Contemplar los paisajes que rodean Lago di Garda, es sumergirse en recuerdos de un verano templado. Es retener en el embalse de la memoria el surtidor de grandes momentos de descanso familiar: meriendas en la hierba, música italiana, la sonrisa de Margarita, la mirada furtiva de tía Alicia y el bullicio de tantos primos. Y los inquietantes perfiles de las estibaciones de los Alpes.
Habíamos ido allí de excursión desde la casa ducal de Ferrara. A nuestros padres los retenían negocios y política en Madrid y en Bilbao. Así que tía Alicia – que siempre tuvo cara de tía mayor – era nuestra guardiana en Garda y en Ferrara.
Pero, ¿quién puede vigilar 24 horas a los jóvenes? Non ho l’etá , cantábamos bajo un ambiente perfumado de vid, limonero, laurel, pino y palmera en la orilla Oeste del Lago di Garda. Siempre nos gusto tener un lago.
Ahora cerca de esa rivera se celebra el 75º Open de Italia de golf, en el Gardagolf Country Club que ya alojó el torneo en 1960, cuando en San Remo ganaba Romantica, interpretada por Tony Dallara.
Viendo por televisión sus recorridos, sus verdores en pinos, álamos y cipreses me transportaba a tiempos de risas y canzone italiana: Chitarra suona più piano/qualcuno può sentire/soltanto lei deve capire/lei sola deve sapere/che sto parlando d'amore.
Pura emoción, lo sé. Como ese latir, siempre impensado latir, de ver en esta hora de este día la bandera España en el primer puesto de la clasificación. Amarilla y gualda. El canario había hecho un recorrido excepcional en la primera jornada: 65 golpes (-6) con ocho birdies por sólo dos bogeys. En la segunda, la del viernes, saliendo desde el hoyo 10 le hizo un birdie a ese hoyo y otro más tres hoyos más tarde. En el quinto, que era el hoyo 14, hizo bogey. Eso pareció frenar a Rafa. Pero los volcanes no frenan, cogen impulso.
Y volcánico estaba el juego del español, pues tras siete pares seguidos hizo tres birdies antes de acabar la ronda. Y así puso el pabellón español en lo alto de la tabla. Un 10. Un 10 por estar ahí con un -10.
Cierto que Rafa Cabrera Bello había salido este viernes en turno de mañana y los líderes del día anterior lo harían por la tarde de esa llanura padana. Eran ya las cinco de la tarde cuando eché otro vistazo a la clasificación y la cumbre alpina ascendida por el español – y que compartía con Graeme McDowell – era todavía alcanzable para Thomas Pieters, Robert Rock, Francesco “Constanza” Molinari, un renacido Danny Willett y pocos más.
Pero, qué quieren, hoy deseábamos alegría y los jugadores españoles nos las estaban dando. No son alegrías de magnitud de patria, pero sabemos que la vida imita al golf: la vida es afirmación, es andar el camino, es no pensar en el error pasado, sino armar el swing del momento. La vida es un experiencia noble, o debería serlo.
Golf es un deporte noble, o debería serlo. No es mundo humano si no hay lealtad. Así es el golf: ahí no hay traiciones, ni puñaladas y componendas: es física pura y mente. La física y la mente se parten de risa si les hablas de componendas.
Sí, amigos, hervía la alegría al ver junto a Rafa Cabrera Bello allí arriba, a Jorge Campillo – cumplía 32 años – que terminaba la jornada totalizando -6. El mismo resultado sumó – otra alegría – Gonzalo Fernández Castaño, que subía más 60 puestos. Adrián Otaegui (-5), por su parte, también salvó el corte con Nacho Elvira (-4) y Miguel Ángel Jiménez (-4).
Al final de la jornada del viernes ha habido dos deliciosas sorpresas de las que, si se consolidan será un honor escribir en los próximos días. Me refiero a la espectacular reaparición de dos campeones casi desaparecidos de las pizarras: Martin Kaymer y Danny Willett.
El alemán con una tarjeta de 63 golpes se encaramó este viernes al primer puesto con un total de -11. Y el inglés sumido en la desolación de un largo ayuno de resultados, hizo el jueves 65 golpes y 67 este viernes para empatar en segunda posición. Un dato: desde que ganara Augusta en 2016 no levanta cabeza y en esta temporada solamente una vez ha tenido la oportunidad de completar los cuatro días de un torneo; fue en marzo el Tshwane Open.
Pienso que es bueno a veces que otros vengan y nos despierten. Con estos mimbres tendremos un fin de semana para gente luchadora en el Italian Open. La Historia no la escriben los cobardes. Por tanto coraje, cabeza y corazón en el golf y en España.
Vuelvo a la orilla de Lago di Garda para cantar con Bobby Solo algo que enjugue el pesimismo y de sentido a renovados proyectos: “Da una lacrima sul viso/ho capito molte cose/dopo tanti tanti mesi/ora so cosa sono per te”.






