Esa es la persona enterrada allí, en el cementerio presbiteriano de Westfield y es quien da nombre a Baltusrol Golf Club. Era el 22 de febrero de 1831 cuando Baltus Roll un sencillo granjero de la zona fue atacado en su casa. Los asaltantes, dos hombres, lo golpearon para que revelara dónde guardaba su dinero. El no dijo nada. Lo hirieron hasta la muerte, lo ataron y lo arrojaron fuera de su casa sobre el hielo.
Nadie fue condenado por el crimen. Se cuenta que uno de los malhechores se ahorcó antes de ser castigado. El otro fue absuelto por insuficiencia probatoria. Baltus – Boltus dice la lápida por un error ortográfico – estaba casado y no tenía hijos.
Cuando a final de ese siglo, otro agricultor, Louis Keller, decide hacer un campo de golf por allí, le pone el nombre de Baltus Roll para inmortalizar al menos la memoria de su colega asesinado.
Baltusrol, que de jueves a domingo acoge el último major, el PGA Championship, tiene dos recorridos –Upper Course y Lower Course – y un prestigio de sobra reconocido. Es un campo extraordinariamente bello, obra de A.W. Tillinghast.
Este diseñador y constructor de campos de golf pensaba que “si algún hoyo no posee personalidad distintiva gracias a un don de la naturaleza, se le debe dotar de ella artificialmente tanto como sea posible, pero el artificio debe introducirse de una manera tan sutil como para que parezca natural”.
Como suele decir mi bella prima Margarita, el golf forma parte de las cosas de la vida en las que ser sutil es poseer la facultad de hacer visible lo hermoso en la naturaleza, en las personas y en las cosas.
Pero estos días estoy sin inspiración porque ella, la inigualable Margarita, se ha ido precisamente a Nueva York. Si le entendí bien cuando me llamó antes de embarcar, al parecer sus “activos, después del Brexit, están menos expuestos en Wall Street que en Paternoster Square”, por lo que se ha visto “obligada a deshacer posiciones en el London Stock Exchange (LSE) y hacer algunas ‘comprillas’ (sic) de sofisticados valores americanos, warrants y mercados de futuro”. O algo así.
De hecho, podremos verla por Baltusrol (Springfield), NJ, a media hora de Nueva York, invitada por un alto directivo de Chase Sapphire Preferred, compañía que, junto otras, patrocina el PGA Championship.
Ring-ring-ring. Pues hablando del rey de Roma, por el móvil Margarita asoma.
.- Prima querida, ¡que bueno oírte justo a la hora de la cena! – le suelto entusiasmado – ¿Estarás en Balthazar?
.- Zoquete, primo querido: pon tu cabeza a pensar: aquí son seis horas menos y acabo de terminar una reunión de financieros, y éstos no van a sitios como Balthazar.
.- ¡Ah! – respondo sin saber donde cenan los lobos de Wall Street -. Entonces te llevarán a un club de caballeros…
.- ¡Que va! Me han visto mediterránea y cenaremos en Yefsi, un restaurante griego en York Avenue que les hace gracia. Dicen que es cocina sencilla, suave y hecha para compartir..jajajajaja –se ríe- me veo cenando un yogurt de plátano. Jajajaja – vuelve a reírse – Y tú escribiendo ¿no? ¿Estarás con el del PGA Championship?
.- Sí – me alegra oírle hablar de mis textos -. Precisamente ya he hablado del asesinato de Baltus Roll que da nombre…
.- Tienes la sesera carcomida por el microbio patógeno de la falta de sentido común. – empieza animosa-. Vas a quedarte sin lectores como te dediques a la novela negra. ¡A quién se le ocurre!
.- Mujer, verás: hay que enmarcar el relato…
.- Lo que la gente quiere saber son cinco cosas – primo del alma – y menos rodeos; vamos… las cinco uve-dobles que te ensañarían en la facultad de Comunicación.
.- Perdona – le respondo para poner las cosas en su sitio -: yo nunca fui a esa facultad, si no a la de Derecho que tenía mejor bar.
.-Ya, se nota – dice terca y atractiva –. Pues, para que lo sepas: a tus lectores les interesa saber: What, Who, When, Where y Why. Todo lo demás es paja.
.- Bueno, probablemente eso lo sepan ya por la tele. Lo que seguro que quieres saber tú es qué pasa con Phil Mickelson. – sugiero para desviar su atención del tema de mis capacidades literarias.
.- Ah, sí. Dime, dime.
.- Pues te cuento …
Y se lo conté como hago ahora con usted amigo lector si sigue ahí.
Phil Mickelson viene en una forma estupenda tras su mano a mano con Henrik Stenson en el British. El americano ya ganó en Baltusrol en 2005. Aquel año, por culpa de las tormentas terminó en lunes, y triunfó por un golpe, con su birdie en el hoyo 18.
Han pasado once años y Mickelson no ha ganado otro PGA, ni éste ha vuelto a jugarse en Baltusrol. Antes de la jornada inaugural, el jugador de San Diego ha expresado su hambre de ganar un grande: “cuando se llega a un cierto nivel, si no ganas un 'major', la temporada va a ser en parte decepcionante lo mires por dónde lo mires”.
Mi prima se ha quedado callada. Luego, ella es sutileza, me ha pedido perdón y yo le he recitado el poema gravado en el reverso de la lápida de Baltus Roll. Me parece una buena preparación para ganar a la primera y no estar sometido a la incertidumbre de los hoyos de desempate:
“Amigos que lloráis sobre mi tumba
Componed vuestras mentes para descansar
Preparad conmigo la muerte súbita
Y viviréis bendecidos para siempre”.






