fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo
“Lo molón es meter el putt, eso es lo que os debe importar y no el marcador; dejad que os admiren por vuestro resultado y no por las cosas que lleváis”. Esa fue la respuesta de José María Olazábal a un chaval sorprendido de que el de Fuenterrabía usase en el green de marcador de bola una moneda de cinco céntimos: “Ah, creímos que llevarías uno más molón como algunos jugadores”, le había soltado el joven jugador.
En el golf la adaptación de uno mismo a las circunstancias es primordial, como lo es tener claras la prioridades; el principio de que lo importante no es el marcador sino que la bola acabe en el hoyo, tiene aplicación en otras muchas facetas el juego. Por ejemplo, al tirar a green, lo importante es que la bola termine razonablemente cerca de la bandera, pero sin asumir riesgos que tienen toda la pinta de que acabarán en desastre, como cuando nos empeñamos en dejarla pegadita al hoyo sobrevolando a un lago, cuando sin ser espectacular puede asegurarse un éxito por el otro costado.
Existe en nuestro interior un reloj averiado que nos canta como un cuco averiado músicas celestiales, bien para inflar el ego, bien para obligarnos a acomodar nuestra conducta a lo que otros quieren de nosotros. Pasa en el golf. Pasa en la vida. Es una limitación de la libertad interior, que nos aparta de lo que vemos que es bueno y nos constriñe para hacer lo que sólo es exigencia – expresa, tácita o inventada por nuestra imaginación- de otra persona.
Una amiga del alma – te llevo, querida, en el corazón todos estos días – compartía en su muro de Facebook una cita extensa de
Viktor Frankl (1905-1997) sobre un asunto de similar esencia. Padre de la Logopedia, y superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Dachau, este psiquiatra y neurólogo ha dejado páginas conmovedoras sobre el camino para salir adelante y dar sentido a la vida humana.
El párrafo que leí en la red es ciertamente inspirador para desenvolvernos con soltura en el golf, en el trabajo o en los variados nescenarios en que vivimos. No cabe aquí todo él, pero déjenme que les copie este fragmento:
“No eres Tú, soy Yo…
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?…¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?…
Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes?, no necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros”.
Perdón por la longitud de la cita, pero creo que merece la pena si usted y yo dejamos de llorar por la leche derramada y tomamos el control de nuestra actitud interior.
La bola del golf no tiene la culpa, ni la lentitud del partido que nos precede, ni lo alto que han dejado el rough, o la lluvia o la sequía, o cualquier otra cosa fuera de nuestra mente. En nuestra mente anida la fuerza de toda victoria: ahí late todo valor.
La frase de Chema que encabeza este texto la dijo el vasco el viernes durante la jornada de entrenamiento que él, Miguel Ángel Jiménez y Nacho Garrido han compartido con los finalistas del Lacoste Promesas en La Sella Golf Club, Denia (Alicante).
Termino con otra sentencia del que fuera capitán del Equipo Europeo de la Ryder Cup: “se fallan más putts cuando no se tiran con valentía. Siempre hay que ser valiente, no sólo en golf sino en cualquier situación de la vida”.