La magnitud de la Ryder Cup resalta cuando observamos que un deporte de ordinario individual se convierte en una pasión de equipo. Los doce deportistas de cada equipo pueden llevar más de veinte partidos en la temporada jugando solos. Cientos en su vida profesional y miles desde que cogieron el primer palo. Es la soledad del golfista.
Y sin embargo los veinticuatro tuvieron el mismo anhelo en su carrera: representar a Estados Unidos, representar a Europa en una Ryder Cup. “El sueño de cualquier golfista es estar aquí” declaraba hace dos días Brooks Koepka quien ya jugó en 2016. O por el lado europeo, Paul Casey declaraba “es un honor y un orgullo vestir de azul y amarillo”, los colores del equipo europeo.
Es un cambio muy importante para los jugadores. No sólo porque cada jugador se une a otros doce y se juega para un conjunto. “Sentía que había decepcionado al equipo, pero ya me han dicho que no vuelva a pensar así nunca más”; quien así se expresaba era Jon Rahm después de perder uno de los partidos. Pero él mismo contó que pudo rehacerse de más de una hora de frustración: “He hablado con Chema diez minutos, me ha contado alguna historia y me ha conseguido levantar el ánimo”.
Pero es que además de pasar de juego individual a tres días de asociación de familia continental, están los partidos de viernes y sábado que son de parejas. Y ahí comienza la historia de dos personas, dos modos, dos estrategias que tienen que hacerse una.
Y en este capítulo ha habido parejas para todos los gustos: perfectas, imperfectas, de conveniencia y de pena en ambos equipos. En mi familia también ha habido una pareja penosa: resulta que mi primo Gonzalo se ha ido a París para acompañar a tía Alicia. Han ido juntos de compras y han dejado una huella indeleble; si tengo tiempo se la contaré otro día.
En Le Golf National no han funcionado este sábado por la tarde dos parejas: una fue la de Sergio García/Alex Noren y la otra la de Ian Poulter/Rory McIlroy. En ninguno de los casos por mala voluntad, pero es como pasa en la vida, porque la vida imita al golf.
En el caso de la pareja hispano-sueca, la juventud de Noren no pudo dominar el sentido del daño infligido a su compañero después de un fallo madrugador. Sergio García intentaba hacer un poco de mentoring y consuelo hacia el sueco. Pero no carantoñas y suaves palabras del veterano que animasen al novato. Más bien el efecto casi fue el contrario y el español perdió algo de confianza sobre todo en los putts. En su descargo hay que decir que Webb Simpson que hacía pareja con Bubba Watson estuvo de maravilla, precisamente con el putt.
La otra pareja que no funcionó, la anglo-norirlandesa estuvo bastante bien coordinada en un aspecto: no les salía casi nada. Y tras la euforia de los dos primeros hoyos ganados, a la gaseosa se le fue el gas. Y además, la pareja americana, Justin Thomas y Jordan Spieth, que había dado una imagen patética por la mañana ganaron los hoyos 4, 5 , 6,8,11 y 13 y a otra cosa mariposa.
Pareja para llorar fue en el bando americano la de Tiger Woods y Bryson DeChambeau: Sobre todo el redivivo tigre parecía haber consumido toda la gasolina la semana pasada en el Tour Championship. No le salía nada al jugador negro. Y cada error, le ponía el rostro más triste y las manos menos firmes en el green.
Pero, ea, hablemos de cosas positivas. Después de todo, estamos en París (bueno, cerca de París) y el lema de los herederos de los antiguos parisii dice “Fluctuat, nec mergitur”, es batida por las olas pero se mantiene a flote.
¿Por qué digo esto? Pues porque hasta el jueves muchos, mirando estado de forma, posición en los rankings de los jugadores de uno y otro equipo y hasta la pinta de los jugadores no eran pocos los que daban por hundida a la escuadra europea. Pero tras el vapuleo del viernes por la tarde ( un parcial histórico de 4-0) y el de la mañana (3-1) Europa no flota, sino vuela.
Y del total acumulado antes de los individuales que es 10 a 6 favorable al Viejo Continente hay una pareja que ha emergido poderosa. Ha sido una pareja récord que han jugado juntos los cuatro partidos y han ganado los cuatro. De ellos un es un novato, Tommy Fleetwood, y la otra un veterano sereno y firme: Francesco Molinari. Han jugado coordinados y certeros; tranquilos y motivados. En el partido de la tarde no dejaron respirar a Woods y DeChambeau a los que ganaron 5&4.






