think most of them were following Rory…”.
Exacto: el norirlandés y su agresivo juego son un imán para el acero de la atención del público del golf. Y este torneo – primera de las ocho pruebas de las Rolex Series– tiene un plus de atractivo.
Allí, en el exclusivo Wentworth Club, anda luciéndose la más bella de mis primas. Teóricamente ha ido Londres a cerrar flecos de las operaciones de su cartera de inversiones de cara a la consumación del Brexit. Pero la consumación no quita la consumición, especialmente de champagne en la carpa de hospitalidad. Odio que haga eso, que se deje acompañar por bandadas de lechuginos que la cortejan, le agasajan y le invitan a todo.
No me malinterpreten, me parece colosal que lo pase bien, que coma, beba, firme contratos millonarios, aplauda a golfistas y todas esas cosas que forman parte de su posición. Pero, ¿a qué viene fijarse en ingleses y americanos? ¿Es que no hay españoles en el mundo? y ¿la Marca España?; y ¿la familia? Los primos estamos en el mundo para algo, digo yo.
Bueno, volviendo al BMW PGA Championship, el mejor español después de dos días es Rafa Cabrera Bello (-4), que si el jueves no pudo pasar del Par del campo, el viernes con seis birdies y 2 bogey logró bajar cuatro golpes y situarse empatado en el 31º lugar. Además del canario, sólo Scott Fernández ha pasado el corte fijado en -1 y ambos serán los únicos españoles en jugar el fin de semana.
Los otros jugadores patrios, como las carretas del Rocío ya están volviendo. Te entran ganas de recordar a Los Romeros de la Puebla: “Esa tristeza que entra/cuando se acaba el Rocío/Cuando se viene de vuelta/por la arena pensativo”.
Entre estos que regresan a casa están Gonzalo Fernández Castaño (+1), Nacho Elvira (+1), Álvaro Quirós (+1), Pablo Larrazábal (+2), Jorge Campillo (+2), Pedro Oriol (+3), Adrián Otaegui (+3) y Carlos Pigem (+7).
Me siento solidario con todos ellos. Yo también estoy jugando mal. Cosas del bunker. Pero si no es el bunker siempre hay otra cosa. Ganar es difícil. Ganar seguido un sueño. Y ello, pobriños, viven de eso. Sí, me siento abatido desde ayer, haciendo también mi camino de vuelta: “Ni la guitarra me alegra/Ni las voces del boyero/Ni el crujir de la carretas/Ay, que triste es el camino/Cuando se viene de vuelta”.
Pero, ea, hay que mirar para adelante. Yo miro a Wentworth, mansión señorial de tejado almenado, que fue desde mediados del siglo residencia del carlista exiliado Ramón Cabrera, casado con aquella mujer soberbia, Catherine Anne Vaughn-Richards, miro y me digo “esto si es una solución habitacional”. Conserva el señorío que le ha dado el origen y el tiempo, pero ha sabido adaptarse al discurrir de los tiempos y su nuevo destino: Casa Club.
Y miro también cómo han sido los primeros días por la parte de arriba de la pizarra. En el Top 10 se aprietan dieciocho jugadores. En el puesto 9º, con -6 encontramos a diez profesionales de ocho nacionalidades diferentes. Hay uno que es el número 432 del Ranking Mundial (el danés, Lasse Jensen) y, en el extremo opuesto el número 33 (Branden Grace).
Si subimos otro escalón en la tabla, encontraremos empatados en 5ª posición con -7 a cuatro ciudadanos bien conocidos del Circuito: Francesco Molinari, Kiradech Aphibarnrat, Alex Noren y Robert Rock.
Un paso más arriba, 4º en solitario con -8 al más solitario, Tommy Fleetwood. Luego, en segundo lugar con -9, dos estrellas errantes: Sébastien Gros y Sam Horsfield. El francés es el número 794 del mundo y el inglés el 285.
¿Por qué me fijo en esto? Pues muy sencillo, para volver a subrayar que la vida imita al golf. Personas casi desconocidas ocupan, en algunos casos casi de repente, las primeras posiciones, la fama y la celebridad. Sí, todo lo efímera que quieran. De hecho vivir y ser efímero podrían ser sinónimos.
Ahí tienen a Meghan casándose con Harry, donde Meghan es Meghan Markle (ex actriz estadounidense) y Harry es SAR Príncipe Enrique de la Casa de Windsor (Duque de Sussex). O, por terminar con apariciones estelares podríamos citar a actores, escritoras o políticos que en un pis-pas están en boca de todos.
Sin embargo, y en esto también tenemos en la vida y en el golf estrellas que lucen con un sol interior. Por ejemplo mi prima Margarita que, con su sola presencia, ha multiplicado por mil lúmenes la claridad del día en Surrey.
Efecto muy parecido al que produce en golf Rory McIlroy. El juego luminoso del jueves le llevó a completar la vuelta del West Course con siete birdies por sólo dos bogeys. Pero es que este viernes entregado un tarjeta limpia de bogeys y con siete birdies; un total acumulado de -12.
Ya ganó en 2014 y, con actuaciones como las de las dos jornadas iniciales, puede repetir en 2018. Todo es volver: “Esas pisadas tan lentas/Que se deja en el camino/Las va borrando la brisa/Suspirando entre los pinos/Y vas echando la cuenta/Para el próximo camino”.






