Concretamente, en cinco hoyos de la segunda vuelta Rafael Cabrera Bello lideró en solitario la pizarra, con el imperturbable Henrik Stenson en el mismo partido estelar. Pero en el hoyo 16, mientras el sueco hacía un correcta salida a la izquierda de la calle, la bola del español fue a caer en el fondo del bunker que justo en el centro de la calle abre sus devoradoras fauces.
Con el segundo golpe, la bola rozó el talud de la trampa de arena y en su errática trayectoria pareció buscar la dificultad de agua que había a la derecha. Y allí se detuvo. La bola podía jugarse. Era difícil, al yacer por debajo de los pies pero podía jugarse. Y Rafael se la jugó. Un gran golpe que, pese a botar en green, sobrepasó éste y terminó cayendo al agua por el otro lado. Golpe de penalidad y un approach corto a borde de green que rueda más de la cuenta; putt para bogey que no entra y, finalmente, doble bogey.
Mientras, su compañero competidor hacía el par. Así, en un instante tenebroso, Rafael Cabrera Bello pasó de luchar por el cielo a entornar la puerta de su particular infierno; de ser líder por un golpe a situarse uno golpe por detrás: Henrik Stenson compartía liderato en ese momento con Rory McIlroy y Justin Rose.
¿Qué le había pasado a Rafael en ese fatídico hoyo 16? ¿Mucha presión? ¿Encogimiento del juego por “miedo a triunfar”? Luego lo analizaremos pues ahora vamos al hoyo 17, un precioso para 3 con la bandera a 195 yardas, protegida a apenas dos metros por dos bunkers frontales.
Además, el green, como gusta mucho hacer ahora en los diseños de emoción, era como una isla. Es decir el jugador tiene que superar una larga distancia para dejar la bola en green, pero si quiere lograr el birdie, necesita tener todo de cara. Todo es todo: swing, aire, fluidez de juego, sensibilidad de manos, acertar con el palo y con la velocidad de swing.
Sólo 12 jugadores consiguieron hacer en dos golpes el hoyo 17. Henrik Stenson, golpeó la bola que fue a botar en las escasas pulgadas de rough que separan bunker y hoyo; la bola rodó hasta quedarse dada, a poco más de un pie de distancia de la bandera. Un golpe prodigioso, que enviaba a Rafael Cabrera Bello un mensaje sin palabras, que venía a decir: “chico, si quieres tener un mínima oportunidad has de mejorar esto”.
La figura y el aspecto de Rafael, en ese momento, era una alegoría de aquella estrofa de la canción isleña: “todas las canarias son / como ese Teide gigante: / mucha nieve en el semblante / y fuego en el corazón”.
En aquel semblante de este profesional no había ninguna alteración que delatara sombra alguna de frustración. El fuego estaba guardado donde debía estar. ¿Presión? Lo lógico es que la hubiera tras el bofetón del hoyo anterior. Pero no vimos ni temblor de miedo, ni encogimiento: sólo compromiso con el deber inmediato.
Bien plantado en el tee de ese hoyo 17 hizo el golpe que tenía que hacer, por la línea que tenía que hacer si quería conseguir estar en la pelea por el primer puesto. La bola buscó un bote unos centímetros a la izquierda de la que había tirado el sueco pero, mientras la de éste había rodado para adelante hacia el hoyo, la de Rafael volvió para atrás en una dolorosa caída al agua.
Y ese fue el definitivo adiós a la victoria del español en el Jumeirah Golf, último torneo del año en el Circuito Europeo, ya que con el consiguiente golpe de penalidad volvió a hacer doble boggey. Ese hoyo 17, salvadas todas las diferencias salvables, fue para él como debió ser el monte Nebo para Moisés, un lugar a las puertas de la tierra prometida.
Pero, y esta si que no es una diferencia menor, mientras que el gran profeta conductor de los israelitas después de ver “desde Galaad hasta Dan, todo Neftalí y la comarca de Efraím y Manases y toda la comarca de Judá hasta el Mar Occidental” murió, a nuestro héroe contemporáneo le queda tiempo por vivir, grandes cosas que hacer y mucho por aprender.
Resulta admirable en él que lograra hacer un día 64 golpes (8 bajo) y el siguiente 65, (7 bajo). Fueron los dos días previos a la batalla final que luchó a brazo partido con un inmenso Henrik Stenson, que con dos birdies en los dos últimos hoyos rubricó una victoria en el mismo lugar que hace un año y que le hacen permanecer en la cúspide de golf mundial.






