Amaneció un buen día para jugar golf. Me refiero a Baltusrol, claro. Porque en mi Club para jugar o salías a las ocho de la mañana o mejor llevarse una nevera portátil para meterse en ella entre hoyo y hoyo. Calorazo de campeonato.
Pero en ese campo situado en Springfield la temperatura era de un calor grande pero aceptable, salvo por la humedad; la brisa soplaba suave y los pinos daban sombra. Algunas bolas iban esas a sombras, acaso contra la voluntad de su dueño.
De los 156 jugadores que participan en este PGA Championship 2016, casi todos padecieron el estado del campo y padecieron un insufrible estado de greens: en cada hoyo las “lecturas” de las caídas despistaban. También era impredecible en muchos hoyos cuál era el mejor lugar para botar la bola para acercarla a la bandera.
Por ello, un solo jugador de los que tomaron la salida por la mañana hizo un resultado de -5: Era Jimmy Walker, ese Skywalker, chiflado por la astronomía. Detrás de él, en esa ronda matutina aparecieron nada más dos jugadores a un golpe: el inglés Ross Fisher y Emiliano Grillo.
El argentino con un juego más sobrio del que es en él usual hizo 6 birdies por sólo dos bogeys. Resistencia se llama su castillo.
También por la mañana jugaron, pero sin ganar al campo, Phil Mickelson (+1), Rafael Cabrera Bello (+2) y Rory McIlroy (+4). Sí lo hizo bien Rickie Fowler (-2).
Y en la tarde pudimos ver algunos otros de los mejor clasificados del ranking mundial. Especial padecimiento con calles y greens experimentó Dustin Johnson, nº 2 del mundo y ganador del US Open, pero que hizo doble bogey al hoyo 3 y bogeys seguidos en los hoyos 5, 6 y 7. No hizo ni un birdie hasta el hoyo 9. Pero para entonces iba 4 golpes por encima del campo y lo empeoró con otro doble bogey en el hoyo 11. Severo revés que le llevó a la puerta del adiós. +7.
Entre los partidos a disfrutar por un espectador entendido estaba el que compartían Bubba Watson, Jordan Spieth y Sergio García. Cada uno de ellos, lo sabemos, tiene un estilo diferente. El zurdo Watson no dejó de ofrecer golpes de gran potencia, de vuelo curvo en la bola y aterrizaje forzoso en algún lugar cerca del hoyo. Hoy no le salieron las cosas siempre así y tuvimos que ver un Bubba artístico desde el nutrido rough.
Por su parte Jordan Spieth volvió a mostrar signos de desorientación: salidas muy fuera de calle como en el hoyo 7 que le costó un doble bogey; golpes de approach que no alcanzaban una distancia prudentes y putts que no terminaban de entrar.
Sergio García pasó los nueve primeros hoyos al par y se le veía mejor que a muchos. Los primeros nueve hoyos son los más difíciles del recorrido: entre el hoyo 1 y el hoyo 9 están los cuatro más duros del ranking del campo según las estadísticas: el hándicap 1 es el hoyo 7; el hándicap 3 es el 1; el hándicap 4 es el 3 y el hándicap 5 es el 6.
Sin embargo fue en la segunda parte donde Sergio García cosechó dos bogeys: hoyos 12 y 15.
Y luego comenzó a llover. No terminaba de caer la tormenta, al menos por fuera. Porque por dentro más de un jugador tronaba de frustración ante putts fallados que parecían fáciles; ante golpes de aproximación que sólo se aproximaban a los obstáculos de arena; ante la abrumadora presencia de los enormes pinos o, en algún caso, ante los gritos poco educados de espectadores enardecidos.
La decepción era patente en ese gran partido – Watson, Spieth, García – cuando, por ejemplo, en el hoyo 17 – par 5 y segundo hoyo más fácil – los tres fallaron calle, anulando cualquier posibilidad de entrar de dos golpes para intentar el eagle.
En el último hoyo los tres salieron muy bien y tuvieron su oportunidad de birdie que no desaprovecharon para terminar Bubba Watson +1; Jordan Spieth al par y Sergio García +1.
El mejor caso de la tarde estaba siendo el del Martin Kaymer, que enseguida encontró ritmo y precisión para ponerse -4 antes del último hoyo. Parece que ha cambiado algo en el alemán que le ha devuelto la consistencia. No había alardes, sólo aciertos.
Baltusrol es como un amigo de toda la vida: no pide más, te pide eso: que lo aceptes como es y lo trates sin coba pero con cercanía. Martin Kaymer respetó la condición y, también como un viejo amigo leal, no escondió sus personalidad y no se dejó llevar por el temor. Jugó, y punto, y terminó en el segundo puesto de la difícil jornada.
Para la segunda jornada nada está decidido pues en el Top 10 hay una veintena de profesionales a los que no separan más de ocho golpes.






