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GOLF EXPRESS

Miguel Ángel Jiménez exacto como un reloj en el Shot Clock Masters

Se pone entretenido esto del golf. Después de la experiencia en Saint Albans (Londres) con competiciones de 6 hoyos y no de 18, esta semana llega al Circuito Europeo la modalidad de golf cronometrado.

Hechosdehoy / José Ángel Domínguez Calatayud
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Se juega en Austria el Shot Clock Masters. Algo así como Torneo del Stress para Maestros. Porque, digo yo, que esto de poner al profesional bajo control de segundero en cada golpe debe provocar alguna reacción en el jugador.

Explico en que consiste este invento que se estrena en Atzenbrugg, cerca de Viena, paradójica localización, por cierto, justamente en la cuna del pausado vals.

El torneo es por golpes y dura cuatro días, comme d’habitude. Hay un corte el viernes con los 65 mejores y otro el sábado con los 60 mejor clasificados. Hasta ahí, nada que comentar: la posibilidad de no pasar el corte e irte casa siempre está ahí y no tiene que producir especiales ataques de ansiedad.

El asunto sube de pulsaciones cuando se establece que a cada partido – grupo de tres jugadores – le cosen un arbitro a la espalda, si me permiten la licencia costurera.

El arbitro se asegurará de que el jugador no tarda más de 40 segundos en ejecutar el golpe a contar desde que es su turno. Hay una excepción de 50 segundos para el jugador que es el primero en golpear, salvo en el tee de salida de los pares 4 y 5.

Si el jugador se excede de ese tiempo recibirá una penalidad de un golpe en el hoyo en que se haya excedido del tiempo.
Además del arbitro-garrapata, hay una pantalla en la que espectadores y jugador pueden observar la cuenta atrás: 40, 49, 48, 47, 46… 10, 9, 8, 7, 6… ¡Un horror!

Es como esos semáforos en los que el peatón, sin perder de vista la luz verde va atravesando la calzada mientras un impertérrito contador regresivo descuenta los segundos. Y uno ve que quedan todavía 10 metros. Mientras, un moto ruge por el oído derecho y el contador parece acelerar el final: 4, 3, 2, 1… Brrrrm, brrrrm, amenaza la vespa.

La versión anterior a la deshumanizada cuenta atrás aritmética, no sé si lo recuerdan, era un muñeco verde en la luz del semáforo que simulaba un sosegado andar hasta que, de repente, para alertar al peatón de que su tiempo se agotaba, el muñeco emprendía una veloz carrera. Por pura emulación el aterrado ciudadano corría para librarse de un atropello atroz. Brrrm, brrrm; chirrido de neumáticos,  olor a goma quemada y el peatón, salvado por los pelos, se agarraba a una farola bendiciendo a esa luz del día que estuvo a punto de ver quizás por última vez.

Tenía aquella imagen animada algo de comunicación sin entrañas. Quizás justificadamente por el número de accidentes de peatones: uno de cada tres en las ciudades, según estudios de Tráfico.

Pues algo parecido supone este invento que se une a otros para dar más agilidad al golf.

En el día del estreno, en el que no se aplicó ninguna penalidad por fuera de tiempo, el primero, tanto en velocidad como en resultado, fue un español, Miguel Ángel Jiménez. "Me siento muy bien, desde mi última ronda la semana pasada, estoy simplemente en el mismo estado de ánimo. Estoy haciendo buenos golpes, haciendo birdies y lo disfruté mucho", dijo el malagueño.

Ahí está el tío, español, 54 años con “dieta de aceite de oliva, jamón, un vinito y un puro” y planta sus reales en el Diamond Country Club. ¡Para que luego digan, que son los seniors los culpables del juego lento!

Al español no parece haberle producido estrés lo del arbitro reloj en mano, la pantalla y la cuenta atrás televisada. Que será un horror, pero que en algunos casos de lentitud crónica es una buena inyección de despabilamiento tanto para profesionales como amateurs.

Usted, amigo lector, amiga lectora juega a una diligente velocidad de crucero. Estupendo, pero seguro que conoce a otros estimados socios que parecen tener en la venas horchata donde debía circular sangre.

Gente que tarda en jugar lo que una ruptura sentimental en irse del corazón. Jugadores que se ponen y quitan el guante con la parsimonia de la Rita Hayworth de Gilda, pero mucho menos sexy. Sujetos que al pinchar el tee en la salida parecen estar haciendo sondeos para decidir si inician ahí mismo una prospección petrolífera. Jugadores que transportan el carrito de la bolsa con el esforzado ademán de un esclavo construyendo la pirámide de Keops; que hacen tantos swings de prueba que uno teme que se le salgan los brazos.

Golfistas hay, en fin, que una vez alcanzado el green media hora después de haber salido y antes de dar el golpecito con putter, giran visita turística sobre la verde hierba con la parsimonia de un topógrafo responsable de levantar un plano para una catedral.

¡Señor! que es golf, que no es un oposición a notarías, que en 50 segundos pueden darse una docena de buenos golpes. Veremos en que para todo esto.

Por de pronto, al final del segundo día del Shot Clock Masters que lidera Mikko Korhonen (-9), Miguel Ángel Jiménez (-7) tiene todas las opciones abiertas como las puertas de un reloj… de cuco.

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