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Cinco años después, Valderrama se muestra en plenitud de belleza, como la idealizada novia de la primera juventud: el tiempo sobre ella es un delicado tratamiento de perenne resplandor.
Cinco años después Valderrama aparece en toda su sobrecogedora exigencia, como esa asignatura de la carrera imposible de aprobar en junio, acaso por las días de esquí, de canciones y café en el rincón de siempre y con aquellos ojos que sabían contar y cantar… “Morning has broken” de Cat Stevens.
Y la mañana en Sotogrande ha roto en rayos limpios de sol, de gloriosa y quieta serenidad, sin vientos, como pedida de encargo por European Tour.
No será el clima el pretexto para los primeros abultados resultados: catorce jugadores han entregado tarjetas de +10 o superior y dos han abandonado el torneo. Eso es diezmar un expedición, pero la marcha continúa, sin tiempo para detenerse en los caídos.
Sobre el clima y la bonanza en el juego se ha pronunciado Alejandro Cañizares: “aquí es complicado no tener viento, hoy ha sido un día soñado. Si sopla el viento será un buen test, muy divertido”.
Y el “día soñado” para el madrileño le ha llevado a un resultado de -4, que le coloca provisionalmente 2º empatado en la pizarra del
Open de España. Acompañan al español en esta posición de privilegio el gales
Stuart Manley, y los ingleses
Andrew Johnston y
James Morrison.
Éste, defensor del título, definía así su estado de ánimo: “Cuando jugué aquí en 2010 y 2011 no estaba preparado mentalmente para este campo. Llevaba dos años en el circuito, era impaciente y me enfadaba con facilidad. Ahora estoy mejor preparado mentalmente para jugar este campo, acepto lo que me da y lo juego tal como es”. Luego, como decíamos nosotros ayer, ha proclamado él: “es un sitio precioso, casi parece el Augusta de Europa. Es lo más parecido a Augusta que he jugado hasta ahora”.
En el top 10 hay otros dos españoles, y qué alegría da escribirlo: Pablo Larrazábal (-3) y Jordi García Pinto (-2). Si tienen humildad y sensatez, si se olvidan un poco de lo hecho hoy y persisten en lo que toque en cada momento, puede ser su día.
De quien no ha sido la jornada deportivamente ideal es del anfitrión; Sergio García (+3) es un as y hay que felicitarle por el esfuerzo hecho para que su fundación se metiera en apoyar el Open de España 2016. Pero los hoyos de este campo de alcornoques y bermuda son espectaculares también a la hora de castigar a lo grande los errores en lo pequeño. El castellonense que salió por el hoyo 10, acabó -1 en sus primeros nueve. Pero en los segundos no hizo un solo birdie y sí cuatro bogeys. ¿Puede remontar? Por supuesto que sí.
De esa exigencia del recorrido ha dado buena cuenta otro líder que ha pinchado también
, Rafa Cabrera Bello: “ Me ha faltado conocer un poquito más el campo, saber cómo botaba la bola en los greenes. Han sido buenos tiros que han picado a la altura de la bandera pero han dado un primer bote bastante más largo de lo que me esperaba”. Cien por cien cierto. He sido testigo de algunos de estos golpes que equivocan. Por ejemplo en el hoyo 15, par 3 de 202 metros, su tiro perfecto tocó tierra a la altura de bandera y rodó hasta el final. Parecido en el hoyo 17, célebre par 5 de
Valderrama, con una green defendido frontalmente por agua.
El canario dio un segundo golpe que llegó al inicio de green y la bola acabó en el rough cerca de bandera: aquí sí sirvió su capacidad de recuperación: remató con un birdie de calidad. Por cierto, ¡qué alegría verle sonreír!
El que se habrá ido con una sonrisa de oreja a oreja es el jovial francés desgarbado, Alexander Levy: salió a jugar a las diez menos cinco, se puso en modo “alta competición” y sólo hizo dos bogeys frente a siete birdies. Al mediodía, en los alto de la pizarra figuraba su -5 que no desapareció ni cuando el sol dijo adiós al mar y se fugó tras la sierra. Nota excelente.
La misma nota excelente merece el público del jueves en el Real Club Valderrama Open de España- Fundación Sergio García: por el silencio alrededor de los tees y de los greenes se sabía que eran entendidos; por los aplausos supimos que eran educados y agradecidos, y por los murmullos y comentarios que eran aficionados de primer nivel gozando del Noble Deporte de Golf, practicado en la catedral del golf por primeras figuras.
Me quedan un “Excelente” que asignar. Uno grande a la Organización por haberse hecho cargo del peso de disponerlo todo para un torneo de European Tour en pocos días. Improvisar a la perfección sólo es posible cuando se dan dos condiciones, experiencia en planificar y entrega personal al objetivo. ¡Bravo! Sólo el trabajo de Comunicación que hoy he conocido de cerca es para Matrícula de Honor. Quienes hemos tratado de comunicar sabemos también su dificultad; como decía Cat Stevens en aquella canción: “It always ends up to one thing honey/ and I can’t think words to say”.
Que no nos falten mañana las palabra.