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CONJURA DE LOS ELEMENTOS

Pablo Larrazábal lidera el Open de España, contra viento, marea y rough alto

"Hoy Valderrama ha enseñando todos y cada uno de los dientes que tiene"; con estas palabras describía Sergio García, los rasgos de un enemigo llamado campo de golf. Eso era jugar al filo de lo imposible.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Le preguntaba a un amigo si de verdad pensaba que todo el mundo puede ir al cielo. Me contestó que sí.
.- ¿Incluso los pesimistas? – insistí.
.- Sin duda, pero probablemente les toque detrás de una columna.
 
Me he acordado de  esto después escuchar en el set de prensa del Open de España los juicios de algunos jugadores: son unos optimistas incurables.
 
1.- James Morrison: “La vuelta de hoy ha sido una prueba dura, pero en el fondo la he disfrutado. Es muy bueno jugar en un campo que te obliga a concentrarte tanto en cada golpe”.
 
2.- Sergio García: “Estoy contento aunque desilusionado por los hoyos 16 y 18. He jugado bastante bien, ha sido una vuelta muy peleada, como tiene que ser”.
 
3.- Alejandro Cañizares: “Cuando he visto el día que hacía he pensado que había que tener mucha paciencia, que los fallos iban a salir y que se iban a acentuar con el viento. No es fácil recuperar una vuelta que ha empezado como la mía, 3 arriba en los primeros hoyos”.
 
4.- Pablo Larrazábal: “Ha sido una jornada soñada, uno de los 3 mejores días de mi carrera, hacer par en estas condiciones es como hacer 7 ó 8 bajo en otro campo en un día perfecto”. Y…
 
5.- Rafa Cabrera Bello: “Creo que hasta 5 golpes al día son recuperables y más en este campo, es muy difícil y pueden pasar muchas cosas”.
 
Son cinco declaraciones, espero que no sacadas de contexto, que nos revelan que nuestros chicos se ganarán el cielo, pero sin columnas por medio. El espíritu deportivo ayuda. Al menos a mí, con lo que he tenido que soportar a mi prima Margarita.
 
En cuanto me ha visto por el range driver del Real Club Valderrama contemplando los armónicos y concienzudos entrenamientos de los profesionales me ha soltado.
.- Primo obtuso: ¿eres el único que no se enterado de que eso ya no se lleva?
.- Perdona,  querida – le he respondido algo molesto y con la convicción de quien elige con gusto la propia ropa -, pero esta camisa de cuadros escoceses del clan McIntire son lo último en  Savile Row, ideales para espectadores de deportes de élite.
.- No me refiero a tus cuadros, (que no son escoceses del clan de los McIntire sino ingleses de Burberry de toda la vida desde que en 1856 la fundara Thomas Burberry) – me corta la más bella de mis primas. –; lo que tienes que quitarte por inapropiado es el sombrero.
.- Perdona, otra vez – le digo segurísimo de mi elección -: queridísima, te has columpiado, si me permites la expresión: ¡ es un clásico: un panamá!
.- Pues eso, burro mío:  un panamá en estos tiempos es de lo más sospechoso.
 
Así que me ha cogido de la mano y con suave energía me ha metido en el shop center del club y me ha comprado un sombrero australiano. Un horror: parecía un especie de Cocodrilo Dundee. Luego, ya por la tarde me ha dicho que tampoco me ponga un “jersey”: bastará con una americana, me ha reconvenido. O sea, ni sombrero panamá, ni chaleco jersey.
 
Ya en el recorrido del Open de España hemos visto que, al menos, el swing es incorruptible, te delata al menor error y más en un campo donde los alcornoques, acebuches, pinos, buganvillas y toda clase de plantas se empeñan en poner su particular dificultad.
 
Si el swing fallaba un grado a babor el error se pagaba como si fueran noventa grados.
 
Margarita y yo  – ataviado con sombrero australiano, modelo Valderrama – nos hemos encontrado a primera hora de la mañana con un amigo, gran entrenador de profesionales de éxito, que nos ha manifestado su inquietud sobre la preparación del campo. Le parecía excesiva en velocidad de greenes, pero sobre todo en la desmesurada altura de rough alrededor del green.
 
.- Pueden verse resultados escandalosos, y no me extrañaría que el corte llegara al entorno del +10.
Poco, prácticamente nada, se ha equivocado este sabio del golf. El corte ha quedado en +9. Y es que, además de lo que ha dicho, los vientos racheados han puesto el nivel de golf en magnitudes de magia. Y estos chicos son deportistas, no malabaristas ni mucho menos el mago Houdini. Cerca de lo imposible.

Y si no veamos los datos:

Solo dos jugadores han jugado hoy por debajo del par: Mike Lorenzo-Vera y Peter Hanson;  sólo cuatro al par, y el resto – ¡135 profesionales! – sobre el par.
 
No les voy a dar los nombres, pero hay en sólo esta segunda ronda un +18 y dos +15. Y en total 23 jugadores con doble dígito de exceso en la jornada. Un escabechina, una sangría, el día de los golpes fallados. Sí, las condiciones han sido muy difíciles.
 
Y en esas condiciones, a base de paciencia, de volver a empezar casi en cada hoyo, tenemos líder a Pablo Larrazábal (-3), seguido por el inglés Andrew Johnston (-1) los únicos con resultado acumulado por debajo del par del campo. Otros tres españoles siguen en el Top 10: Alejandro Cañizares (Par), Pep Anglés (+1) y Jordi García Pinto (+2).
 
En días como este el golf tiene bastante de arte marcial. Y para el fin de semana quedan 69 samuráis para deshacer la conjura de los elementos. Son capaces.
 
Y yo mañana sin panamá y con chaqueta a cuadros: sin jersey.
 
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